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La noticia

Una nueva entrega de la serie de microficciones. En esta oportunidad, un relato de Horacio Rementería.

06 de noviembre de 2010 a las 11:50 a. m.
Horacio Rementería
La noticia

Éramos cuatro sentados en la mesa de la pensión del gringo esperando la noticia. Sólo el resplandor de una estufa a cuarzo nos alumbraba. Faltaban tres minutos para las doce y era víspera de navidad. Lo habíamos calculado con un viejo calendario que extrajimos de internet.Habían pasado ya siete años de la masacre nuclear del Cairo y el aborto se había convertido en una prescripción accionada por el estado debido a los numerosos nacimientos de niños deformes. La religión y la política social ya habían sido abolidas por la guerra. Las Naciones Unidas intentaban restablecer el orden mundial pero grupos reaccionarios apoyados por gobiernos de los países más devastados habían desatado una paranoia colectiva: todos podíamos ser víctimas de atentados, secuestros o saqueos. Ya no había espacios confiables, ni siquiera en la web, ya nadie hablaba por teléfono ni se enviaban correos electrónicos. Apenas se ocultaba el sol todo el mundo se encerraba en sus hogares, en ciertos casos infalibles refugios blindados. Aquel que se atreviera a salir en la penumbra corría el riesgo de ser detenido o en el peor de los casos asesinado por ladrones de poca monta. En las grandes ciudades se cohabitaba con los escombros de algún bombardeo reciente y era cosa de todos los días encontrase con alguna persona vagabundeando en estado de shock testigo vaya a saber Dios de qué atrocidad. Casi no había niños, se habían convertido en el oro negro de una importante red de tratas de personas. Éramos cuatro a la mesa. Un reloj pendulaba con su pulso lento en una de las húmedas paredes. Nuestras miradas oscilantes ansiaban el momento en que el minutero se besara con el horario. Dos minutos y ninguno podía recordar lo que nos producía ver un árbol cargado de adornos, armar un pesebre en algún rincón de la casa o el sabor del pan dulce casero. Faltaba sólo un minuto cuando miramos la puerta como si hubiéramos presentido la llegada: los cuatro esperábamos el rechinar de las bisagras y a Gabriel con sus últimas noticias. Sólo un minuto y teníamos el sonido del péndulo en los huesos.Durante años nuestra organización se escabullía de los sistemas de inteligencia que buscaban interceptar nuestros planes. El mensajero era nuestro único contacto con nuestra voz de mando, sólo él conocía los pormenores del plan maestro y después de varias beligerancias, de las cuales hemos salidos inutilizados pero no vencidos, había llegado el momento clave. A las doce justas traspuso el umbral, se deslizó suavemente hacia la mesa, puso una blanca vela en su centro y se sentó entre nosotros. Miró la pregunta en nuestros ojos, sonrió y plegando sus alas dijo: -Él ha llegado, ya está entre ustedes.El autorHoracio Rementería (Buenos Aires, 1972) pasó su adolescencia en Chilecito (La Rioja) y participó de un taller literario a cargo de la escritora Lucía Carmona. Allí formó parte de la publicación de la revista literaria Mamaquilla, de una antología y recibió dos premios en concursos literarios locales. Actualmente radicado en la ciudad de Córdoba. Es licenciado en Psicología, profesor de la Universidad Católica de Córdoba e investigador. Ha realizado algunas publicaciones científicas y de divulgación.