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Ipiña: No es solamente una película épica

29 de agosto de 2010 a las 04:05 p. m.
Ipiña: No es solamente una película épica

Después de realizar El combate de San Lorenzo para Canal Encuentro, la historia personal de Leandro Ipiña –director puntano que se formó en Córdoba– dio un giro rotundo y se encontró frente al desafío de filmar el Cruce de los Andes, quizás la máxima epopeya de la historia argentina. Ahora, con Revolución, cruce de los Andes en su etapa final y a la espera de su estreno en salas para noviembre, puede repasar lo que fue este ambicioso proyecto que se encuentra en la recta final.

"Esto nació como una serie de cuatro docu-ficciones, sobre las cuatro grandes batallas de San Martín. Pero tras El combate de San Lorenzo en 2008, con la buena llegada que tuvo, y el Bicentenario, el proyecto fue mutando para dejar de ser una docu-ficción y ser una ficción para cines. Se transformó en una película más importante, más grande, más interesante que lo que habíamos pensado en el primer momento, y creció también con la incorporación de Rodrigo de la Serna como San Martín", dice Ipiña en diálogo con VOS.

Ipiña destaca la labor de De la Serna en la piel de San Martín: “Es un actor excepcional, tiene una capacidad de transformación física, mental y de actitud que pocas veces se ve. Es uno de esos actores que mutan rápidamente al personaje, investigan y lo componen de un modo muy profundo”.

Para el director y también coguionista, la película “funciona como una metáfora de la revolución. Las guerras de la independencia son el vehículo de la Revolución de Mayo. Y si bien tiene rigor histórico, también tiene necesidades narrativas de una ficción”.

Revolución está narrada a través de una entrevista que un periodista realiza a un soldado de San Martín que en 1880 se encuentra en una pensión de Buenos Aires. "Este hombre cuenta su periplo junto a San Martín desde una mirada sesgada de lo que podría haber sido aquel hecho. Hay diferentes puntos de vista en el filme: el de este soldado, el de San Martín, el de un soldado del regimiento octavo, de pardos y morenos, y de un cura que termina siendo un caudillo, el Fraile Aldao".

Suspenso histórico –Imagino que las batallas habrán sido violentas. ¿Cómo mostrás esa violencia con la cámara?–El siglo 19 fue, ante todo, un siglo violento. Y, a la hora de mostrarlo, la película responde a los códigos modernos de la narración bélica. Está construida siguiendo las reglas del género narrativo cinematográfico: hay suspenso, es casi un western de suspenso. No es solamente una película épica. Cada personaje tiene un conflicto que resolver, y también hay una mirada política importante que tiene que ver con la tergiversación histórica, lo que la generación de 1880 hizo con la gesta sanmartiniana: borrar la intención emancipadora y revolucionaria y transformarla en una guerra territorial.

–Han surgido muchos libros de historia que apuntan a costados no tan difundidos de la vida de los próceres. ¿Se acercan a ellos o al de la imagen de manual de escuela?–Hay dos posturas que creo que son igual de malas. Una, la de manual, donde los personajes quedan extremadamente planos, no hay conflictos, no hay motivos, no hay finalidades sino el hecho exacerbado: un San Martín en un caballo blanco, mirando cómo sus tropas dan libertad al continente. Después está lo que me gusta llamar chusmerío histórico, donde se reducen las personas importantes a meros entretelones de alcoba, y se banalizan de la misma manera estos hechos fundamentales. Nosotros incorporamos trabajos de investigación serios sobre San Martín, desde Mitre mismo en adelante. La investigación muy seria deja de lado sesgos ideológicos demasiado marcados que permiten pensar en la Revolución de Mayo como una revolución.