El señor de los espejos
Carlos Dámaso Martínez presenta mañana su nueva novela, "El otro tiempo", editada por Del Copista.
Dos hombres frente a un mismo destino, en diferentes momentos de la historia. Uno de ellos es creación del otro, que a su vez no deja, claro, de ser creación de otro. En la nueva novela de Carlos Dámaso Martínez la escritura es un artificio que replica de un modo borgeano una puesta en abismo de la condición moderna. El autor de Hay cenizas en el viento , Hasta que todo arda , La frontera más secreta y El amor cambia , entre otros libros, reafirma en su última novela su proyecto narrativo de tradición canónica (Borges, Cortázar, Saer...) y se permite, en la acumulación de detalles descriptivos, una mirada crítica sobre el presente. Pero El otro tiempo no es, justamente, un libro sobre el tiempo: todo lo que sucede en una historia se va enlazando con la otra a partir de una serie infinita de detalles de diferencia, de cosas posibles en un tiempo e imposibles en el otro, pero que demuestran por su acumulación (en uno: vegetación, indios, viento; en otro: taxis, e-mails , blogs ) que no hay una diferencia esencial –si es que existe algo esencial–entre el pasado y el presente. Más bien existe una diferencia de escenografía para una tragedia que, fatalmente, está condenada a repetirse. El otro tiempo es, entonces, un libro sobre lo otro: si la novela de Carlos Dámaso Martínez le hace una pregunta a su propio título, esa pregunta no es sobre la naturaleza del tiempo sino sobre la naturaleza de lo otro y, por lo tanto, de lo uno. Como si el narrador más que construir dos relatos construyese dos espejos enfrentados. La novela, que forma parte de los tres lanzamientos que hoy presentará el sello Del Copista (los otros: Dos ciudades en Julio Cortázar , de Miguel Herráez, y El final de la noche , de Daniel Teobaldi), pone a un personaje contemporáneo (hiperconectado con el mundo virtual) y a su especie de álter ego del siglo XIX frente a conflictos análogos en los que se ponen de manifiesto formas habituales de la violencia y que activan aventuras de supervivencia y una recurrente reflexión en torno de la muerte, una "sensación amenazante, la nada presente", que no deja de rondar.

