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"No tomaría un café con mi personaje"

Sergio Olguín ganó el Premio Tusquets con "Oscura monótona sangre", la historia de un señor rico, trastornado por un deseo brutal y dispuesto a todo.

24 de abril de 2010 a las 01:02 p. m.
Demian Orosz
"No tomaría un café con mi personaje"
FORMACIÓN. "El periodismo te da armas para escribir un relato de ficción seco, concreto, sin que se vaya por las ramas".

Un giro en una calle puede ser un túnel hacia un mundo prohibido. Más duro. Con otras reglas. Un mundo del que no se sale sin violencia, sin miedo, y al que sin embargo se quiere volver porque al volantazo lo decidieron las manos secretas de un deseo hasta entonces desconocido. Así son las cosas en Oscura monótona sangre, la novela con la que el argentino Sergio Olguín ganó el último Premio Tusquets. Andrada, la criatura literaria con la que Olguín no se tomaría ni un café, es un empresario que saltó del barrio a una existencia de ropa limpia y negocios sucios. Tiene una vida ordenada. Duerme tranquilo. Hasta que un día se desvía de la ruta habitual entre su casa y el trabajo y conoce a Daiana, una piba de 15 que hace la calle y consume paco. Hay sexo rápido por poca plata. Otra noche Andrada regresa. Vuelve a pagar poco, se alivia rápido mientras ve volar bolsas de plástico. Lo que sigue, a un ritmo vertiginoso, es un crimen, una huida. Ya no volverá a dormir tranquilo.–¿Te pasó algo que disparara la historia? –Sabía que quería narrar cómo una persona de clase media acomodada se escapaba de un barrio popular mientras lo perseguía una turba por un delito que no cometió. Ese episodio, que está en la primera de las cinco partes de la novela, disparó todo el resto. –Es muy fuerte el tema de la ciudad, de la violencia (latente, y también completamente efectiva), la miseria, los contrastes entre zonas. ¿Ese retrato urbano es algo que se te impuso como tema?–Me interesaba escribir una historia que fuera a contrapelo de todo lo que se dice sobre la inseguridad y la violencia social en los medios. Esa criminalización de la pobreza a la que son tan adictos muchos periodistas, casi todos los taxistas y gran parte de la clase media biempensante. Necesariamente la historia debía ir y venir de Barrio Norte a la Villa 21, con ese paisaje urbano lleno de contradicciones y de atractivos. –Andrada podría ajustarse bien a una frase famosa de Bertold Brecht: No hay nada más peligroso que un burgués asustado...–Y nada peor que la burguesía asustada. Andrada no hace más que lo que muchos quieren: acumula dinero y ofrece una "solución final" a la cuestión de los cartoneros. Si bien como individuo lo suyo es una respuesta a su paranoia creciente y a las presiones de la realidad, en tanto vecino respetable no es más que la puesta en práctica de lo que esos vecinos hablan en una reunión de consorcio o escriben en los comments de cualquier diario.–¿Qué tipo de emoción te produce el protagonista? –Tengo una relación poco amistosa con Andrada. No iría a tomar un café con él, pero traté de que ese sentimiento no se notara en la novela. Como un médico que tiene que salvar la vida de un mafioso, nuestro vínculo es puramente profesional. Yo contaba su historia y él se iba de mi vida al terminar la novela. No me interesa saber nada más de él. –Andrada, como escribís en un pasaje, detesta ser evidente, y tiene un enorme complejo con cualquier tipo de señal que delate su origen. Al mismo tiempo necesita poner en evidencia los signos de respetabilidad y de ascenso social. ¿Te interesaba trabajar esa tensión?–Me interesaba que Andrada fuera un personaje complejo, aunque eso me llevara a crear un personaje contradictorio. Quería que la novela tuviera una tensión permanente y en ese sentido, Andrada era el personaje que me permitía mantener ese clima tenso a partir de sus contradicciones y también gracias a sus decisiones.–¿Deliberadamente evitaste hacer evaluaciones morales sobre el personaje? ¿Por qué? –Porque cuando se empieza a hacer evaluaciones morales, la novela pierde. Se convierte en panfleto, en texto moralizante. Pierde la elasticidad que permite un espíritu ambiguo para convertirse en una piedra de prejuicios morales difícil de digerir. Prefiero resultar irritante a establecer un pacto entre el autor y el lector en contra del personaje. Era fácil pegarle a un tipo como Andrada, pero evité por todos los medios  hacer juicios morales políticamente correctos para que el lector y yo nos fuéramos a dormir tranquilos.–¿Podrías establecer vínculos entre la historia de "Oscura monótona sangre" y tu trabajo como periodista, el hecho de pasar muchas horas en una redacción y, eventualmente, estar sobre expuesto a noticias o "crónicas rojas"? –Yo creo que el periodismo siempre influye en mi forma de narrar y eso me gusta. Me parece que el periodismo te da armas para escribir un relato de ficción seco, concreto, sin que se vaya por las ramas, concentrándote sólo en lo esencial. Pero mi saturación de noticias vinculadas con crímenes y delitos no tiene que ver tanto con ser periodista como con ser televidente, radioyente y lector de diarios. Me molesta esa insistencia en el delito, esa mirada que equipara delito con pobreza, ese regodeo en la muerte, el abuso sexual o cualquier otra forma de crimen.Policial, pero al revés–Apenas ganaste el premio, bromeaste diciendo que la novela quería ser un plagio absoluto de George Simenon y la describiste como "un relato policial al revés". ¿A qué te referías con esa descripción? –Bueno, creo que es un relato policial al revés porque se conoce en seguida al autor del delito o de los delitos, pero lo que no sabemos hasta el final es qué otro crimen va a cometer. Soy un gran admirador y lector apasionado de los libros de Simenon. Aprendí mucho leyéndolo e intenté tomar de él su forma de construir el personaje sin hacer juicios morales, su mirada existencialista (en su caso, anterior al existencialismo), sus cambios de ritmo a la hora de narrar. –Varios escritores de talla han reconocido sus dificultades para escribir escenas de sexo. Martin Amis dice que son, por lejos, las que más le cuestan. ¿A vos te resultaron particularmente difíciles? –Me encanta escribir escenas de sexo. La literatura argentina ha sido siempre tan pacata, que hay mucho por hacer en ese terreno. No me cuesta escribir esas escenas. Al menos, no me cuestan más que la descripción de un crimen o la de un partido de fútbol. Y me permite mostrar a mis personajes desde un ángulo distinto y más completo.El libroOSCURA MONÓTONA SANGRESergio OlguínEditorial TusquetsPrecio: $ 44.Sinopsis: Andrada, un rico empresario, busca sexo en un barrio humilde y conoce a Daiana, una adolescente que le provocará un deseo incontenible. Sin querer, mata a un chico, y a partir de ahí deberá programar cada uno de sus pasos en un mundo desconocido.