Intimidad de los parques
Comentario del libro "Polvo", de Gabriela Halac.
El blanco predomina en todas las páginas de Polvo. Los textos no llegan a cubrir la mitad de la superficie de papel, y las imágenes, distorsionadas, parecen estar a punto de desaparecer, como si fuéramos testigos de su disolución. Se nota que alguna vez esas imágenes fueron otra cosa o tuvieron una consistencia más real. Son, como todo el libro, una metáfora de la memoria. Gabriela Halac usa un lenguaje descriptivo, seco, y sin embargo transmite una sensación de poesía, una especie de tono que nace más del blanco y del silencio que de las palabras. Esa apuesta por el laconismo genera momentos de solemnidad al principio del libro, pero a medida que el relato se va, como las imágenes, desdibujando y disolviendo, da la impresión de que uno está habitando una intimidad, un paisaje hecho de recuerdos. Es un relato sin anécdota, una sucesión de escenas, de comportamientos casi secretos. Lo que sucede, sucede en el espacio en blanco, y si acaso hay una épica -porque el libro efectivamente comunica un sentimiento agónico-, se trata de la lucha de esas escenas por no desaparecer. La apuesta gráfica por el minimalismo acompaña esa gesta contra el tiempo: una blancura casi clínica, coherente con el ejercicio de identificación que emprende la autora, un esfuerzo por delinear, remarcar, limpiar el caos de la memoria para que resalte un significado no tan evidente. El recuerdo en este libro es una práctica de precisión, con el componente trágico de esas luchas que se saben imposibles, porque no se puede precisar aquello que es impreciso por naturaleza. Esa es la tragedia del detalle en el acto de memoria, la distancia entre el hecho y su representación, y es un drama que Gabriela Halac resuelve en la posibilidad de una epifanía, en la perspectiva de que eventualmente las cosas y los hechos se desdibujen y revelen su significado misterioso.

