Temas del día:

Jamiroquai: el regreso del cowboy funk

Jamiroquai entrega otro disco con dosis mínmas de variaciones a su estilo, las suficientes para mantenerse vigente. Comentario y nuevo video.

09 de enero de 2011 a las 04:54 p. m.
Jamiroquai: el regreso del cowboy funk

Preguntarse cómo es que Jamiroquai ha conseguido subsistir tras casi dos décadas y siete discos de la misma música con ligerísimas variaciones, es más o menos lo mismo que indagar sobre las razones que hacen al funk y al soul los géneros más contagiosamente exitosos (comercialmente hablando) desde su aparición.Ambas cuestiones conducen a pocas respuestas, aunque en lo que toca a la banda británica liderada por J-Kay, la verdadera razón hay que buscarla en su impecable sentido de la ubicuidad en términos de "lo que está de moda": aún cuando en Estados Unidos es considerada casi una banda de un solo éxito (one hit wonder), siempre se ubicaron en un punto intermedio, ni tan de moda, ni tan fuera de estilo, pero siempre cool. Rock dust light star, el disco que editó a fines de 2010, es un ejemplo acabado de que no hay que tratar de reinventar la pólvora para mantener vigencia musical.Reconocido por su insaciable pasión por los autos rápidos y las modelos bellas (los adjetivos aquí son intercambiables), Jamiroquai había intentado salir de ese lugar cómodo y lucrativo en 2005 con Dynamite, agregando algo de dramatismo pop y abiertos coqueteos con la electrónica a su receta, con magra respuesta de público y crítica. "Fue un esfuerzo estéril", reconocería más temprano que tarde el frontman de los sombreros ridículos.Con Rock dust light star, las cosas parecen haber vuelto a su lugar. No cabe pedirle que venga a salvar el funk, está claro. En primer lugar porque goza de buena salud, y en segundo porque tales expectativas sí habría que ponerlas en una nueva producción de The Roots o en John Legend, gente con la espalda más acostumbrada a movimientos de riesgo. En todo caso, lo que Jamiroquai consigue con su séptimo CD es salvarse a sí mismo.A las líneas de slap bass con bombo bien potentes y al frente, y a los omnipresentes arreglos de cuerdas, se suma una sección de vientos (reales, no de sintetizador) que otorgan algo de rugosidad al estilo amablemente bailable que es especialidad de la casa. Le devuelve negritud, por así decirlo, al funk pop o funk rock (dependiendo del caso) de cada track.Solo Blue skies, la insulsa y melosa balada elegida injustamente como corte de difusión, desentona aquí. En el once titular restante hay coqueteos con el reggae en Goodbye to my dancer y Hey Floyd, que arranca con percusión tribal; un par de himnos pisteros discos de esos que tan bien le salen en White knuckle ride (ahí está la declaración de principios: "Quiero hacerlo bien, quiero hacerlo mejor, pero tomá: no hay forma de mejorar esto") y en All good in the Hood; un desembozado tributo a Barry White en Two completlely diferent things; el tema "guitarrero" de cada uno de sus discos (en el anterior era Feels just like it should) aquí es Hurtin\'; y el verdadero punto alto, que llega con Never gonna be another, una lúbrica balada jazzy soul que bien podría llevar la firma de Stevie Wonder. Encontrar algo más para destacar en el nuevo de Jamiroquai sería a todas luces un exceso, e incluso para los placeres culposos como sus canciones aptas para atardeceres de pileta hay un límite.

White Knucle RideJamiroquaiCalificación: *** (bueno)Universal$ 50