La vida como se le canta
Iván Noble defiende la canción de autor y reniega de la prensa amarilla. Hoy presenta disco en Córdoba.
A juzgar por su presente artístico, Iván Noble parece adscribir a aquello que Sabina definió como "una buena letra, una buena música, una buena interpretación y algo más que nadie sabe lo que es y que es lo único que importa"."La imagen adecuada en el acorde justo, además del tipo que la interpreta", precisa, ahora sí, Noble, a propósito de una buena canción. Y añade: "Quiero creer que a los 40 se escriben mejores canciones que a los 20, porque uno ha gastado más las suelas. Eso hace que la mirada del universo sea más amplia y uno sea menos soberbio".Hace poco, el escritor Benjamín Prado, compañero de andanzas de Sabina y coautor de algunas letras, detalló el proceso de composición de las canciones del español: bares, hielos derritiéndose en un whisky, musas fugaces. ¿La inspiración funciona igual en Iván Noble? "En mi caso, el laburo más fino suele ser diurno –desmitifica el ex Caballeros de la Quema–. Aunque es verdad que a la noche, en compañía de una rica botella, pueden surgir disparadores de ideas, bocetos o algún título. Hay una frase que suelo repetir: confío en las canciones que se empiezan con vino y se terminan con mate, nunca al revés".Canciones y nada másEste viernes, en Córdoba, el crooner y su banda presentarán Dicho y hecho, CD/DVD donde repasa sus canciones, aunque llevadas a un plano diferente. Para aquel concierto, los arreglos musicales corrieron por cuenta de Mariano Otero, contrabajista y destacada figura del jazz argentino actual.–¿Te ayudó su visión externa? ¿Sirvió para aprender nuevas cosas?–Ojalá haya aprendido algo, es un músico que tiene mucho hándicap para tocar. Dicho y hecho era algo que yo quería hacer: que los temas estuvieran de verdad reversionados y no que fueran covers de sí mismos. En ese sentido, Mariano me ayudó mucho y me hizo redescubrir la mayoría de las canciones. Es un formato que te obliga a cantar distinto, a estar más atento a las melodías.–¿Fue una prueba para tus canciones, ver si soportaban otro formato?–Creo en eso. Las canciones tienen que ser buenas con una guitarra o una big band de fondo, después uno elige el carácter que le quiere dar. Las canciones que me gusta escuchar tienen que ser todo terreno.–Actuaste hace poco en "Todos contra Juan". ¿Fue sólo por diversión?–Sí, me lo propusieron y me pareció divertido. Estuvo bien, pero no lo haría con continuidad. Lo que privilegio es mi costado musical.–En casos así, sos noticia por algo que excede ese costado. Pasó de nuevo hace unos días, a raíz del fin de tu relación con Silvina Luna. ¿Lo sentís como parte del juego o verdaderamente te molesta ese foco de atención?–Me molesta un poco. Entiendo que es parte del juego, pero no me meto a jugar en esa cancha. En los últimos tiempos, no hay escrúpulos en esa clase de periodismo, son capaces de hackear un mail, literalmente, para robar fotos privadas. Es curioso, a la "prensa del corazón" la hace gente que no tiene corazón. Mientras vos no saltes a la cancha a jugar, ni hables de ellos... Intento hacer mi vida. Escribo canciones, mi foco está puesto en eso.–Involuntariamente, llegás a otro público.–Sí, pero no es gente que va a salir a comprar mi disco. En eso no sirve para nada. Que Doña Rosa te tenga más presente porque te vio en una foto con una chica de la tele no significa que crezcas como artista. He decidido hacer mi vida como se me canta y no consumir esa clase de cosas. Estar en boca de vigilantes de braguetas ajenas es el peor costado de este asunto. La otra que te queda es vivir en el placard de tu casa o salir sólo con la hija del fletero, como dice el Indio Solari.

