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Hambre

Una nueva entrega de la serie de microficciones. En esta oportunidad, un relato de Juan Ángel Izquierdo.

21 de agosto de 2010 a las 03:52 p. m.
Juan Ángel Izquierdo
Hambre

Allí estaba yo, parado en la cocina de la casa de mi padre, con sus gemidos, taladrándome la mente, destruyéndome de a poco, aturdiéndome. Gemidos de muerte, como los gemidos de mi madre que me habían destruido alguna vez allá en Santiago, en el miserable rancho de adobe y paja, en el cual mi madre agonizaba, muriéndose lentamente, de hambre.¡Hambre!... esa palabra había sido como un hermano durante mucho tiempo, que me acompañaba a todos lados atormentándome con el rugir de mi estomago.Yo tenía ocho años y cuidaba a mis hermanos, en el lugar que ese hombre, al que yo no podía llamar padre, nunca había ocupado. Él nunca estaba, sólo regresaba de vez en cuando para emborracharse con sus amigos, golpearnos a nosotros y a mi madre, comerse lo poco que teníamos y dejarnos otro hermanito más. Esto era frecuente y yo, el hombre de la casa, había aprendido a aceptarlo; hasta que un día sucedió lo que me marcaría para siempre: mi madre había realizado un trabajo importante para la fiesta de un matrimonio en una casa del pueblo. Le habían pagado bien y para festejarlo había decidido hacer unas empanadas; para nosotros, que comíamos pan duro todos los días, eso era un lujo. Estábamos muy ilusionados.El domingo a la mañana, en pleno preparativo para armar empanadas, llego mi papá en su bicicleta y nos dijo que necesitaba llevarse las empanadas a la cancha de bochas donde estaba con sus amigos, porque tenían hambre; mamá se opuso una vez, dos veces y la tercera vez cayó al piso con un ojo magullado. Nosotros no podíamos hacer nada, estábamos inmovilizados por el miedo. Recuerdo muy bien la imagen de cuando se fue, con la olla del relleno colgada del manubrio de la bicicleta y el bollo de masa en una bolsa, dejándonos destruidos. ¿Cómo un hombre podía ser tan cruel y despiadado? Con mi edad yo no podía entenderlo; y acá estoy con todos mis recuerdos y con él sentado frente a mí.Hace una semana que estamos así, él sentado, maniatado y gimiendo como un perro, de hambre y miedo; yo, con el revólver en la mano, tomando mate, pensando en todo esto y aparentando una tranquilidad que no tengo interiormente. El cadáver de mi madrastra en el suelo con los ojos idos y un tiro en la cabeza; y el plato de comida junto a un vaso de agua frente a mi padre, que puede oler la comida y verla pero que desde hace una semana no ha podido tocarla.Así estamos los dos, yo no le hablé en ningún momento pero él sabe el por qué de esto. Él y su conciencia lo saben bien; saben que si el hambre no me hubiera acompañado siempre hasta los dieciséis años y mi madre no hubiera muerto asediada por él, esto no hubiera pasado. Sabe que todo el mal que hizo está personificado frente a él, acompañándolo en las últimas horas de su maldita vida.El autorJuan Ángel Izquierdo nació en Córdoba y tiene 19 años. Cursa la Licenciatura en Comunicación Social en la Escuela de Ciencias de la Información de la Universidad Nacional de Córdoba. No tiene obras publicadas.Envianos tu cuentoDesde este domingo, VOS refuerza este espacio para la publicación de narrativa breve con una convocatoria abierta. ¿Cómo hay que hacer? Podés enviarnos un cuento que no supere las 500 palabras a la siguiente dirección de correo electrónico: [email protected]. También necesitamos un currículum corto.Los elegidos. Los cuentos recibidos serán seleccionados por un equipo de editores, y los elegidos se publicarán los domingos en la contratapa de VOS.