Especie en extinción
Coco Silly llega a Ciudad de las Artes con “La cátedra del macho”. Su personaje híper masculino se multiplica en la radio, la TV y el teatro.
Hay dos opciones ante el personaje de Coco Silly: o te causa mucha gracia esa sátira de hombre de las cavernas amamantado con bife de chorizo, o te cae soberanamente mal. Hay una tercera opción, que es la de tomártelo al pie de la letra, cosa que puede enfurecer a algunos o (lo que es peor) hacer reír por identificación a otros (esos que creen que la virilidad es un legado inmortal). Él dice que este último caso no existe. Ojalá. "Tenés que ser muy raro para creer que es en serio", aclara él, que este sábado 4 de setiembre llega a la sala principal de la Ciudad de las Artes con su ya célebre La cátedra del macho . Ese ejemplar demodé de la masculinidad argentina que el actor lleva al extremo de la ridiculez puede ser toda una comidilla con sus afirmaciones de barrio, una bocanada de choripán entre tanta cocina molecular. Todo empezó un día que fue invitado al programa de Elizabeth Vernaci en Rock & Pop. Por entonces estaban como columnistas Fernando Peña y Humberto Tortonese y Silly sugirió que "hacían falta machos". La broma siguió un tiempo hasta que Silly finalmente tuvo su columna.El guiño se transformó en un personaje, adaptable a la tele y al teatro. Debutó en el Chacarerean, pasó por la calle Corrientes y ahora está de gira. En lo que sigue, actor y personaje se van intercalando. En el diálogo, el personaje se adivina por un ligero cambio de tono. En la transcripción, hay que descubrirlo en esas "barbaridades" tan anacrónicas que son simpáticas.–¿Cómo te va en el resto del país con la cátedra?–La gente la pasa bien, y para mí es un placer. Es sólo un espectáculo para hacer reír, a veces adopto algunos yeites del lugar en el que lo presento, pero es básicamente igual. –¿Hay alguna característica distintiva en el macho federal?–No particularmente, pero parte de esta gira tiene que ver con un trabajo de prevención que hacemos en la cátedra. La gira es un gran trabajo de prevención porque el aputozamiento se ha generalizado de una manera espantosa, estamos tratando de prevenir a nuestros compañeros del interior del país, advertirles a tiempo. –¿Cómo es ese código? –La cátedra no es ni mataputo ni machista, tiene que ver con códigos, está en contra de la modernidad, del aputozamiento general, es un gran juego, un gran chiste. Nuestro enemigo es la modernidad y el aputozamiento, el sushi, este intento constante de transformar al macho en un metrosexual.–¿Este personaje rescata el perfil perdido del hombre argentino de barrio?–Sí, del verdadero galán, por el que todas las minas mueren.–¿Cómo responden las mujeres al show?–Es rarísimo, pero de 130 mil funciones, calculamos que 70 mil fueron mujeres, casi el 55 por ciento, una mayoría, algo que nunca hubiéramos esperado. Vienen muchas en grupo. Debe ser por este cuerpo irresistible que las atrae.–¿Alguien se toma en serio esta sátira?–Algunos críticos hicieron un análisis literal de esto. Como el otro día, una mina de un suplemento femenino hizo una crítica despiadada. Le respondí por mail diciéndole que había hecho un análisis literal y este espectáculo con esa visión no resiste ni 30 segundos. Con ese criterio, a Otelo habría que meterlo en cana por matar a la señora. No se pueden hacer análisis literales de hechos artísticos, porque el humor se hace en los extremos.La cátedra en TVLa cátedra está presente cada noche en Animales sueltos , el programa que conduce Alejandro Fantino por América. Coco dice que la supuesta pelea con Lola Ponce fue apenas un malentendido en Twitter. "No fue real, pero otras peleas deben ser en serio, otras armadas. Muchas de las de Tinelli deben ser armadas, por ejemplo". ¿Es inevitable hablar de Tinelli en los medios? "Aparentemente sí, todo se retroalimenta de lo mismo. En nuestro programa, a mí me cansa un poco, es una picadora de carne, todo el tiempo nuevo, y dale, y bomba". ¿Participaría? "Me ofrecieron una vez pero al final no arreglamos. En principio creo que no podría estar ahí por mi carácter, me cuesta jugar ese juego y, si en algún momento me lo creo, no va a estar todo bien. No sé manejar esos límites entre ficción realidad, yo soy de tener reacciones barriales", cierra el actor.