Giconda Belli: Revolución femenina
La nicaragüense Gioconda Belli se refiere a “El país de las mujeres”, novela escrita en tono de sátira sobre una nación dominada por ellas.
El país de las mujeres, de la nicaragüense Gioconda Belli, propone un gobierno de féminas en tono de sátira, humor, realismo y bajo la convicción de que otra política es posible, basada en la "experiencia ancestral de maternizar" el mundo.Viviana Sanzón llega a la presidencia de Faguas ayudada por un imprevisto de la naturaleza que afecta las hormonas masculinas y de la mano de sus correligionarias, las "eróticas", integrantes del Partido de Izquierda Erótica (PIE), decidida a "limpiar" el país y "dejarlo reluciente", luego del "fracaso" de tantos gobiernos de hombres y dado el "estado de ruina" imperante.El nuevo gobierno proclama el Día de la Igualdad en Todo Sentido y decide mandar por seis meses a los hombres a sus hogares a realizar las tareas domésticas, e incluso se organiza un desopilante reality show de amos de casa.Ninguna otra escritora de América latina podía haber escrito una ficción semejante, apoyada con "documentos" históricos, comentarios de blog, artículos periodísticos y proclamas. Resulta evidente que Belli, a los 62, con la sensualidad a flor de piel, vuelca las múltiples facetas de su experiencia personal acumuladas en una vida apasionada.La poetisa temprana que escandalizó a la alta sociedad de Managua, la guerrillera sandinista que bajo el nombre de Justina luchó contra el régimen de Somoza y conoció el exilio, la funcionaria revolucionaria, la militante desencantada que rompió con el "danielismo" (como llama a la política de Daniel Ortega), la escritora prolífica, y, sobre todo, la mujer, la madre de cuatro hijos y la abuela. Todo eso representa Gioconda Belli. De hecho, el PIE surgió en la década de 1980 cuando la autora de Línea de fuego y un grupo de compañeras soñaban con darle un rostro femenino a la revolución nicaragüense. "Lo que nosotros queríamos era que la agenda de la revolución incluyera la problemática femenina, las reivindicaciones de la mujer. Porque lo que suele suceder en las revoluciones es que, cuando estás en la lucha, no importa el género pero, cuando se trata de la distribución del poder, las mujeres pasamos siempre al segundo plano", explica Belli, en su charla con La Voz del Interior, convencida de que la féminas "somos bien generosas".Belli propone "ideas para que retomemos nuestro lugar en la sociedad y salvemos al mundo de sí mismo" e invita a sus congéneres a entrar a partidoizquierdaerotica.com para "producir ideas y ver como hacer que este libro se haga realidad y que la realidad se parezca a la ficción".Por las dudas, aclara: "No necesito ser presidenta, creo que en el poder de la palabra y con eso me quedo satisfecha".–¿Cuál es el eje central de su nueva novela?–Plantea que las mujeres tenemos cualidades extraordinarias y que la sociedad debe usar por dos razones. Una porque no es posible que en este siglo sigamos admitiendo como humanidad la discriminación, la marginación y el abuso que hay contra las mujeres. Por otro lado, el desarrollo del potencial femenino puede significar un cambio muy importante en la manera en como administramos los bienes con los que vivimos: la tierra, nuestro amor, calidad humana. Las mujeres tenemos una experiencia ancestral y milenaria de cómo cuidar y maternizar, que en este momento el planeta lo necesita mucho. Mi libro plantea cómo hacer para que lo público y lo privado coexistan, no se sigan separando, para que el hogar y el trabajo lleguen a un acuerdo mutuo en que una función tan esencial, como la reproducción de la especie, se siga realizando de una manera más integral con el resto de nuestra vida.–La idea de fundar el PIE fue real hace muchos años. ¿Necesitó acumular distintas experiencias o no tuvo tiempo hasta ahora de escribirla?–Por un lado, necesitaba acumular experiencia. Por ejemplo, La mujer habitada la tuve en la cabeza por 15 años. En el caso de esta novela, tuve la impresión de las primeras páginas como 10 o 15 años antes de escribirla, pero me faltaban elementos. Lo lindo de la novela es el proceso de descubrimiento de tu propia creatividad. El libro que más me ha costado es el de memorias, El país bajo mi piel, porque sabía lo que iba a pasar y no había excitación por descubrir cómo iba a resolver tal situación o tal personaje. Para mí siempre es una sorpresa, aunque yo sea la que mueve los hilos, los personajes a veces toman direcciones impredecibles. Y eso es bien bonito.–¿Se mantienen los mismos paradigmas masculinos de ejercicio del poder en las mujeres que gobiernan en América latina?–Pienso que se mantienen los paradigmas y que la mujer se ve forzada a hacerlo para que no la acusen de ser mujer. Porque existe una culpabilidad que tenemos las mujeres, totalmente inconsciente pero bien interiorizada, de ser mujeres y de sentirnos que no estamos aptas para hacer ciertas tareas. Es bien importante que las mujeres estén penetrando en esas esferas de poder, porque a medida de que penetremos se van a ir cambiando, porque las mujeres sí somos diferentes. Tenemos un planteamiento diferente del poder pero no lo conocemos bien todavía. Mi novela intenta decir cómo podría ser un poder femenino y en qué se diferenciaría del poder masculino y como se reflejarían en el ejercicio del poder esas cualidades que tenemos. Trato de crear con este libro una realidad imaginaria porque pienso que tiene un enorme peso simbólico, con humor, sátira, divertida, y uno empieza a pensar ¿por qué no?.–Dilma Rousseff en la campaña prometió cuidar a la sociedad brasileña como madre y abuela, como lo que proponen las eróticas. ¿Cree que puede lograrlo, luego de una figura tan fuerte como Lula?–Sí, si se plantea transformar un poco, porque estos son cambios graduales, no de un día para el otro; son siglos de permanencia de un sistema que nos ha condicionado mentalmente. Lo puede hacer alguien con la suficiente sabiduría y valentía para no amilanarse ante el riesgo de lo que significa el costo personal. Lo que sucede en política es que quien ejerce la función se preocupa tanto por la supervivencia de su rol personal, que no se atreve a arriesgarlo todo. Defienden la silla, la imagen, las encuestas.–Si las cosas del hogar son una tarea compartida, ¿es un peso que se le quita al hombre?–Claro, porque el hombre no tiene que ser el ausente, llegaría a disfrutar más de su participación en el hogar. En el reality de los hombres campeones domésticos, ellos se dan cuenta de que el problema no es hacer las tareas del hogar sino hacerlas todos los días. Si tenés a alguien que hace la mitad, entonces no es tan pesado.Utopía y realidad–¿Es una utopía lo que propone la novela?–Tengo mi reserva en llamar utopía a lo que planteo porque me parece que son cosas que se pueden hacer. Las guarderías infantiles debieran haberse hecho hace mucho. Cómo es posible que las mujeres nos hemos integrado al trabajo y que todavía sigamos cargando la maternidad como un impedimento y no tengamos el apoyo de la sociedad que nos recibió como fuerza de trabajo para que esa otra función que realizamos pase a ser compartida con los hombres, los padres. No es posible que cumplir el rol maternal signifique la exclusión de gran parte de la sociedad, de mujeres educadas, capaces y que se ven en la disyuntiva de dejar el trabajo para atender al niño. No es utópico dar clases de maternidad, posiblemente sea la tarea más pesada y de mayor responsabilidad, y nadie nos enseña.

