Miradas opuestas sobre "Tron, el legado"
Dos periodistas enfrentan opiones acerca de la nueva película.
Futuro paraleloPor Carlos SchillingCada vez es más difícil que una película anticipe el futuro. El tiempo va tan rápido que toda novedad se vuelve antigüedad de un día para el otro. Desde Matrix a la fecha, las visiones tienden a ser apocalípticas o retrofuturistas. Tron, el legado, en cambio, no renuncia a la ambición de mostrar un mundo distinto al mundo real.No es que esa pretensión baste para convertirla en una buena película, pero es un punto que debe agregarse a la suma total de la superproducción de Disney. La idea de mostrar la vida interior de un videogame, retomada de la Tron original, sigue siendo tremendamente poderosa 30 años después. Y lo mejor de todo es que se trata de una idea estética, la visión de un universo paralelo. Si el cine a escala industrial no se permite este tipo de visiones, ¿quién se lo va a permitir?No se puede negar que el desarrollo del argumento es básico (un hijo que busca al padre) y le debe demasiado al manual de buenas costumbres de Disney para resultar verídico. Pero arriba y abajo de esa historia, se despliega una fantasía visual comparable por momentos a un sueño y por momentos a una pesadilla. El contraste entre la luminosa geometría de la Grid y la fauna de personajes, vehículos y objetos exóticos genera una belleza singular en la que la maravilla se combina con la tensión dramática y se potencia mutuamente.Tron, el legado es también una reflexión sobre las conflictivas relaciones entre la humanidad y los avances tecnológicos. En la filosofía de la Grid ser un usuario (user) implica ser un perdedor (loser). Puede parece elemental pero remite a la tradición más profunda de la ciencia ficción: la que pone a los hombres ante el espejo de su propio fin.Game overJuliana RodríguezDespués de la enorme campaña con la que Disney anticipó Tron, el legado, uno llega al cine con, al menos, tres expectativas: que sea una película de gran despliegue visual, que sea una historia con altas dosis de adrenalina, que iguale o supere a su predecesor, aquel filme de la década de 1980 que aunque no tenía la intención, terminó siendo de culto. Pero, error (error con sonido a chicharra de respuesta incorrecta de programa de juegos, que suena tres veces).Porque la secuela de Tron comienza con un alto impacto de imágenes digitalizadas que de a poco terminan abrumando la retina, con sus geometrías frías y minimalistas. La idea de "trasladar al espectador adentro de un videojuego" va demasiado lejos, tanto en su estética de videogame de la prehistoria de Atari, como en su estructura narrativa que convierte las escenas del filme en sucesivos niveles de Playstation.La adrenalina de la historia tampoco se sostiene, ni en la trama que quiere contar una rebelión computarizada ni en la acción que se vuelve esquemática y repetitiva. Hay una luz entre tantas pálidas (bah, hay varias luces en los trajes brillantes de los personajes, tantas que hacia el final uno ruega que se apaguen), y está en tener a Jeff Bridges ahí, como en la original, ahora vestido como un Maestro Amor cibernético.En esta ola de secuelas y remakes de películas y series de la década de 1980, hay algunos aciertos, como Meteoro, que logran adaptarse, pero no es este el caso. A la salida de la función de Tron, el legado, quedan tres deseos: ojalá a ningún director se le ocurra retomar y retocar Blade Runner, ojalá diseñen anteojos 3D más livianos, y ojalá uno pudiera ir al cine sin expectativas.

