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La ruta de la piedra, de Sergio Gaiteri

Continuamos con la serie de microficciones. En esta oportunidad, un cuento breve de Sergio Gaitieri.

09 de enero de 2010 a las 03:50 p. m.
Sergio Gaitieri
La ruta de la piedra, de Sergio Gaiteri
“Conductor nocturno en Colonia Caroya” (Fragmento), Pablo Canedo. 1994.

El tío tenía un Renault 21. Gris, casi cero. Tuvo la mala suerte de que a los pocos días de comprarlo lo agarró una tormenta de piedra y se lo abolló por todos lados. No tenía seguro contra granizo. Le buscó la vuelta. Consiguió que un amigo que trabajaba en la Aseguradora le rehiciera la póliza sin controlar el auto. Una trampa. Según papá, algo a lo que el tío estaba acostumbrado. Pero claro, para que el Seguro se lo arreglara, al auto le tenía que caer una nueva pedrada. Esto fue en el '89, un verano de sequía en Córdoba. La gente no hablaba de otra cosa que no fuera del nivel de agua en el dique San Roque. En esos días el tío se había separado de la tía y venía a casa todas las noches. Hablaba poco, estaba obsesionado con el tema del auto. Se sentaba en el sillón del living, leía en el diario los datos del Servicio Meteorológico y los anotaba en una libretita azul.Los fines de semana iba a los lugares en los cuales había alerta por granizo. Lo llevaba a mi primo Damián, que recién acababa de cumplir cinco años. Algunas veces me invitó a mí. Una vez fuimos a Alta Gracia y apenas cayó una llovizna. Otra vez fuimos hasta Santa Rosa y ahí no cayó directamente nada. Así hasta la tarde que viajamos a Oliva. La tormenta no nos dio tiempo a llegar a la ciudad. Nos quedamos adentro del auto, al costado de la ruta. Cayó piedra en seco. Parecía que el techo del auto no iba a aguantar, que en cualquier momento se venía abajo. Damián se asustó, se pasó conmigo al asiento de adelante. Tenía los ojos húmedos, trataba de no llorar.El tío gritaba, no se le entendía nada de lo que decía. Movía la cabeza y gritaba. Estaba en cuero, la piel brillante por la transpiración. Me acuerdo que sacó un brazo por la ventanilla y luchó con las piedras que le golpeaban la palma de la mano, hasta que por fin alcanzó a agarrar una que se había enganchado en el limpiaparabrisas. Una del tamaño de un limón. Nos miró y se rió. Se puso la piedra en la boca y la chupó como si fuera un helado.El autorSergio Gaiteri es uno de los escritores de cuentos más reconocidos de Córdoba. Nació en 1970. Publicó los libros de relatos Los días del padre y Certificado de convivencia. Fue finalista del Premio Clarín de novela y obtuvo una mención en el Fondo Nacional de las Artes. Trabaja como profesor de Letras Modernas.