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La hija de la aurora

"Poesía inédita reunida" rescata un puñado de textos de Glauce Baldovín, editados por el sello Las Nuestras. La intensidad por la que transitó la vida de la escritora es una clave para apreciar su valiosa obra.

11 de junio de 2011 a las 03:58 p. m.
Alejandro Mareco
La hija de la aurora
Glauce Baldovín (1928-1995) encontró en la poesía un lugar donde sobrevivir a sus abismos y a la locura.

Solidaridad, asombro, ternura. Era una tarde tibia del otoño recién amanecido de 1991 en la que Glauce Baldovín pronunciaba esas palabras como si cada una fuera una poesía en sí misma. "Son los tres sentimientos primordiales del hombre", decía, mientras el humo de un cigarrillo negro le incendiaba la boca.Una y otra vez llamaban a la puerta y Glauce la abría con entusiasmo por beber otro sorbo de besos y abrazos. Ese día comenzaba a dictar su taller literario, pero hacía ya un año que un caudal de afecto llegaba hasta su casa. Ella se sentía en andas de la plenitud. "Hoy no estoy viviendo, he resucitado. Por eso me siento feliz. Si vivir es hermoso, resucitar es la gloria", proclamaba.Había pasado una larga temporada en el infierno; casi una década internada en el instituto psiquiátrico Berman. Pero no sólo emergió con la vida latiendo con fuerza en sus venas, sino también con varios puñados de poemas, muchos de los cuales han dejado la penumbra y ahora ven la luz en el libro Poesía inédita reunida, editado por la editorial Las Nuestras y que llegará a las librerías en los próximos días.Aquellos años fueron los de su estigma, aunque pudo salir a la luz y andar bajo su amparo hasta que la vida se le escapó el 23 de agosto de 1995, a los 66 años.Volvamos a la tarde de otoño.El derrumbe, contaba, comenzó cuando en 1976, su hijo, mientras cumplía con el servicio militar, fue devorado por el país de las sombras: "No estoy de acuerdo con la palabra desaparecido. Mi hijo no desapareció: lo secuestraron y fueron los militares", nos decía. Luego, Claudio, su otro hijo, enfermó gravemente. "Estuvo seis meses internado. Lo exoneraron de la universidad y tuvo que irse de Córdoba, pero no pudo seguir estudiando. Tampoco pudo abandonar el país porque no teníamos dinero. Entonces fue que me quebré. En el '81 me arrojé a la pileta del alcohol. Y digo me arrojé porque nunca había probado una gota". –¿Cómo es ese infierno? –Es la confusión, la locura. Que me perdonen los psiquiatras pero la locura es eso, confusión. En el Instituto Berman me fui haciendo una vida propia y ya había decidido quedarme a vivir allí. Era una irrealidad enferma. Mi mundo fue crear un taller de lectura. Si no hubiese sido por la poesía, por la solidaridad de la gente, hubiera sucumbido. –¿Cuáles eran las sensaciones que la acosaban? –El sentimiento de culpa por haber caído en el alcohol y por mi debilidad. Creo que la culpa y el miedo marcan esta civilización monstruosa. Por la culpa y el miedo nos dominan.Esa mujer que llevaba el infierno en carne viva, era poeta y sonreía a puro verso empecinado. Desnudez de la existencia "Glauce Baldovín escribe desde otro lugar: pocos, como ella, lograron con economía de recursos o el uso de recursos tan parcos como el de la comparación o la prosopopeya, una expresión honda, cabal, con riqueza significativa y ajena tanto a la autocomplacencia como a innecesarios desbordes. Definitivamente alejada de la facilidad de lo meramente sensitivo, en su escritura vibra la desnudez de la existencia", dice Julio Castellanos en el prólogo del nuevo libro. El escritor también afirma que a ella "le estará reservada el destino de hacer que el viejo concepto de poetisa quede en la oscuridad: será nuestra primer gran poeta mujer". Es insoslayable la huella que su poesía abrió en Córdoba. Su primer trabajo publicado, El libro de Lucía, data de 1967, según consigna Livia Hidalgo en su semblanza incluida en el libro. Luego le seguirían El libro de Isidro, Yo Seclaud, La militancia. Por ese último, en 1972 debió haber viajado a Cuba para recibir el premio Casa de las Américas (uno de los más valiosos premios a las letras americanas), pero, acaso porque llegó un telegrama a su nombre procedente de aquel país, su casa fue allanada por la Policía y ella detenida, y ese antecedente obró para que le fuera negado el certificado de buena conducta necesario para salir del país. Entonces, la poeta militaba en el Partido Revolucionario de los Trabajadores, luego de haberlo hecho en el Partido Comunista.El sol fue su primera inspiración: cuando tenía 9 años escribió un poema y lo leyó en la mesa de la casa donde vivía junto a sus padres, abuelos y 12 tíos, en su Río Cuarto natal. Recibió su primer gran asalto: en una casa de inmigrantes y trabajadores había florecido la palabra. "Mi casa fue pobrísima, pero rica en historia e imaginación", nos contaría.La lumbre de la vocación ya no se apagaría, mientras entregaba su pasión a revistas culturales ( Mediterráneo, Vertical, Hoy en la cultura), aunque en el camino algo se quebraría: a los 28 años se cayó de un caballo y tuvo que pasar varios meses enyesada y en cama. Y fue en esos días, abrumada de silencio, que dejó de creer en los poemas que había escrito. Es que había sufrido demasiado intentando escribirlos: sentía que, para ser consecuente con sus ideas, no podía dejar de nombrar el martillo, la hoz, la paloma, la paz, el hambre. Los rompió uno a uno, sigilosamente, para no llamar la atención. A partir de entonces, su sensibilidad sería más poderosa que su razón.Vendrían más trabajos: De los poetas, Libro del amor, Libro de la Soledad, Con los gatos, el silencio, y otros. "Necesito al hombre. Sigo amándolo, odiando al miedo, a la culpa. Amando la solidaridad, el amor, el asombro, la ternura". Un legado La aparición de Poesía inédita reunida, estos puñados de palabras de Glauce Baldovín, es una buena noticia para Córdoba. Acaso ella, sus poemas, sean como dicen los últimos versos de Arte poética: "Y si esparces luz también de luz te alimentas pues nada hay en tus profecías tan importante como la claridad que lleva a convertirnos en hijos de la aurora. En sus principales combatientes.Luz en la tierra, luz en los corazones!Claridad quebrando las tinieblas, claridad en el cerebro!Es una de tus leyes y el legado para las nuevas generaciones: Sol en la poesía. La poesía vivificando al Sol. ¡Renovándolo!"