El hombre de la trama
Guillermo Martínez, un narrador y polemista notable, se presenta este sábado en la Feria del Libro.
Uno de los escritores argentinos con mayor trascendencia nacional e internacional estará hoy en la Feria del Libro: Guillermo Martínez, el autor de Crímenes imperceptibles, la novela que ganó el Premio Planeta 2003, fue traducida a 35 idiomas y llevada al cine por Álex de la Iglesia, será entrevistado por Jorge Cuadrado a partir de las 19 en la Sala José María Aricó del Cabildo.La carrera de Martínez comenzó de una manera increíble: a los 20 años, obtuvo el primer premio en un concurso de cuentos, cuyo resultado permanece inédito hasta hoy, y recién 7 años más tarde apareció Infierno grande (1989), un excelente volumen de cuentos que mereció el premio del Fondo Nacional de las Artes.El relato que da título al libro es uno de los mejores cuentossobre la dictadura militar y, al mismo tiempo, uno de los mejores cuentos de terror de toda nuestra literatura, como lo demuestra El terror argentino (2002), una antología del género preparada por Elvio Gandolfo y Eduardo Hojman.Luego vinieron las novelas Acerca de Roderer (1992), La mujer del maestro (1998), la ya mencionada Crímenes imperceptibles (2003) y La muerte lenta de Luciana B. (2007). A fines del año pasado, por una consulta de este diario, Martínez mencionó la posibilidad de que con su próximo libro volviera al cuento. Todos pensamos entonces que eso ocurriría durante 2010.Pero el proyecto fue frenado por lo que a esta altura de la historia ya podría llamarse "la Constante Martínez": algo que empieza siendo un cuento termina transformándose en una novela; él ha declarado que tres de sus novelas fueron inicialmente relatos. Pues bien, lo hizo de nuevo."El libro por ahora tiene 8 cuentos y espero agregarle 2 ó 3 más antes de publicarlo. Pasa que el último cuento se fue expandiendo y se convirtió en lo que será mi próxima novela, que se llama Yo también tuve una novia bisexual. Y yo preferiría publicar primero la novela y después los cuentos", comenta ahora.En nombre del padreEn el último tiempo, Martínez se ha dedicado a la grata 2 2 tarea de editar a su padre, fallecido en 2002, a quien alguna vez mencionó como uno de los escritores que más lo había influenciado y a cuya memoria le dedicó Crímenes imperceptibles.El problema, si vale el término, es que Julio Martínez fue un escritor muy particular: jamás se preocupó por publicar los textos que salían de su mano, de modo que Un mito familiar (Planeta, 2010) es de alguna manera su primer libro editado, "si se exceptúa un librito mal impreso con seis de sus cuentos, publicado como premio en un concurso de Bahía Blanca", explica Guillermo.Con sólo leer el prólogo que el hijo escribió para el libro del padre, se comprende algo más profundo que la admiración que el uno siente por el otro: Julio era un personaje infinitamente querible. Podía organizar un certamen literario dominical entre sus cuatro hijos y calificar el resultado en base a cinco tópicos: originalidad, resolución, redacción, prolijidad y ortografía."El premio era un chocolate y el honor de ser pasados a máquina en su vieja Olivetti". Y podía imponerse, dentro de su plan de lucha contra la depresión que le generó ser expulsado de la docencia por la última dictadura militar, acusado de "peligrosidad subversiva", la escritura de un cuento diario."Eran cuentos de una sola página. Escribió 150 y los encuadernó en un libro al que le puso de título Golpes bajos. Y que dejó otra vez en un cajón, junto con el resto de sus carpetas", cuenta Guillermo.Polémica en la webHay una faceta en la carrera de Martínez a la que todavía no se ha valorado como corresponde: es un articulista inteligente que tiene una mirada muy particular de la literatura argentina, capaz de terciar en cualquier discusión con sólidos argumentos.En 2004, Damián Tabarovsky, en Literatura de izquierda, lo calificó como uno de los "jóvenes serios" que proponían "la reinstalación de lo más retrógrado de la tradición literaria" y "la sensatez como valor literario supremo" (otros "serios": De Santis, Birmajer, Brizuela, Garcés).La respuesta no se hizo esperar. Apareció primero en su propio sitio web (donde todavía es posible leerla, "Un ejercicio de esgrima") y más tarde en un libro que recopila muchos de sus artículos, La fórmula de la inmortalidad (2005).En apretada síntesis, la respuesta fue una defensa de la novela entendida como un relato lógico que debe tener personajes bien construidos, una trama determinada, una escritura cuidada, todo aquello que Tabarovsky despreciaba en nombre de una supuesta vanguardia después de las vanguardias que, en realidad, escondía su adoración, en el sentido religioso del término, por un autor con nombre y apellido al que Martínez detectó sin problemas: "Tabarovsky parece creer por ejemplo que César Aira es en la literatura argentina algo así como el nuevo Mesías, un terremoto definitivo". Una frase para la historia: "Después del mingitorio de Duchamps no puede hacerse el bidet y la ducha".En aquel artículo, de unas 50 páginas, hay mucha y sesuda crítica a la crítica, tanto académica como mediática. Sobre ellas gira su nuevo artículo ("Mitología y cliché en las discusiones literarias"), presentado en marzo en la Universidad de Edimburgo. Lo que quiere decir que la batalla continúa."Hay una línea en común en todas estas ideas. Me parece que está claro a lo que me opongo: a lo que se ha convertido en una idea crítica dominante (una novela con trama es una concesión al mercado y quién quiere otra novela, por ejemplo), y que habría que matizar con otras alternativas", dice Martínez, un escritor que sabe, hace tiempo, que parte de su tarea es pensar la literatura y sus alrededores.

