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Paco Ibáñez: La poesía en la boca

Paco Ibáñez interpretó con música a los grandes poetas de la lengua castellana. Lee poesía, trabaja como ebanista y desprecia los premios. Este miércoles en Córdoba.

13 de septiembre de 2010 a las 06:14 p. m.
Paco Ibáñez: La poesía en la boca




A Paco Ibáñez 
le alcanza y sobra pararse en los escenarios sólo con su guitarra y sus palabras.

"Córdoba. Lejana y sola. Jaca negra, luna grande y aceitunas en mi alforja. Aunque sepa los caminos, yo nunca llegaré a Córdoba", canturrea Paco Ibáñez con la misma voz, leve y destemplada, que mantendrá durante toda la charla. Aunque la Córdoba aludida sea la andaluza, los versos de Federico García Lorca le sirven al cantor para saludar y presentir lo que será su regreso a "la otra Córdoba". Mañana a las 21.30, el hombre que interpretó con música a los poetas más importantes de la lengua castellana, desde Góngora y Quevedo hasta Alberti y Gil de Biedma, se presentará en el Teatro del Libertador. A los 75 años, Ibáñez tiene los cabellos blancos y despeinados y poco interés por disimular la barriga feliz y la sonrisa inocente. De entrada aclara que no le pone música a los poemas, sino que, por el contrario, intenta sacar la que ya tienen dentro. "Lo mío no es componer sino acertar. Se trata de meterse dentro del poema y no salir hasta que la música no aparezca", explica.Cuenta que nació en Valencia, que pasó su infancia en Barcelona, que tras la Guerra Civil su familia se exilió en Francia y que mientras su padre anarquista estaba detenido en un campo de trabajo para republicanos españoles, durante la ocupación alemana vivió en el País Vasco, en un caserón familiar de ámbito rural. "No sé por dónde entró la poesía a mi vida –dice–. Tal vez por mi sensibilidad, mi manera de ver el mundo, de distinguir si alguien actúa de una manera salvaje o con gracia, o de considerar un árbol como una escultura. De niño pude escuchar a los bertsolaris –payadores–, que me maravillaban; varias veces al año se encontraban en la plaza del pueblo y ese talento de inventar improvisando, me movilizaba. Sí, creo que la maravilla comenzó con eso, allí estaba la poesía". Recuerda que de su padre heredó el oficio de ebanista, que todavía hoy practica en su propio taller. "La madera tiene mucho que ver con la poesía –reflexiona–. Un pedazo de leño es solamente materia, hasta que la trabajas, le das una forma y cobra vida, adquiere una función. Esa metamorfosis se parece a la que la poesía cumple sobre la palabra". Después llegarían los grandes poetas, "Los que buscan la palabra que te emociona profundamente", define. "Góngora te presenta a Quevedo que te presenta a Lorca, León Felipe, Machado. Aparece un Vallejo que te conduce a Neruda, de pronto descubres a González Tuñón y Gelman y antes de llegar aquí lees a un poeta haitiano, René Depestres. Es una reacción en cadena que te permite estar en contacto con el universo. Y con la humanidad".Para sus recitales le es suficiente una guitarra. Con ella despliega poesías que los años y los discos hicieron inseparables de su voz. A galopar , de Rafael Alberti; La poesía es un arma cargada de futuro , de Gabriel Celaya; Andaluces de Jaén , de Miguel Hernández; Ya no hay locos , de León Felipe, y Palabras para Julia , poema de José Goytisolo que todo padre hubiese querido escribir, son algunos de esos hitos sin tiempo. "No sé de qué manera acomodar las canciones en mis recitales –confiesa–. Hay un armazón, pero después se empujan entre sí, se cuelan. Tengo un gran lío con eso y nunca sé cómo terminaré un recital. Las tres o cuatro primeras son siempre las mismas; ahora comienzo con Coplas por la muerte de su padre . Antes era Mi niño se fue a la mar , y durante mucho tiempo fue Déjame en paz amor tirano . Se trata de ir creando un ritmo emocional, pero no lo sabría explicar, es algo instintivo. Después es el público el que empieza a escoger, y yo mismo, que pensaba cantar una, canto otra". En esta gira, Ibáñez ya actuó en Buenos Aires y en Montevideo y no sale del asombro por la generosidad del público. "Por eso América latina es un continente emergente de verdad –asegura–. En Europa la gente está muy planchada y almidonada, sin energía. Así como el Norte es un suplicio para el mundo entero, creo que la salvación de la humanidad podría estar aquí". El español recuerda también que desde la Argentina se reabrió recientemente la causa que investiga los crímenes de lesa humanidad de la dictadura franquista, que en España le había costado la destitución al juez Baltasar Garzón. "Eso es un notición –levanta la voz por primera vez–. Argentina salvará a España de la vergüenza que estamos viviendo por tapar los muertos de la Guerra Civil y a los generales traidores. La cosa más asfixiante que hay para una sociedad o sus individuos es la impunidad. No se trata de vengarse, tampoco de perdonar. ¡Que haya justicia, hombre; que se sepa quiénes fueron los criminales! Si pienso que hasta hace poco estabais hundidos vosotros también. Os estáis sacando de encima esa impunidad y esa injusticia, y eso no es poco. Entre otros reconocimientos, Ibáñez despreció en dos oportunidades la Orden de las Letras y las Artes de Francia. "¿Los premios? En Montevideo fui a comer unos bifes con Daniel Viglietti y nos pusimos a cantar toda la tarde. ¿Quieres más premio que ese?". También pone el ejemplo de su abuelo, condecorado después de las Guerras Carlistas. "Le pusieron una boina roja con dos estrellas y lo mandaron a su casa como 'teniente honorario'. Entonces se creía el Mariscal Pétain y cuando se enojaba nos hacía formar y saludar. Yo nunca lo hice, aunque me mandara a la cama sin cenar. Si un ministro de cultura me da un premio, quiere demostrar lo que no es. Un premio es un montaje que no corresponde a la verdad, basta ver la cara que ponen los que lo reciben.