Luis Miguel en Córdoba: el Orfeo deliró con el Rey Sol
Miles de globos rojos, euforia y repertorio a medida de lo esperado, en una noche que las fans esperan desde hace dos años. 10 mil personas lo vieron en el Orfeo y otras tantas tendrán ya tienen sus entradas para el show del miércoles.
Amor inexplicable, incondicional, una avalancha de ofrendas en gritos, lágrimas, aplausos y silencio. Luis Miguel cosecha su siembra cada vez que canta en Córdoba y en la noche del martes se llevó la medida que corresponde a una espera de dos años. Sus fanáticas organizadas convocaron a tapizar el Orfeo de ropas rojas y repartieron cinco mil globos rojos en las tribunas. El mismo aire compartido en un envase efímero y exagerado, la escenografía de un instante que la idolatría convertirá en otro capítulo para su leyenda en permanente construcción. El mejicano sabe cuidar a sus legiones y para la estadía de dos noches (hoy se despide) trajo todo lo esperado: más éxitos que novedades, estampa formidable para desmentir rumores de enfermedad, la sonrisa instantánea ante cada mínimo contacto con el público, una hora y media de entrega sin desbordes, el oficio cada vez más logrado.Te propongo esta noche inició el viaje, con el aullido fogoso del Orfeo a pleno. Los auditorios cerrados le sientan mejor al tono de intimidad virtuosa que está imprimiéndole a su nueva gira y la inclusión de un tema de Frank Sinatra –Come fly with me– lleva agua para ese molino. Se afloja un poco la corbata, al estilo Michael Bubblé, no intenta bailar y tampoco lo consigue. Luis Miguel no necesita conquistar territorios, al menos no en escena. Sí ensaya en cambio una alternativa para decir. En el tramo de boleros y clásicos, el mejicano propone su versión del tango Volver. No cede la gestualidad codificada, las marcas por donde hace circular su voz majestuosa, y recupera para su causa un texto clásico que no le pone demasiada resistencia.Cuestión de gustos o de éxitos de ventas, los boleros serán para siempre un punto de inflexión en su carrera y vuelve a ellos con la prolijidad de los agradecidos. La barca, Tres palabras, en la escala retro del concierto, justo antes de un enganchado de hits: Entrégate, La incondicional, O tú o ninguna, Te necesito. Un despliegue monumental de pantallas de leds, iluminación escenográfica y proyecciones para maginificar su presencia. La orquesta de 14 músicos, sus dos coristas en tercer plano y los permisos que se da para imponer manos a la primera fila de mujeres en éxtasis, completan la fórmula que repite sin fisuras en cada escala. Como si de un ritual se tratara, poco más que el repertorio y algunos matices en la interpretación y las versiones de los clásicos es lo que ha variado en la rutina de sus últimos shows en la ciudad. Uno de sus talentos está en detectar lo que esperan de él y entregarlo en la mejor de sus formas. Luismi lo hizo otra vez y hoy va por más. Ellas, las de siempre, las incondicionales, ya están formando fila en la puerta del Orfeo.Chicas de rojo para el rey"Gracias por este privilegio de regresar a estas tierras", dice Luis Miguel, después de tres canciones y las primeras avalanchas de gritos y flashes. Y sigue hablando un rato más, pero es imposible escucharlo. Los decibeles en pista y tribunas superan por mucho el volumen de cualquier micrófono y la euforia le gana al interés de recibir el mensaje. El ídolo se ha manifestado, lo demás son apenas datos. Verlo parece ser suficiente para ellas y durante gran parte del show resignarán butacas para balancearse al compás de las canciones. Brazos en alto, globos y celulares en alto, todo lo que se pueda hacer para acercar más el cuerpo al centro de ese universo que se fabrican a medida del show. Las hay de todos los tamaños, edades y orígenes. Las fans llegan de generaciones varias y se saben las canciones desde el primero al último disco. Cuando el concierto llega al tramo más retro, ese en el que hay permiso para desbordarse al grito de ¡Decídete!, cuando se sintonicen los 30 años que pasaron desde que su cara de ojos verdes empezó a aparecer en las tapas de los discos más vendidos de la historia de la música latina, Luis Miguel se vuelve inmenso, salta como un chico, empieza a divertirse con lo que ha sido y todos nos acordamos de que lo vimos crecer haciendo exactamente eso: jugar con las canciones y deslumbrarnos con la voz. Chicas de rojo lo despiden y vuelven a sus casas un poco más felices. Muchas de ellas, la mayoría, empiezan a esperarlo de nuevo.

