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Militante del mestizaje

Sargento García llega con su mezcla franco-hispana de cumbia, reggae, hip hop y salsa. Y explica de qué se trata el “salsamuffin”. Mirá videos.

01 de junio de 2010 a las 07:00 p. m.
Militante del mestizaje
MIXTURAS. Transculturación bien entendida. Sargento García trae su “salsamuffin” a Córdoba.

Casos para una antología de europeos fascinados por la cultura latinoamericana y sus expresiones musicales sobran: Manu Chao y su punk ska recargado con referencias "sudacas"; Amparanoia, su mejor alumna; las cumbias psicodélicas y freaks del holandés Dick el Demasiado y el rescate del cancionero revolucionario de los también franceses mestizos Zebda, por nombrar algunos, son casos que dan cabal cuenta del influjo que los ritmos del norte de nuestro subcontinente ejercen lejos, del otro lado del océano. Y desde hace más de tres lustros, a ese equipo hay que sumarle a Sargento García, el nombre de fantasía que el franco-hispano Bruno García adoptó para estudiar y mezclar salsa, reggae, dancehall, raggamuffin y cumbia, y mostrar los resultados bajo el paraguas híbrido que bautizó como "salsamuffin", una verdadera descarga de energía musical orientada directamente a mover el cuerpo, empezando por los pies. Algo de eso podrá verse, seguramente, este jueves en Casa Babylon, cuando este soundsystem obnubilado por lo latino se apodere de la escena.Antes, García buscará palabras para delimitar aunque sea a groso modo los bordes del kiwi musical que propone. "Es una pasarela entre los diferentes géneros de la música afrocaribeña. Hablamos de buscar en las fuentes la cumbia o la salsa, y sumar el elemento indígena para obtener un cóctel sumamente bailable. Es muy orgánica, se puede tocar con máquinas o no, pero es muy sensible y sobre todo se puede disfrutar en movimiento. En la cultura popular, la música no es tan intelectual: es para bailar. No hay que pensarla tanto, hay que sentirla y ya" desafía en un castellano perfectamente latino que incluye los términos "chévere" y "boludo". "Se me pegan palabras de todos lados", dirá para justificar los giros idiomáticos que bien podrían sonar a impostura.Le gusta colombianaEn rigor de verdad, al mimetismo de García con el continente hay que buscarlo en Colombia, país en el que ha vivido largos períodos de tiempo, investigando en la cumbia y en ritmos afrocaribeños. Claro que hablar del país cafetero sin hacer referencias a lo extra musical parece imposible."Colombia es un país muy diverso y hay resistencia no sólo cultural sino política. Es un lugar difícil, con guerras, corrupción política y narcotráfico...en ese contexto creo que el arte es una forma de llevar nuevas propuestas y por qué no, de resistir. Me atrae la energía de la gente, la calidad de los músicos, su talento, la diversidad". –¿Cuándo empezaste a interesarte por su música?–Hace más de 15 años y en Europa. Para mí Latinoamérica siempre había estado envuelta en misterio y me resultaba sumamente atractiva la idea de venir.–Pero venías de tocar punk...–Es cierto. Eran los '80 y esa era la energía que hacía falta en esos años, había creatividad y rebeldía. Luego fui abriendo mi mente a otras corrientes musicales y sobre todo a preocuparme por no ser esclavo de una tribu. Para mí la música no tiene fronteras estilísticas, todo es una cuestión de marketing. Si ves a los Clas, ellos pusieron reggae en el rock. Esa idea de que las músicas viajan y los géneros se mezclan es lo que rescato como mi propia filosofía artística, y desde ahí se puede entender cómo cambió mi visión sobre la música.–¿Y cómo percibiste entonces la música latina?–Como de una energía comparable a la del rock, de increíble creatividad y sobre todo con una historia que hay que respetar. Ok, el rock tiene 60 años. Pero si exploras sonidos tradicionales que descienden de lo afro y de lo indígena, dialogas con una tradición musical de mestizaje natural. Todo influye para que sea lo que es: la esclavitud, la trata de los negros, la represión indígena, las luchas civiles...–De todos modos, el mundo no es igual que en 1980.–El mundo hoy es más pequeño, las grandes ciudades de Europa creyeron marginar a esos grupos que vienen de otros países y otras culturas, pero lo que está sucediendo en realidad es una nueva colonización en las urbes, una nueva transculturación. Cuando los inmigrantes se mueven, lo hacen llevando consigo los elementos de su cultura, sus propias referencias.–La pregunta sobre quién termina colonizando a quién...–Exactamente. Es un viaje de ida y vuelta, desde siempre. por ejemplo, el acordeón llegó de Europa, aquí lo modificaron los latinoamericanos usándolo para sus propias músicas, y nos lo mandaron pa\'trás de nuevo. Yo escuché eso allá, volví a retomar ese sonido, a transformarlo y lo traigo de regreso a Latinoamérica, vuelto otro. Ese proceso es fascinante y es lo que me ha atraído durante los últimos 15 años. Lo interesante es que se reconozca toda la cultura indígena aquí también. Hay indicios como Evo Morales, por ejemplo, de cosas nuevas en Latinoamérica. Es solamente el principio.