El rock & roll del exilio
The Rolling Stones reeditaron el fundamental “Exile on main st.”, mientras I-Sat estrena el documental sobre su gestación. Hay fiebre Stone, una vez más.
Si el rock es caminar por el lado salvaje con destino incierto, Exile on main St., el disco que The Rolling Stones concibió en la muy francesa Costa Azul, allá por 1971, es el más rockero de todos. Fue creado por estrellas a la deriva, perseguidas por el fisco inglés, estafadas por un mánager que se quedó con todo su catálogo de los años de 1960 y con un problema creciente de dependencia tóxica. Sobre todo en el caso del guitarrista Keith Richards, al cabo el principal impulsor en eso de traicionar la dinámica formal de los estudios de grabación. Fue Richards quien sugirió sentar las bases creativas en el sótano de una mansión que alquilaba en Nellcôte, donde la humedad calaba los huesos y el ambiente general velaba excesos que la policía francesa husmeaba desde la superficie soleada. Un disco underground hecho por una banda gigante que ya no debía luchar con la sombra de The Beatles pero sí contra el aburguesamiento de haberlo conseguido todo. Así estaban las cosas, y el contexto era el ideal para alumbrar desde la oscuridad un disco denso, orgánico. Rockero. La buena noticia de la semana es que Exile on main St. fue reeditado por Universal en formato simple (el disco original remasterizado más temas inéditos y tomas alternativas) y doble (la misma info distribuida en dos discos, aunque ésta trae un booklet jugoso). Y esa buena nueva tiene una accesoria que también merece celebrarse con bombos y platillos: el sábado y domingo, a las 22 y 12 respectivamente, el canal I - Sat pasará Stones in Exile. The story behind a legendary album, el documental de Stephen Kijak que fue presentado por Mick Jagger en la última edición del festival de Cannes. El material requirió un profundo trabajo de investigación sobre cintas preexistente y la conformidad de Jagger, Richards y Charlie Watts, los Stones oficiales a la fecha que participaron de aquel bello desorden. Resulta irónico que haya sido Jagger quien fuera a Cannes. Es que el vocalista fue el más insatisfecho con el resultado de Exile on main St.. No sólo lo consideraba un disco disperso, sino que para él representa una derrota personal: nunca pudo organizar el caótico genio creativo de un Richards subido "al caballo".El "caballo" es la heroína, sustancia a la que el violero salía a pegar junto a su novia Anita Pallenberg por los muelles de la zona. Los dealers ocasionales eran los marineros. Richards andaba en ésa mientras Jagger recién se casaba con Bianca y ésta acusaba dolores de parto; Watts era el único que tenía derecho a usar el ventilador durante las sesiones; el bajista Bill Wyman seguía haciendo gala de su sospechosa discreción, y al violero Mick Taylor le vampirizaban el talento. Pese al supuesto jolgorio, la grabación tuvo serios contratiempos por falta de energía, así que el personal decidió tirar "ganchos" a los ferrocarriles. Las bajas de tensión consecuentes, más la asfixia reinante, le imprimieron al trabajo un clima de búnker. A esto lo contó Jagger: "No fue un gran ambiente para, por ejemplo, respirar. Fue muy hitleriano, como los últimos días antes de la caída de Berlín". Bueno Mick, uno no espera respirar aire puro cuando visita a una banda de rock en plena grabación. No obstante, es cierto, el ambiente opresivo parece que fue extremo. Sólo basta mirar las fotos del booklet, surgidas de la cámara de Dominique Tarlé: cigarrillos, alcohol, ambiente gitano y músicos desparramados haciendo lo que podían. Lograron demasiado. Un disco granítico; rock sin misterios, físico, pero con gusto, bien arreglado. Un estándar difícil de superar.Wyman, el renegadoUniversal pretendía que el grupo se reúna para tocar íntegro a Exile... Imposible. Bill Wyman, su bajista durante 30 años, gira con los Rhythm Kings. ¿Cuál fue el papel de este músico que curtió el swinging London y se jactó de ser el más "fornicador" de los Stones? Veamos qué le dijo Wyman a El País, de Madrid. Cuando se instalaron en Francia en 1971, Wyman aprovechó para culturizarse. Pasaba el tiempo indispensable en la mansión; prefería explorar tanto la tierra como el espacio ("adoraba la astronomía y estaba siempre con mi telescopio"). Gracias al poeta André Vernet, tuvo acceso a los círculos artísticos de la Costa Azul: "Picasso era la gran luminaria, pero encontré más interesante a Marc Chagall. Tenía curiosidad por el rock y me trataba como un colega. Hicimos un libro de fotos, Wyman shoots Chagall".Wyman echó raíces en la Riviera, y casado nuevamente, oficializó su salida del grupo en 1992. Alegó sólidas razones: los vuelos, las macrogiras, la imposición de que todas las canciones aparecieran firmadas por Jagger - Richards. Y le va bien. Lean: "Si quiero trabajar con Madeleine Peyroux, no consulto a nadie. He escrito media docena de libros, que han vendido dos millones de copias. Me interesa la arqueología y visito excavaciones; vendo un detector de metales que lleva mi nombre. Tengo un restaurante, Sticky Fingers, con 21 años de éxito. Bebo vodka con naranja. Cuido el mayor archivo mundial sobre los Stones y expongo mis fotografías. Soy padre de tres preciosas hijas. Me siento feliz y, aunque cueste creerlo, no extraño mi vida anterior".

