El sentido del papel
“Aliento de ácaros” se presenta los sábados y domingos en La Cochera.
¿Qué sentido tiene hoy el papel? ¿Qué papel juega el sentido? El anverso y reverso de ambas preguntas surge en Aliento de ácaros, el segundo de los estrenos con los que La Cochera está celebrando sus 25 años. La inquietud va dirigida a los libros, a los océanos de papel de las bibliotecas, a la tinta impresa.En épocas de experiencia virtuales e inmediatas, la obra que dirige Paco Giménez no intenta un homenaje al libro dando por sentado su entidad intelectual, sino que lo interpela: ¿Hay verdad en ellos? ¿Para qué sirve un ladrillo de hojas?En plena discusión sobre el estado del Archivo Histórico de la Provincia de Córdoba, la primera escena resulta oportuna. En la oficina de un archivo, plagada de cajas de cartón con documentos, dos mujeres (Alejandra Toledo y Florencia Cisnero, de Balbuceando) recuperan libros antiguos con precisión quirúrgica. Como enfermeras del documento, se preguntan qué es leer, qué es la lectura. Y la teoría de la intertextualidad se hace carne en sus voces, en sus citas a autores y obras, desde Martín Fierro a Teresa Andruetto.Pero nada de convertir el texto en un documento sagrado, ni a la biblioteca en un templo solemne. El orden de la escena se camotiza con el ingreso de Galia Kohan y Estrella Rohstock (Los Delincuentes), que como brujas desquiciadas revuelven todo y añaden más preguntas. ¿Se puede investigar el deseo en la lectura, como lo hace Roland Barthes, o sólo se experimenta ese placer al hundir nariz e imaginación en las páginas?El poder de las letrasAsí, la obra va cuestionando y hurgando en el poder de las letras y el rol del significado y, sobre todo, en el vínculo físico entre lector y libro. En el escenario, el cartón y el papel rodean a los personajes y los libros que al principio son tratados con tacto de cirujano, luego vuelan por los aires, caen, estallan contra las paredes. Los libros se leen, se devoran, se palpan, se doblan, se pisan, se tragan, se rayan.Fernando Belzagui irrumpe para dar cuerpo y voz a los textos, recuperando el rol del recitador, del orador, entre citas de El banquete de Severo Arcángelo, de Leopoldo Marechal. Así, de a poco, en la escena el orden del archivo muta al caos, y el vínculo físico de los libros con el lector se indaga desde diálogos como palimpsestos, el trabajo con la música y las canciones, y recursos audiovisuales que se imprimen sobre los cuerpos.Hay algunas costuras gruesas que alteran la dinámica y algunos subrayados demasiado literales sobre las diferencias de la tinta y la tecnología del E-book.Aún así, en Aliento de ácaros hay muchas ideas, muchas preguntas, un acercamiento a la lectura con humor, ternura, y apasionamiento.Más que una oda inmaculada al libro como objeto sacro, hay un rescate del placer de la experiencia sensible y múltiples inquietudes sobre el rol de los textos en la historia personal, la del país, la del saber o, incluso, de la ignorancia.

