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Más allá de la repulsión

Lucas Moreno explora los límites del asco y la aberración en "Retorcido"

21 de mayo de 2010 a las 05:03 p. m.
Más allá de la repulsión
Lucas Moreno

En el último cuento de este libro el autor se ríe de sí mismo y de las posibles interpretaciones que pueda despertar su opera prima: en una última mueca de ligera violencia, propone cancelar cualquier lectura bajo un manto de humor que no alcanza a cubrir los pies de un cadáver demasiado putrefacto. Y lo que muere en Retorcido es cualquier intento de belleza, cualquier intento de alguna especie de tranquilidad, cualquier intento, también, de pasarla bien.Es casi obvio: no es un libro para pasarla bien. Sí para regodearse en cierto asco por la degradación de algo que no queda muy claro si es la propia exploración nihilista, las estructuras familiares, las ideas de buen gusto, o todo eso junto, mezclado en una licuadora poco potente, de esas que dejan a la vista los pedazos de lo que licúan. La idea detrás del libro parece ser la posibilidad de ir siempre un poco más allá de los límites en la tarea de describir la infamia, la decadencia y la violencia sexual y familiar, a partir de un uso irónico y bastante ingenuo del lenguaje psiquiátrico y del discurso crítico académico. Moreno también recurre a cierta tradición de cine clase Z, televisión basura y periodismo de escándalo, intenta una conversación sarcástica con Rayuela, de Julio Cortázar, y juega a dejar signos de continuidad entre los cuentos, con estrategias de autorreferencia que llegan hasta el recurso –un poco gracioso pero concientemente poco novedoso– de una mise en abyme final que provoca la sensación de que nada, en definitiva, deja de ser un juego. Acaso a propósito, el autor se encarga de provocar también la sensación de que ese juego es un tanto estúpido: su búsqueda parece ser siempre, siempre, la de algo opuesto a una decencia de dudosa actualidad, por lo menos en lo que a experimentación literaria se refiere, y por lo tanto ese grito de disidencia puede quedar, a veces, expuesto en la desnudez de un alarido infantil, un capricho sucio pero inofensivo e innecesario. Una psicosis demasiado impostada.