Filosofía slow food
Resguardar la cultura gastronómica y oponerse a la estandarización del sabor. En Córdoba ya abrió un convivium con esta y otras premisas.
Recuperar los valores de la buena comida -variada y sana-, así como disfrutar del encuentro alrededor de la mesa para fortalecer los vínculos y compartir en armonía, es parte de la propuesta del movimiento Slow Food.Comer es sentir en un bocado infinitos sabores y la experiencia de quien cocina con tranquilidad. Comer, es también, el punto de partida para pensar sobre el origen y el trabajo que hay en la producción de alimentos. Identificados con la imagen de un caracol, sus seguidores no apuntan a la lentitud, sino a manejar los tiempos y modos de vivir en sintonía con el lugar al que pertenece cada comunidad. Se trata de evitar en el día a día, el estilo fast food que impone la economía de escala, donde se transforma los alimentos, se estandariza lo que se come y por lo tanto, se iguala el gusto de la mayoría."De esa manera se perjudica la salud", afirma Grabriel Reusa, organizador de Slow Food Córdoba. "El hombre es naturalmente omnívoro -explica- y se nutre de la variedad y en este sentido, hemos sufrido una involución alimentaria en los últimos 50 años".Con todas las letras se oponen a los alimentos transgénicos, porque se modifica su esencia y, como en el caso de la soja, para obtener grandes cantidades y en zonas donde no crecería naturalmente, se acaba con el patrimonio gastronómico de nuestra tierra.
Experiencia de probarA la hora de rescatar sanas costumbres, un primer paso es sentarse a comer con tiempo, y saborear platos memorables con el aderezo de las anécdotas del día, extendidas en una buena sobremesa. Dicho de otra manera, que la mesa familiar sea un lugar de paso, es algo que hay que erradicar definitivamente.El pretexto de "eso no me gusta, nunca lo comí", sobre todo en los chicos que anulan alimentos por su color o aspecto, no debe ser una costumbre que quede instalada. De esa manera, se incentiva a que siempre pidan y coman un reducido grupo de productos y, muchas veces, a que los grandes del hogar, se alimenten con lo mismo para agilizar el tramo alimentario.Por más oposiciones que haya, hay que ir educando en el gusto, intentar una y otra vez que prueben y siempre sobre alimentos variados. Por suerte, todavía la Argentina tiene un patrimonio gastronómico variopinto y sería una pena dejarlo pasar."De educar y entrenar el gusto somos ciento por ciento responsables", remarca Ruesa, dado que otros sentidos como la vista o el olfato, son en parte, involuntarios, pero lo que probamos decidimos llevarlo a la boca y puede ser una experiencia placentera.
Bocas conscientes"El fast food despersonaliza, es como pasar por una estación de servicio", compara Ruesa. Por eso, antes que comer, la filosofía Slow Food subraya la necesidad de compartir en lo que denominan "convivium": grupos que están dispuestos a rescatar los vínculos entre las personas y su relación con la biodiversidad.Para escapar a la estandarización del gusto, primero tenemos que recuperar la conciencia sobre lo que comemos y la cadena de producción que hace que los alimentos lleguen a la boca.La visión es que no seamos consumidores, sino coproductores de alimentos, conformando una alianza de personas que se alimentan a conciencia y con responsabilidad social."Cuando se elige un producto y se sabe que con eso uno motiva la producción local, se genera un beneficio social y para el ambiente y uno se convierte en coproductor y no es un simple consumidor de lo que viene dado", explica el referente cordobés.Así, podemos ir en el camino de mejorar nuestro estilo de vida, sobre la base de una alimentación sana, limpia y justa, con un alcance social que aspira a una distribución equitativa entre productores, distribuidores y consumidores.
Con sabor local"Slow Food considera que el placer que nos procuran bebidas y alimentos de excelencia ha de combinarse con los esfuerzos por salvar las innumerables variedades tradicionales de cereales, legumbres y frutas; las razas animales y productos alimentarios que corren riesgo de desaparición por la imposición de una alimentación sometida por la comodidad y las industrias del sector agrícola. Slow Food trata de proteger ese nuestro inestimable patrimonio gastronómico". Fuente: slowfoodcba.com.ar Entre los proyectos de la organización, cuenta Gabriel Ruesa que tienen pensado rescatar el sabor y la producción de la tuna y el chivito de Quilino.
Principios slow- No significa deshacerse de responsabilidades, sino asumir otras distintas, como el cuidado en la elección de los alimentos y su cadena de producción.- No supone vivir relajado, ni oponerse a la evolución ni al confort; por el contrario, implica saber elegir y sentir el placer de una amplia gama de productos.
¿De qué se trata la leche?Por increíble que parezca, la respuesta de un chico a la pregunta ¿de dónde viene la leche?, puede ser "del supermercado", o incluso, "de China".Esa es parte de la experiencia que cuenta Gabriel Ruesa sobre los talleres de educación del gusto que realizan en escuelas y a su juicio, tiene que ver con que los chicos están muy alejados del origen de los alimentos, desconocen su producción y las etapas que recorren hasta llegar a las góndolas donde todo lo encuentran. Lo que sí parece que tienen en claro, es que a Córdoba llega mucho producto importado.Los talleres apuntan a que los chicos participen en la cata de alimentos, organicen huertas escolares y a que ellos mismos cocinen."Lo que no se conoce, no se valora y tampoco se tiene en cuenta el trabajo ajeno", sintetiza Ruesa.

