Minino Garay, el groove melancólico
El percusionista cordobés dio otra muestra más de su inmensa generosidad. Al Libertador le faltó gente pero le sobraron invitados. Crónica y fotos.
Volver. Ese es el verbo que más usa el percusionista cordobés Minino Garay, que el miércoles a la noche ofreció un concierto de aliento melancólico ante un Libertador con escasa concurrencia. "Siempre estoy pensando en que voy a volver", dice en una de sus canciones emblemáticas (Los muchachos de mi barrio) este artista autoexiliado en Francia hace más de dos décadas.
Y Minino es consecuente con lo que expresa. Siempre vuelve, siempre está en la búsqueda de realzar las músicas que lo formatearon. Su rutina dice que se codea con la realeza del jazz global o de la world music más exótica, pero siempre se las ingenia para volver una vez al año. No sólo eso. A Garay no se les caen los anillos por compartir situaciones con viejos amigos de escena, ni por reivindicar al cuarteto característico, al que está atado por cuestiones familiares. Y así puede afrontar paradas como la del miércoles, con una banda diseñada por correo electrónico, entre giras. Una banda de músicos de acá con inspiración y talento suficientes como para empardar su estándar habitual y sentirse a sus anchas con la batería dispuesta al frente de todo.
No obstante este logro de Minino y sus músicos, el de homologarse a una banda de jazz latino primermundista, el concierto de antenoche será recordado porque en él se recuperó la trova cordobesa de los años de 1980. En esta ocasión, Garay optó por recordarnos que hubo una canción de inspiración urbana que hablaba de la Córdoba circundante, una trova que él mismo alentó desde parches, y eligió por corporizar a Posdata.
Lo hizo animando un mini set con Horacio Sosa y Pancho Alvarellos, que tuvo un exultante Córdoba va, un poema de Benedetti musicalizado por Sosa (que nunca pudo editarse, por presión de Alberto Favero, según contó Minino) y una versión casi tunga tunga de En la peatonal, con saludo incluido a Francisco Heredia, su autor. En ese pasaje, además, Sosa expresó algo sintomático: "Gracias Minino por tu empuje y entusiasmo. No sólo porque nos permite revisar qué importante fue lo que hicimos, sino porque nos alentás a seguir". La generosidad del anfitrión ya se había manifestado un tiempito antes, cuando Flaco Pailos subió a cantar Que lo parió. "Más que una invitación de Minino, esto fue un capricho mío", confesó el humorista.
Tanta buena onda puede pagarse en desajustes, claro, pero el histrionismo de Minino logra fortalecer un contrato de informalidad que el público firma con los ojos cerrados. Además, cuando la banda engancha, noquea. Tales fueron los casos del estreno Memoria colectiva (un sinuoso instrumental del pianista Lalo Zanelli que estará en el próximo disco de Los Tambores del Sur), de la cuasi copla Tierra cuna (cantada por Zurdo Castagno, que también rockea o funkea con una telecaster) y de un delirio de compases irregulares titulado Flor de esguince. El chiste es ése, que es tan complicado de bailar, que quien se atreve... chau tobillo. El tema tiene al vocablo "culpado" en la letra de Diego Bravo, de La Banda Inestable. Si no es la primera vez que se enuncia en nuestro máximo coliseo, pega en el palo.

