La mirada discreta
Nuestro comentario de la película "Gigante".
El límite del voyeurismo precisamente reside en la pasividad de la mirada. La observación de la cotidianidad sostenida en la distancia corre un riesgo: describir como un modo de naturalizar. Es decir, adoptar la mirada de quien ve por nosotros y asumir así su perspectiva. Gigante es un drama laboral y romántico sostenido en el vouyerismo de su protagonista. Jara, solitario y amante del heavy metal, trabaja en un supermercado; mira por detrás de las cámaras de vigilancia. Por el turno que le toca, su actividad de vigía se aplica a sus compañeros. Sin los clientes, los potenciales sospechosos son los trabajadores. Testigo sistemático de un microcosmos mecánico, Jara descubrirá una criatura llamada Julia entre las imágenes condenadas a la repetición. Así ese hombre dedicará su tiempo libre a observar a una mujer no menos solitaria que él, aunque más activa. La incipiente tensión pasa por saber, primero, si Laura está sola y, segundo, si Jara pasará de la contemplación a la acción. Biniez demuestra cariño por sus personajes. Salvo un pasaje en una playa, no hay diferencia entre las calles de Montevideo y los interiores del supermercado. Muestra una preocupación formal explícita: sus planos abiertos de la ciudad no alivian la claustrofobia y el control de los planos generales en el trabajo.
No desprovista de humor y ternura, Gigante se empequeñece porque jamás asume de lleno los conflictos laborales en el supermercado y prefiere hallar consuelo en la discreta utopía de los sentimientos. Habrá despidos y maltratos, pero la rabia de Jara sólo se suscita por celos y protección. La discreción política del filme revela un problema de prioridades. Los empleados pueden amar, pero apenas consiguen rebelarse. Ocurre que el vouyerismo social inmoviliza cualquier atisbo de conciencia política. Gigantedrama* * *Dirección: Adrián Biniez. Guión: A. Biniez. Con: Horacio Camandule y Leonor Svarcas, entre otros. Duración: 84 minutos.

