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La reivindicación del "durante"

El músico Tony Levin volvió a Córdoba para tocar en trío y reincidió con su poder de conmoción. Cómo fue el concierto en el Libertador.

11 de marzo de 2011 a las 08:52 a. m.
Germán Arrascaeta
La reivindicación del "durante"
STICK Y VOZ. Levin dio un show con Pat Mastelotto y Markus Reuter.

En el comienzo, Tony Levin sale munido de su camarita digital y hace dos tomas. Una, a sus pedales; otra, a la gente. En el cierre vuelve a retratar al público. Las imágenes resultantes le permitirán al stickista saber cómo afectó a un Libertador semillero la hora y media de un concierto pletórico en climas y zigzagueante en ritmos. Y está bien que elija documentar el antes y el después para evaluar el durante. Porque su oferta del jueves por la noche consistió en música trabajada en tiempo real, en la resultante del encuentro sincrónico de genios que la yugan para nosotros. Es decir, en instrumentistas con pergaminos que están lejos de descansar en su condición de virtuosos para animar un punto de encuentro cósmico que, sin bien tiene pautas preestablecidas, se interpreta como maleable. Ojo, no es el culto a la improvisación jazzera sino a una empatía superior a la mera convergencia de talentos, que redunda en un entramado tenso y suave al mismo tiempo. Hay tanta "disciplina" en esto como voluntarismo para encontrar el clima sugerente exacto.

Porque está claro que la nueva propuesta de Levin es mucho más que un power trío, rol que, sin embargo, cumple a la perfección. Y en ese "mucho más" tiene que ver Pat Mastelotto, a estas alturas tan King Crimson como Levin. Pat es un baterista descomunal, ideal para tener de respaldo, usar de pared, pero también es un músico que sabe matizar, que percute con la sensibilidad de un pianista. Hay que verlo, por caso, generar una atmósfera de soundscape raspando las partes laterales de sus baquetas con los mismos sectores de los platos. Si bien no vino con la formación habitual de los Stick Men, que consiste en dos sticks más batería, el tercer elemento, el guitarrista austríaco Markus Reuter, rara vez abandonó la lógica interpretativa del tapping. Es decir, tocó su viola como un stick, percutiendo las cuerdas. Levin, por su parte, no abandonó en ningún momento su "palo" con rango tanto de bajo como de guitarra.

El concierto tuvo dos ejes. Uno relacionado a la repetición de un motivo groovero, que se consigue luego de un procesamiento por los pedales, y al minucioso tejido armónico posterior. Este juego de tramas más tramas siempre creció hasta una estampida incontenible. Es aquí donde se inscribieron los Crimsonianos Indiscipline y Red, que estuvieron muy lejos de recrearse al carbónico. También hubo lugar para un pasaje de Vroom, momento en el que Levin recordó a la formación de dos tríos de King Crimson que concibió la pieza. Ese "sexteto" pasó por Córdoba en 1994, con Levin dialogando con Trey Gunn y Mastelotto con Bill Brufford, nada menos. El otro eje fue el más experimental, más arty en el sentido que en momentos linkeó con la obsesión ambient del Radiohead más zarpado e indescifrable. En ese plano de bello escapismo se impuso una composición titulada Crack in the sky.

Como detalle de color además del de la camarita, hay que decir que Levin se permitió hacer talking funk en español, que presentó al personal marcando ciudad de pertenencia (Innsbruck para Reuter, Los Àngeles para Mastelotto, y él se presentó a sí mismo como "The king of New York") y que firmó discos a la salida. Un habitual gesto de humanidad en este músico que tocó con todos pero es humilde y dispuesto como ninguno. Nueva voladura de peluca por parte del pelado. Que vuelva. Siempre estaremos dispuestos para su foto.