Elogio de la habitación
Vila-Matas se obsesiona con James Joyce y el Bloomsday en "Dublinesca", su más reciente novela, sólo para descubrir que al fondo de todo acecha Samuel Beckett.
Si en París no se acaba nunca Enrique Vila-Matas (Barcelona, 1948) evocaba su sufrida (pero feliz) iniciación literaria en el mundo francés, en Dublinesca, su más reciente novela, el autor plantea un incuestionable reverso: Allí Samuel Riba, un editor retirado, gira el timón hacia Irlanda (y el universo angloparlante) en un viaje tenebroso en el que se ponen en juego la vejez, la muerte y el destino final de todas las cosas
Obsesionado por el Ulises de James Joyce (y por James Joyce), Riba se propone acudir al festejo del Bloomsday irlandés en Dublín para hallar allí de paso todo aquello que siempre persiguió, sin éxito: un autor genial, distinto a todos los demás, que justifique su vida como editor. Figura imposible que, a medida que la historia avanza, acecha a la manera de un fantasma, una sombra lánguida y temible que reaparece en cualquier lugar. Pero ese no es el único fin de Riba; éste también pretende encontrar su "centro del mundo", comprobar la veracidad de un sueño premonitorio y practicar un (jocoso) funeral por la literatura misma en pleno reinado de la era digital.
Como el mismo Vila-Matas desliza dentro de Dublinesca a la manera de una mini-teoría sobre la novela ideal del futuro, la historia de Riba cumple con cinco requisitos fundamentales, entre los que se cuenta la escritura "vista como un reloj que avanza". Reloj que, al hacer sonar sus campanadas de clímax final, revelará que en el fondo no hay teorías, no hay grandes cuestiones por los qué preocuparse, salvo aquellas pequeñas luces y sombras domésticas que rondan a diario.Porque Dublinesca acaso sea, a pesar de su cándida hibridez, la novela más "realista" de Vila-Matas. Más allá de todo viaje, lo que queda es el escritor (o el editor) y su habitación, el mundo secreto que sólo surge en el aislamiento (cotidiano). De allí que tanta travesía remita en última instancia a un mero transcurrir banal, a una novela sobre nada (y, por eso, sobre todo), en la que ningún reloj avanza. Riba es adicto a la PC, bucea en Google y contempla una lluvia eterna (¿la secreta protagonista de la historia?) a través de la ventana. Así, descubrirá que la verborragia de Joyce lleva al mutismo de Beckett, y que el mundo actual (para bien o para mal) no está hecho para patéticos funerales, sino para una vida rasante y silenciosa en la que, de vez en cuando, algún fantasma emerge.
DublinescaEnrique Vila-MatasSeix Barral 2010$ 79

