Gran Hermano por dos
Miradas opuestas a la nueva edición del reality que se emite por Telefé.
La vida misma usa TwitterYamila Zuban Gran Hermano se convirtió, a fuerza de estilo y años, en el reality televisivo por excelencia. El formato del programa fue cambiando y adaptándose a los nuevos tiempos. La novedad de poder acceder en 140 caracteres a los pensamientos más profundos de cada "hermanito" vía Twitter, la variante de ver a través de la Web todas las intimidades de la casa las 24 horas y la inmediatez con que se reproducen los momentos más álgidos a través de YouTube acercan esta versión a nuestra vida misma: el ojo del Gran Hermano está conectado y ya no necesita la exclusiva de la pantalla chica. Estos "hermanos" también son diferentes a los que ingresaban en los primeros años; conocen el juego, saben a lo que van y saben cómo lograrlo. Están dispuestos a exponer su intimidad y revelarla en cuentagotas, según lo vaya requiriendo el suspense y las condiciones del juego. Esto, lejos de desmerecer al show, lo hace más atractivo.La humana necesidad de mirarnos a través de otros es lo que hace exitosos a los reality en general y a este Gran Hermano en particular. Conflictos sexuales, mamás solas, pasados difíciles; esta versión lo tiene todo y sus dramas están más actualizados que nunca. Un Alejandro Iglesias, el muchacho que nació con disforia de género, hubiera sido un personaje impensado hasta hace unos años. Pero como bien dijo Verónica Lozano en AM: "Hoy ya no impacta el sólo hecho de ser gay".Según pasen los días, cada participante dejará asomar su historia. Las horas de encierro cumplirán también su cometido, se irán cayendo los personajes para dejar asomar la verdadera personalidad. Y la casa irá generando su efecto.Nos subyuga mirar. Quizás sea parte de un morbo natural. ¿Qué haríamos si tuviéramos acceso irrestricto a la intimidad de la casa de nuestros vecinos? Miraríamos. La casa más famosa nos seduce exponiéndolo todo. Y en esta versión el gran ojo promete estar más atento que nunca.La industria del morboDaniel SantosGran Hermano es patético. No porque una veintena de personas que no tienen nada mejor que hacer decida convivir en la Casa y convertirse en "famoso" (fama que durará un abrir y cerrar de programa, claro), sino porque la selección de participantes es adrede golpebajista. Eso expone la manipulación a la que estos chicos lindos y aparentemente atormentados son expuestos. Nadie los obliga, lo eligieron. Amontonados por el viento del rating conviven un gay, una lesbiana, un chico con disforia de género, un jugador compulsivo, una chica que trabaja en una morgue, jóvenes abandonados por sus padres, madres solteras, mujeriegos, apenas vagos, mujeres que se hicieron cargo de hermanas adictas.La gente ya conoce su historia, o parte de ella, pero sus compañeros de casa no. Ahora hay que ver cómo esas verdades incómodas son puestas en pantalla, en qué momento. Y el morbo por ver qué se comenta mueve las agujas del rating. Por ahora, un poco. Pero, como siempre, a medida que los participantes se meten en las casas de los televidentes, el interés irá en aumento. GH no es como la vida misma. No es la vida común puesta en la tele a convivir las 24 horas del día con nosotros. Es la utilización de dramas personales al servicio de un programa de televisión. Galas, expulsiones, miserias, complots, alianzas, peleas, noviazgos y sexo seguro (seguro que habrá, no se sabe si se cuidarán).Les dan tres camas a las 10 mujeres y tres camas a los 10 tipos para compartir. No es la vida misma. Es la industria del morbo a costa de un grupo de chicos que creen que esto les dará posibilidades de algo.No hay que saber cantar, no hay que saber bailar, no hay que saber actuar, no hay que saber hacer nada. Sólo mostrarse, y al más freaky le llegará su premio. Si no sabe explotar sus miserias, la expulsión lo espera.Y en el confesionario de la vida misma no habrá un Gran Hermano para escucharlo. Ni una cámara de televisión que lo mime.