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Fred Hersch, el equilibrado

Fred Hersch toca en Córdoba. Lo hace en trío, con Matt Penman y Nasheet Waits.

05 de diciembre de 2009 a las 12:13 p. m.
Fred Hersch, el equilibrado
ENTRE POCOS. Fred Hersch es uno de los pianistas más destacados del jazz actual.

Equilibrio. Entre jazz, vanguardia y música clásica. Entre técnica, imaginación y sensibilidad. Entre demencia, lucidez y desvarío. Entre decir, callar y escuchar. Entre pensar, esperar y actuar. Entre tocar, enseñar y aprender. Entre Glenn Gould, Ahmad Jamal y los tenores del be bop. Entre standars, música original y \'aquí y ahora\'. Entre pasado, presente y futuro. La música de Fred Hersch representa eso: una trinidad mundana en movimiento perpetuo, que se busca, se encuentra, se aleja, se superpone, interactúa y casi nunca se mezcla. Se trata de uno de los pianistas más importantes de una actualidad que comenzó hace bastante, en 1984, con Horizons, un disco en trío con Marc Johnson y Joey Baron, y se prolongaría después en más de 30 trabajos personales, con variadas formaciones y distintos repertorios, uno bien diferente de otro y sin duda parte de una misma obra. Tocó con varias generaciones de músicos del jazz y sus alrededores, desde Joe Henderson, Toot Thielemans y Gary Burton hasta Bill Frisell y la soprano Reneé Fleming. Admira a Paul Bley, Herbie Hancock, Martha Argerich y Sviatoslav Richter, y  entre sus alumnos están Brad Mehldau y Ethan Iverson (el pianista de The Bad Plus). Fred Hersch toca en Córdoba. Lo hace en trío, con Matt Penman y Nasheet Waits.Equilibrio entre piano, contrabajo y batería.

Acá viene la parte en que se pide al lector –¿tendrá lectores de este blog?– que nos escriba para manifestar con total libertad cuál es el pianista de jazz –solo de jazz ¡¿eh?! no vengan con huevadas…– que más le gusta, de manera de permitirnos establecer una lista de jerarquías en el gusto del público.

Con profundas dudas acerca del significado actual del término “gusto” y muchas más acerca del uso que se puede hacer del concepto de “público”, me permito aconsejar al eventual lector que deje los concursos para las kermeses y cuando decida escuchar a un pianista, o lo que fuere, se abandone a una “escucha abstracta” –sin mejores ni peores, ni buenos, ni malos, ni arribas ni abajos– y descubrirá, si aún no lo hizo, que las relaciones entre música y escucha están hechas de circunstancias, casualidades incomprensibles y complicidades inexplicables que ninguna lista sería capaz de jerarquizar. Después, si le quiere agregar un toque de “contexto histórico” sería lo ideal.

No escriba y siga escuchando y vaya el domingo 6 a las 20.30 al Teatro del Libertador, pague lo que sea y escuche en vivo –escuchar un disco tiene más sentido después de haber escuchado a su intérprete en vivo– a un gran artista. Usted se lo merece.