La chica que lloró durante el último día de la escuela primaria
Carla Slek es poeta, autora de "Último recurso". Respondió esta entrevista mientras celebraba su cumpleaños.
De ser poema me gustaría ser uno escrito por Carla Slek: sutileza, precisión, intensidad, y una música como de volcanes. Su primer libro fue su Último recurso y antes de eso era un secreto a voces, una recomendación sin blog, algo parecido a uno de esos carteles viales que son más importantes que la ruta. El libro y su manera irresistible de leerlo en público la confirmaron entre las voces más originales y potentes de la poesía cordobesa. Y por si te faltan motivos para dejarlo todo y ponerte a leerla, prestá atención a sus respuestas. ¿Qué sucede cuando te das cuenta de que una persona o una anécdota van a ser materia de un poema? Una especie de extraña conmoción, como si de pronto tuviera la posibilidad de ver algo que está pasando más allá de lo que está pasando. Eso es lo que sucede.¿Hubieras tenido la misma sensibilidad si en vez de llamarte Carla Slek te hubieras llamado Carla Gómez o Carla Rodríguez? No, cuatro granitos de arena forman un desierto y eso forma parte de mí. Este apellido que parece austríaco nació en una ciudad pequeña cerca de Damasco, la capital de Siria. A veces quisiera estar a la altura de eso que resulta de combinar mi nombre y mi apellido.
¿Escribís durante las horas de oficina? No. La oficina tiene un ritmo, una lógica en la que la escritura es difícil de sostener, casi como decir que va a contracorriente del silencio, de la posibilidad de permanecer en un estado de contemplación, tan necesario, en mi caso, para la escritura.
Si te permitieran escribir debajo de las alas de un avión que pase sobre Córdoba todos los días a las siete de la tarde, ¿qué escribirías? Escribiría sobre el chico que se dedica a limpiar los vidrios de los autos en la esquina de Trejo y San Juan y que a esa hora todos los días, excepto los fines de semana, está juntado sus cosas para tomarse un colectivo que lo lleva hasta Alta Gracia. Intentaría dejar un registro de los diálogos mínimos que cruzamos con el semáforo en rojo casi todos los mediodías. Escribiría sobre esa invisible columna de fuego que casi justo a esa hora comienza a encenderse en la ciudad, con una y otra y otra chica parada en una esquina y que marca una ruta de las posibilidades de la noche en Córdoba. Escribiría sobre las parejas que vuelven del trabajo en el auto sin dirigirse la palabra ni tocarse. Escribiría sobre las ganas de fugarme del trabajo que se apoderan de mí, justo a esa hora.
Está Sharon Olds veraneando en La Falda. La ves pasar frente al hotel de tus padres. ¿Qué hacés? Salgo corriendo a buscar una botella de buen vino, dos copas y todos esos papeles sueltos en los que tengo impresos los últimos poemas. En el medio de la carrera, me convierto en un hablante competente de su idioma.
¿Cuándo vas a dejarlo todo por la poesía, cuándo? Eso, ¿cuándo, Carla, cuándo?
¿Qué te inspira más, el amor de los demás o el amor que sentís vos? Me inspira el deseo y el afecto que experimento ante los demás. Hay circunstancias, pero especialmente hay ciertas personas, ciertos gestos que logran conmoverme profundamente. A veces resulta suficiente un modo de caminar, un movimiento de las manos para despertar mi atención.
Escribiste: "…trae en su mano el resultado a ciento nueve por ocho/ menos las tres cuartas partes de la superficie de la luna". ¿Cuál es la historia de esos versos? Detrás de cada verso hay una historia. La de esos versos se relaciona con un compañero de la primaria. En quinto grado, una vez a la semana la maestra nos forma en una hilera al fondo del aula y nos da a cada uno un problema matemático para que resolvamos mentalmente. Mi compañero se concentra unos segundos y ofrece el resultado como si pronunciara su propio nombre, yo, en cambio, siento que algo se apodera de mi cuerpo lentamente mientras espero mi turno y deseo desaparecer para escribir sobre eso.
¿A qué se debe la fuerte presencia del mundo docente en tus poemas? En realidad, creo que más que el mundo docente es el mundo de mi escolaridad primaria, la experiencia de la escuela donde hice toda la primaria fue muy especial. Era una escuela estatal, a la que yo iba caminando y donde nos reuníamos para jugar los fines de semana. Las maestras como parte de esa historia encerraban cada una un misterio. Mi maestra de segundo grado parecía de porcelana, se llamaba Edelweis y se murió de cáncer ese año, después vino Luisa que nos contaba que se bañaba con soda cuando vivía en San Juan porque no había agua. Tuve una maestra que era alcohólica y usaba peluca, y otra que nos decía que fumaba cigarrillos de lechuga. Pero también están los compañeros, está Viviana que estampó mi cara contra una pared sin revocar aprovechando mi carrera alocada en el medio de un juego, gracias a lo cual tuve que soportar el proceso de un ojo en compota. Está Manuel al que lo acusaron de robar una caja lápices y que por eso lo cambiaron de sección. Está la reproducción del sistema, el A, el B y el C. Están los porteros. Está mi primer amor. El día que terminé el primario me la pasé llorando.
¿Cuál es la parte más importante de un poema? Lo esencial del poema está fuera del poema. Joaquín Giannuzzi dice algo así como que la vida tiene un significado que se nos escapa; ahí encuentro el poema, sobre esa zona de fuga me paro persiguiendo una forma poética de registro, de traducción de ciertas circunstancias de la realidad.
¿Escuchás música mientras escribís? Escucho la música de lo que escribo.
¿Con qué palabras completarías esta oración: "Escribo para _____________ a mi familia"? Sobrevivir, esa oración se completa con la palabra sobrevivir. Escribo para sobrevivir a mi familia. Durante años conviví con mi familia en un extraño estado de precariedad en el medio del silencio y el vacío.
Tu libro se llama "Último recurso". ¿Último recurso para qué? Para pararme sobre mi misma, como una plataforma de lanzamiento personal e íntima.
¿Qué es de la vida de La Vanesa? La Vanesa me enseñó otra forma del amor. Hace un tiempo la Federal cayó una noche, clausuró el cabaret y se llevó preso por unos días a su dueño. La Vanesa se la pasó llorando, me hablaba por teléfono y me contaba lo imposible que resultaban esos días sin la mirada de él sobre su cuerpo.
Escribiste: "puse presa / la tinta en la piel / a contaminar el epitelio / como una mecánica para el olvido". ¿Qué otras maneras de olvidar has puesto en práctica? Miles hasta que me di cuenta de que hay algo con una fuerza mayor que mi propia voluntad que jamás va a entrar en el olvido.La poesía, la literatura, ¿te sirven de terapia? ¿Te sirven de algo? Me sirven como recurso frente a ese estado de precariedad en el medio del silencio y el vacío.
¿Qué sucede con los deseos incumplidos? Hago de ellos la materia de un poema, casi como decir que los vuelvo suficientes.
¿Qué sucede con los deseos cumplidos? Constituyen una parte de todo lo que me hace feliz.
¿Alguna vez escribiste bajo el efecto de alguna clase de narcótico? No, y tampoco alcoholizada; probablemente tenga que ver con que nunca me lo propuse.
Los poetas tienen musas. Las poetas, ¿qué tienen? No sé qué le pasa al resto. En mi caso personal, unos ratones hiperquinéticos que insisten en moverse de acá para allá en mi cabeza, y un chico al que sigo buscando para contarle lo que me pasa.
Te contratan para escribir obituarios. Se muere la Presidenta: ¿qué escribís? Cristina Fernández de Kirchner (1953-2010). Prócer nacional, muerta en el frente de batalla.
¿Sobre qué temas escribís con mayor frecuencia? Yo digo que escribo sobre el cuerpo. Aunque, alguien que me conoce lo suficiente y quien es el primero en leer lo que escribo dice que lo hago sobre el amor. Será cuestión de creerle.
¿Sobre qué temas leés con mayor frecuencia? Sobre el amor, los vínculos familiares, la muerte, el sexo.
¿Qué buscás en tus poemas cuando te corregís?Soy una obsesiva, busco la perfección, no puedo negarlo, pero creo que lo hago como una forma de acercamiento a la belleza.
¿Qué buscás en los libros de otros cuando los corregís? Cada vez corrijo menos. Pero cuando lo hago creo que busco la mejor forma para esa voz que escucho en el texto.
Escribiste un poema sobre tu viejo Renault 12. Después cambiaste de auto. ¿Los autos nuevos también te inspiran? En absoluto, son como el sexo sin amor. A ese R12 me unió una historia de amor; me lo llevé conmigo cuando una noche dejé todo, todo para empezar de nuevo.
¿Cuáles son los peores males de este mundo?El turismo y los plazos fijos. (Y ésta no es más que una forma de la venganza, susurra la poeta, quien ha dejado hablar, aquí, a la niña interior).
¿Qué libro del presente pondrías en una nave que le lleve cosas a los muertos? Hombres en sus horas libres y La belleza del marido de Anne Carson, Ararat y El iris salvaje de Louise Glück, y toda, toda la poesía de Sharon Olds. Estas tres poetas constituyen la mejor parte de lo que estoy leyendo actualmente.Viene Michel Gondry a filmar tu biografía y dice que quiere empezar por tu rutina en la cinta para correr. Que quiere que cierres los ojos. Y que de ahí se quiere ir a un paisaje que sólo exista en tus sueños. ¿A dónde le decís que vaya? A una casa llena de luz alejada del ruido de la que no tenga que moverme más, con un jardín, un árbol y un banco donde me siento a leer, a escribir y a esperar al chico al que sigo buscando para contarle lo que me pasa. ¿Cómo te gustaría terminar esta entrevista? Hay una frase de un poema de Anne Carson, poeta y ensayista canadiense, que dice "Somos lo que logramos hacer de nosotros mismos".

