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El tiempo se les canta

María Creuza y Toquinho celebraron en el Orfeo los 40 años del concierto que dieron junto a Vinicius en La Fusa. Ante tres mil cordobeses, ofrecieron un show lleno de nostalgia y alegría.

19 de junio de 2010 a las 05:41 p. m.
El tiempo se les canta
María Creuza y Toquinho propusieron un viaje por la bossa nova y el tango.

La memoria como ejercicio de felicidad: el emotivo homenaje a Vinicius de Moraes que montaron el viernes María Creuza y Toquinho en el Orfeo fue un ejemplo de algo que florece sólo en modos brasileños de la existencia: una nostalgia alegre, una melancolía que se baila con pasitos suaves y una sonrisa de oreja a oreja. Los dos referentes de la bossa nova repasaron el histórico concierto de 1970 en La Fusa, junto al poeta mayor de la música brasileña, y transportaron a tres mil cordobeses en el tiempo, hacia un lugar y una época en la que todo Brasil parecía caber en una guitarra y una garganta.Creuza y Toquinho se repartieron responsabilidades: ella abrió el show con una simpatía demoledora, a pasos lentos pero sin resignar ni medio centímetro de gracia ni de taco alto. Él lo continuó con su habitual virtuosismo en la guitarra, y su capacidad de plática seductora. Ambos lo cerraron en un clima de fiesta. Respaldados por un trío sólido de bajo, batería y maravilloso piano, repasaron los clásicos Chega de saudade, A felicidade, Que maravilha, Berimbau consolacao, y junto al cantante Santiago Burastero saludaron al tango con versiones bossa de Uno y Yira yira. Toquinho hizo una impresionante versión de El día que me quieras. El resultado fue una precisa geografía de la memoria musical argentino-brasileña.Entre canción y canción, como en el disco de 1970, músicos y público intercambiaban algún diálogo. Toquinho hizo reír a todos con una anécdota sobre Marcelo Mastroiani, y explicó su particular concepción del rol del guitarrista: "Para mí, está primero el guitarrista, después el compositor, después el intérprete… y después el ser humano. Pero lo primero es la guitarra".Al recuerdo constante de Vinicius (Toquinho lo definió como "un ser agregador") se le sumaron los fantasmas de Jobim y Joao Gilberto, frente a un público que coreó con recato Vocé abusó y pidió más bises después de mover la patita con Tonga da Mironga. Estaban emocionados: la mayoría de ellos había visto nacer la bossa nova y ahora tenían a dos de los padres muy cerca. Y no se querían ir. Pedían un poco más de nostalgia y alegría, un poco más de Brasil.