Hubo barullo en el Olimpo
Calamaro y Cerati vinieron a Córdoba antes de mostrarse en Buenos Aires. Y dejaron huella.
Dos potencias del rock nacional actuaron en Córdoba con diferencia de horas y ni se saludaron. No es que haya mala onda, para nada. No coincidieron, eso es todo.Calamaro llegó el miércoles a la tarde con su nuevo compadrito, Adrián Dárgelos, y parece que se saltearon todos los capítulos del manual del rocker descontrolado: merienda - cena y a esperar que Morfeo haga de las suyas entre subidas al blog, lecturas. El día del show todo consistió en mantener el ritmo y la concentración; y al término de éste, mimar a una de las fans accidentadas por la caída de la cámara (se llevó un gran golpe, pero también el recuerdo de una charla y remera autografiada, "¿nos hará juicio?", se oyó por allí), un poco de camaradería de backstage y chau, a la suite una vez más para eyectarse a la blogósfera y comentar lo hermoso que es tocar en territorio "cuartefernetero".Andrés es la contracara de George Clooney, el personaje hollywoodense que reivindicó en escena. Mientras George dijo que preferiría un tacto rectal antes de tener su perfil en Facebook, nuestro Salmón se entrega manso a la posibilidad de que cualquiera chusmeé su intimidad en su blog, en sus perfiles.Los movimientos de Cerati fueron revelados por él mismo durante su concierto del viernes: "Vine en camioneta, a los pedos; tardé sólo seis horas. Tengo pánico a los aviones, y cuando puedo evitarlos, los evito". Así que "Gus" llegó el mismo día del show, cuando Andrés ya había partido para prepararse para su gran cita metropolitana: un Club Ciudad de Buenos Aires seguido por un Luna Park programado sobre el pucho.Si bien no se comportó como un party animal, Gustavo (también lo dijo al micro: "me gusta que me llamen por mi nombre") sí salió a surfear la noche. Pero antes, primer punto de contacto con su colega: antes de ir al club que lo recibió, entró a Twitter y tipeó "un placer tocar en casa, fantástico el Orfeo, Córdoba". No se entusiasme lector cordobés, fan incondicional de Cerati. "Gus" no tiene un campo por aquí como el romántico Axel, ni planea su retiro hippie en San Marcos. Lo de tocar en casa viene a cuento de que el show cordobés fue el primero en el país relacionado a Fuerza natural, ese disco supuestamente folkie pero que tiene muchos temas "pechadores". ¿O no? ¿Que cómo terminó la noche? Tomando Soda, seguro que no.CoincidenciasMercedes en el recuerdo. Tanto Calamaro como Cerati recordaron a Mercedes Sosa. Andrés lo hizo recordando que Los mareados fue el tango elegido por la tucumana para cantar en la serie de conciertos en el Ópera, ofrecidos luego de un exilio doloroso. Gustavo la recordó a la hora de Zona de promesas, la canción de Soda que compartieron en Cantora. El buen humor. Ambos se desempeñaron como entretenedores asequibles, queribles. Hicieron gala de un humor eficaz e inspirado; intentaron desacartonar siempre, sortearon la solemnidad. Calamaro sólo tensó la mano cuando preguntó si podía hacer un chiste sobre los Pomar. Felizmente, un asistente lo desalentó.DiferenciasHits versus capricho. Andrés no tiene conflictos en entregar lo que la gente fue escuchar, aunque también entregó joyas poco transitadas (Por mirarte y Jugar al límite). Gustavo, por su parte, parece empeñado en desafiar a los que le exigen temas de Soda Stereo. Apenas tocó uno (Zona de promesas) e insinuó otro (Azulado).Los coreutas. Andrés recurrió a los ex Bersuit Dani y Cóndor, hoy en De Bueyes. Con ellos afrontó el set tanguero en plan gargantas profundas. Gustavo eligió una mujer para el respaldo vocal. Y qué mujer, Anita Álvarez de Toledo. La uruguaya no tendrá una gran voz pero sí una actitud sexy y arrolladora que exalta todo lo que suena en el escenario. Buenas piernas, buen look.OpiniónSeamos odiosos: comparemos. Por Mario Postay (Empresario)Las comparaciones son odiosas, pero resultan tentadoras a la hora de analizar los shows de Calamaro y Cerati. Uno parece disfrutar del reconocimiento, de haberse convertido en objeto de adoración a partir de una seguidilla de hits, que puede cambiar por completo (hace tres meses, en México, el repertorio fue distinto en un 50 por ciento). La lista, en varios tramos, pude leerse previsible pero desató una fiesta para fans. Está perfecto. El otro está mas inquieto artísticamente, en constante búsqueda de variantes, empeñado en evitar el facilismo. ¿Hace falta decir quién es uno y quién es otro? Respeto ambas posturas, y las disfruté como espectador, pero no puedo evitar valorar más la batalla de Cerati en pos de la profundidad. Viví intensamente ambos shows. Fue un placentero, me sentí un privilegiado. Y más allá de valorar más a Cerati, no sé qué carpeta de MP3 abrir el lunes, cuando llegue a la oficina.

