Jorge Rojas, un cantor comprometido
Con el disco "Mi voz y mi sangre", se siente más criollo que romántico y exige un compromiso con el acto creador. "Hay que investigar, no esperar que todo lo resuelva un productor", dispara.
Jorge Rojas tomó el camino más difícil. Si bien su carrera solista sugería un plan hacia afuera, convertirlo en exportable, el cantautor nacido en Neuquén pero criado en el Chaco Salteño se puso a investigar ritmos y costumbres autóctonos para luego publicar el resultado en Mi vos y mi sangre, un disco que en el que debuta como cantautor independiente. "Si te tomás el trabajo de viajar por el país, y yo me lo tomo, encontrás distintas formas de vivir en cada pueblo. Y esas singularidades se aprecian en cada música regional. Lo primero que piensa un artista nuevo es ir a una compañía y que le resuelvan todo; en mi caso, que se me han dado las condiciones para estar libre, elegí prestarle atención a las regiones y a sus músicas", dice Rojas.
El nuevo disco del ex Nocheros, entonces, es producto de una indagación a la manera de León Gieco y Gustavo Santaolalla. "Venía trabajando ritmos andinos más convencionales y ahora sumé el tinku (peruano - boliviano), por ejemplo. La gente espera chacareras, zambas, huaynos, carnavalitos, baladas, pero hice talleres para ir más allá. Algunos de literatura, otros de ritmos y melodías. En el país hay cerca de mil ritmos y trato de conocerlos y profundizarlos. Así, llegué a componer en nuevos registros".
Cuando se le observa que la estrategia desafía la comodidad de asentarse en el renglón melódico, Rojas asiente y contextualiza: "Me gusta cantar canciones de amor, pero el disco no me va por ahí. El título Mi voz y mi sangre alude a lo que me viene de herencia. Me he criado bailando las chacareras del Chaco, con influencia de Santiago del Estero en el uso sostenido del violín. Eso es la sangre. Y después está mi voz, que siempre está de viaje descubriendo nuevos paisajes interpretativos. El disco resume eso. El porcentaje de ritmos folklóricos es del 80 por ciento". Según Rojas, a esa inquietud de profundizar con talleres la tiene porque "se están olvidando muchos autores valiosos. Y en las épocas gloriosas del folklore, lo que más había eran autores y compositores. Eran más ellos que los intérpretes".
-Así que en el disco soltaste la pluma...-Hay canciones que tienen un trabajo de composición muy dedicado. Algunas, incluso, son comprometidas. Río hermano, por ejemplo, me surgió después de lo que pasó en Tartagal. Al borde del Pilcomayo pasan cosas increíbles.
-¿Por ejemplo?-Mi viejo está incomunicado entre enero y febrero. No puede ni siquiera llegar al pueblo. Y las comunicaciones son malas. En esa época, directamente, nos encomendamos a Dios porque no sabemos qué pasará. Este Río hermano tiene un compromiso con esa situación. El estribillo tiene la mirada de quien vive a orillas del río. El río es su vida, el que le da dignidad y, de repente, el que le quita todo. No obstante, la canción le quita la culpa al Pilcomayo. "Será castigando a aquél que te hace daño que causas tanto dolor y desamparo; la culpa del pecador pagamos tantos".
-Más allá de que estás re folklórico, ¿te interesa la cuestión continental?-Siempre estoy dispuesto a ir adonde la canción me lleve. La canción tiene la capacidad de emocionarte y de cruzar una frontera. De toda la vida, uno sube al auto, enciende la radio y lo que busca es una melodía que le guste. Por ahí, no sabés quién la canta, quién la compuso, quiénes son los músicos, ni dónde se grabó. ¿Qué te llega? La canción. Y eso pasa hasta en otro idioma. Ese es el poder de la música y yo confío mucho en él. Si alguna de mis canciones llega a un lugar donde pueda defenderla, iré. Pero siempre necesito una excusa.
-¿Una excusa?-Había pasado dos años sin grabar. Y antes que nada, lo primero que necesitaba para volver eran las canciones. Trabajé para eso, que es elemental, tener las canciones. Y después analicé cómo las grababa, cómo las promocionaba. Cada cosa a su turno, porque el año pasado sufrí lesiones en la voz por exceso de trabajo. Entonces, necesitaba un espacio y me fui al monte a trabajar, a hacer los talleres.
-Supiste parar a tiempo. -Hay que parar hermano, y nunca perder de vista que la canción es el punto de partida. Donde basamos la ilusión, la comunicación con la gente.
-Hablás del monte, del retiro, de una promoción medida. Ahora que sos independiente, ¿Buenos Aires no está entre tus objetivos?-Sí, pero tengo claro que los porteños están en otra cosa, manejan otros códigos. Lo que no es fuerte para ellos, no existe. Pero ojo, también los folkloristas fuimos perdiendo nuestros espacios.
-¿Cómo?-Perdimos espacios por estar escasos de propuestas, de artistas nuevos, de generaciones comprometidas. Me desilusiona cuando veo que chicos nuevos agarran tres canciones de las conocidas, graban un demo y buscan un productor. La música popular argentina desde el folklore no es así. Ya hemos visto que hubo un montón de realities con ganadores de música folklórica. ¿Recordás el nombre de alguno? Yo tampoco. El artista se genera desde el compromiso con su gente y llevando las particularidades de su paisaje. Antes de vivir el país, buscan un productor. No va por ahí. No.
La breve experiencia líricaRojas vivió una experiencia en el campo del canto lírico. "Fui con un amigo al Mundial de Alemania y en los días libres él me llevó para Italia. Caímos a lo de un matrimonio agradable, que se iba a cenar a la casa de la madre de Andrea Bocelli. Nos invitaron, fuimos", cuenta Rojas. "En la sobremesa canté una zamba, gustó, y la señora me preguntó si quería tomar unas clases con el maestro de Andrea, Domenico Menicucci. Encantado. Volví a al país, y se generó el espacio para tomar clases. Menicucci se interesó en quién era yo, cómo era mi rutina y qué cantaba. Trabajó en función de eso. Y todo me sirvió, claro", cerró.

