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La doble fascinación de "El cisne negro"

El director de “El cisne negro” dice que lo atrajo la idea de transformar a la bella Natalie Portman en una criatura oscura y que se inspiró en “El doble” de Dostoievski.

20 de febrero de 2011 a las 09:15 p. m.
La doble fascinación de "El cisne negro"
Darren Aronofsky junto a Natalie Portman, director y protagonista de “El cisne negro”.

Toni GarcíaEl País, de MadridCon cara de no haber dormido en tres días y sonrisa del que se sabe vencedor, Darren Aronofsky (Nueva York, 1969) afrontaba su encuentro con la prensa en la pasada Mostra de Venecia con una tranquilidad pasmosa, quizás comparándola con la que él mismo sufrió en el mismo certamen a cuenta de La fuente de la vida: la película se había ganado un aplauso (literalmente) en su pase para la crítica y al realizador no le resultó plácida la belicosidad de los periodistas. Sin embargo, con El cisne negro, que tiene cinco nominaciones a los Oscar, la cosa ha sido muy distinta. Los acreditados aplaudieron con ganas, la rueda de prensa fue como la seda y en la promoción los ánimos estaban en lo más alto. "Sí, me acuerdo de todo lo que paso con La fuente de la vida, lo tengo muy presente", reconocía Aronofsky nada más sentarse a la mesa.–Hay momentos en esta película en que parece que Roman Polanski le haya robado la cámara…–(Sonríe) Polanski, sí por supuesto, gracias por decirlo. La verdad es que soy un grandísimo fan de Polanski, habré visto mil veces Repulsión...–¿Esas eran sus referencia para "El cisne negro"?–Sí, por supuesto, pero también La mosca, de David Cronenberg, por todo el concepto de la transformación. Para mí El lago de los cisnes es en cierto modo como la historia de un hombre lobo. Ella es un cisne de día pero de noche se convierte en algo totalmente distinto, mitad cisne, mitad mujer. Me excitaba esa idea, la idea de hacer una película sobre una mujer-cisne, tomando la maravillosa flor que es Natalie Portman y transformándola en esta criatura…–¿De dónde surge la semilla de este proyecto?–Bueno, yo quería hacer algo con la obra El doble, de Dostoievski, donde el protagonista ve que alguien empieza a tomar el control de su vida y a sustituirle. Al mismo tiempo, y porque mi hermana es bailarina, me atraía mucho la idea de hacer algo ambientado en el mundo del ballet, con la idea de que nadie había hecho nada realmente… cómo lo diría… algo con las luces encendidas, de corte realista, sobre ese universo tan específico. Cuando me planteé aquello me di de bruces con El lago de los cisnes, el cisne blanco, el cisne negro, y empecé a pensar: "Bueno, aquí también hay un doble".Puro físico–"El cisne negro" es su película más física hasta la fecha.–Sí. Me interesa muchísimo ese concepto, absolutamente presente en el ballet, por el cual se intenta alcanzar la perfección a través del cuerpo, del físico.–¿Considera usted esta película la otra cara de la moneda de "El luchador"?–Sueño con el momento en que algún cine se atreva a programar una doble sesión con El luchador y El cisne negro. Para mí las similitudes son evidentes: dos personas que están en constante conexión con el dolor, que usan sus cuerpos para entretener y que al final acaban cediendo a su parte más atávica. Una se mueve en la parte más alta de la sociedad, y el otro en la parte más baja.–Se diría que le gusta explorar los límites... –Cada película es distinta: en estos momentos vivo una etapa bastante equilibrada de mi vida y creo que se nota en lo que hago. Cuando hice Pi o Réquiem por un sueño estaba muy conectado con el carácter de mis personajes, así que algo de eso está ahí.–¿Dirigir en Hollywood es más difícil que nunca?–Todos los trabajos son duros, pregúntale a un maestro de escuela. ¿Sabes cuál es el oficio más duro del mundo? El de periodista que cubre festivales de cine. Eso es duro (risas).