La vuelta al mundo de Bon Jovi
La banda pasó el domingo por el estadio de River donde repasaron canciones de tres décadas, ante el entusiasmo de unas 45 mil personas. Crónica, fotos y video del show.
El rock no se detiene, afirma Peter Capusotto. Y tiene razón. La mecha encendida hace un año por los rumores de un posible regreso de Bon Jovi, mantuvo alerta su chispa y finamente hizo explotar el delirio de más de 45 mil fans conmovidos que el domingo se encontraron en un estadio de River. El Monumental de Núñez volvía así a constituirse en escenario para los grandes shows internacionales, aun cuando persisten las polémicas sobre la incidencia del pogo y sus vibraciones en la integridad física y espiritual del barrio. A 15 años de su última visita, el cantor de la sonrisa perfecta y su banda, volvieron a Buenos Aires, esta vez para mostrarse en el marco de The Circle Tour, la gira mundial de 135 conciertos que pone en muestra su último disco, The Circle, pero además prepara el lanzamiento de un Greatest Hits, que verá la luz en noviembre.Concretamente, la banda que nació a inicios de la década de 1980 con el hard rock y en la de 1990 se nutrió de baladas algo melosas pero bien producidas, repasó distintos momentos de tres décadas de historia discográfica, en un concierto cuya maquinaria espectacular, – las luces, el audio, las pantallas y el resto de la gran parafernalia–, fue alimentada con biodiesel, según aseguraron los organizadores. El empleo del combustible derivado del aceite de soja y el siempre agradable perfume a recital que al hora del inicio adornaba el aire tanto en las tribunas como en las plateas, además de las letras de algunas de las canciones, justificaron el empleo del término "ecológico" con que se definió el multitudinario encuentro.La previaDesde muy temprano, mientras la tarde un soleado día de primavera caía sobre Núñez y el imponente escenario –150 toneladas– parecía un gigante dormido, las tribunas altas comenzaron a poblarse de jóvenes de varias generaciones y diversas tipologías, que llegaban tras superar las distintas vallas que organizaban el ingreso ya desde las inmediaciones del estadio. De las pantallas laterales del gran palco salían con intermitencia instrucciones de seguridad y se anunciaba los próximos shows internacionales en Buenos Aires, entre ellos el de la cantante jazzy-pop Norah Jones. El rito comenzaba a tomar forma, con sus costosos merchandaisin, gaseosas tibias, hamburguesas carentes de afecto y la urgente fotografía-documento que cada uno de los asistentes quiere sacarse con el escenario como fondo.Poco antes de las 20 los teléfonos se calentaban a fuerza de mandar y recibir mensajitos, los flashes de las miles de camaritas centelleaban en la oscuridad y Los Tipitos ocuparon la parte delantera del escenario para entibiar la espera con un preciso set de canciones que se extendió por cuarenta minutos. La alegría por sentirse parte integrante de una multitud de cada uno se respiraba en el aire y poco antes de las 21, la ausencia de cola en el baño de las mujeres era la prueba elocuente de la expectativa que reinaba. Arranque sangrientoPasaditas las 21, las luces se apagaron y un aullido de todo el estadio, con globos celestes y blancos agitándose en las plateas, recibió a la banda. Jon Bon Jovi se acomodaba una acústica negra, Richie Sambora ponía en orden su extensa pedalera, el tecladista David Bryan medía la distancia entre sus brazos y los varios teclados y el baterista Tico Torres elegía las baquetas más resistentes, mientras desde las tres pantallas del escenario –una de fondo y dos a los laterales, que con 1.207.296 píxeles rendían una definición asombrosa– se proyectaban las imágenes que introducían al show. Blood on Blood, rescate del disco New jersey (1988), fue el primer tema. El aullido no cesaba, mientras todos en las plateas se subían a las sillas con las camaritas en alto para documentar el momento que por vivirse con un ojo en la intensidad del momento y el otro en la concentración de tener que encuadrar de la mejor manera, acaso inaugura una nueva forma de plenitud. "5.447 días que los esperamos", decía un trapo que firmado por Mati y Pupi colgaba en la tribuna Belgrano. El aire ardía en River y la tierra se movía en Núñez, cuando después de We Weren't Born to Follow, del último disco The Circle (2009), Jon se descolgó la Takamine y saludó con el "Buenas noches Buenos Aires" de rigor. Mezcla rara de Sergio Denis y Mick Jagger, Jon lanzó un "ariuredi" que sonó como un grito de batalla. You Give Love a Bad Name, Born to Be My Baby, Roulette, Shot Through the Heart, marcaron la enérgica continuidad del show que jugado al recuerdo –sin dejar afuera temas como Bad Medicine, Shout y Pretty Woman– no tuvo fisuras. El entusiasmo por momentos rozó el desborde y en varias oportunidades el mismo Jon, soplándose el flequillo, tuvo que pedir a los fans que ocupaban el frente del escenario que se corrieran hacia a atrás para no crear apretujones contra la valla.Casi tres horas de show, que tuvo también una versión de Lay Your Hands On Me a cargo del guitarrista Richie Sambora, terminaron con numerosos bises y Bon Jovi con la camiseta de la selección argentina de fútbol con su nombre estampado en la espalda. "¡Vuelvan a sus casas!", fue el consejo final del cantante que por la tarde, en una conferencia de prensa había elogiado al público argentino (mirá el video en el player de arriba): "Es un gran público, pasional, como todo público latino, y eso nos contagia". Así fue.

