El excéntrico señor Ditsch
Helmut Ditsch vendió una obra a más de 850 mil dólares y sacó a Berni del podio del pintor argentino mejor cotizado. Tiene un proyecto que involucra a Córdoba y además lanzó el vino El Justicialista.
"Actuar hasta el desgaste en lo que uno ama, que no quede ni una gota de lo que podés dar. Entregarlo todo, hasta quedar exhausto". Helmut Ditsch hace así. Paisajes monumentales que dan vértigo. Los busca lejanos, les sale al encuentro y vuelve a su taller para pintarlos de memoria en lienzos inmensos. Y hace vino peronista, dice que su patria política es el Movimiento Nacional y Popular, porque "es el único que incluye a todos". A fin de año vendrá a mirar como miramos sus cuadros en la plaza más grande de la ciudad. Los museos no lo convocan. Tampoco le importa demasiado. Su obra cotiza más que Berni y ese poder le da posibilidades. Si quiere se alquila un castillo en Irlanda para recibir a sus clientes. Se compró una Ferrari amarilla para ir al supermercado. Caniggia es su mejor amigo y de ahí que el hijo del futbolista le pida consejo en su incipiente carrera como pintor y que Helmut le recomiende lo mismo que proclama a los cuatro vientos: no ceder a terceros la responsabilidad de la propia obra.
Su camino avanzó por esa vía, la propia, la que no estaba hecha. Se mantuvo al margen de los circuitos habituales de comercio de arte y consiguió haciendo una posición que hoy lo ubica como el pintor argentino más caro del mundo. Su obra El mar II (2005) se vendió por 865 mil dólares y superó el récord de Desocupados , de Antonio Berni, que en los '90 fue vendida por 800 mil. Desde ahí anuncia que los museos se han convertido en espacios exclusivos, donde una elite celebra su propia inacción y sostiene el poder de su discurso legitimador. Ditsch prefiere las plazas, salir al encuentro también así y acompañar la obra. "Ver la reacción de la gente es necesario para seguir creciendo como artista y para la gente también es importante la posibilidad de hablar con el autor. Ahí se crea una alianza muy rica y es parte del secreto de este trabajo", dice, con el acento atravesado por más de 20 años de vida en Austria. "Es importante que mi obra esté en los lugares donde está la gente y no donde no está, como los museos de arte contemporáneo, instituciones que financia el estado y que dejan afuera al pueblo". Pintar adentro Esas coordenadas atraviesan también su obra, que define como paisajes interiores y que produce durante largos períodos de ayuno y trabajo intensivo en su taller de Viena. "La temática está marcada por mi experiencia de vida y mi camino interior. Son mucho más que paisajes turísticos, son paisajes interiores, metafísicos, que simbolizan cosas. Hay una postura filosófica en mi obra y un lenguaje estético que es evolucionario, no revolucionario. No se estanca en la estética clásica sino que va evolucionando pero siempre dentro del parámetro de la estética natural, que es una ley que se impone en todo el cosmos". Helmut dice que todo lo que existe está dirigido por ese fenómeno natural que nos contiene, y que no es el artista el que crea, sino que se crea bajo leyes. Realismo contundente, dice él. "Es la estética que los nihilistas pasivos desconocen y así evitan también el sentido común de las cosas y quedan tan ajenos, tan enajenados. Hay artistas que trabajan para una elite y para quien les paga la muestra y si no se acomodan a la estética y el dogma que imponen estos curadores no están en el circuito. Lo terrible es que se hace con dinero del estado y no representan al pueblo sino a una super elite exclusiva. Es una filosofía de la negación, un nihilismo pasivo, negar para no hacer nada. Negar la estética de lo natural es atentar contra el pueblo, que por eso no está presente en los museos y se mantiene ajeno a lo que pasa y se decide desde esos lugares". Ditsch se ubica en cambio en el lugar de la afirmación, la acción, la experiencia artística sin intermediarios. "Tengo mucha relación con el pensamiento de Nietzsche y lo que surgió de allí, el existencialismo. Mi experiencia de vida es que tengo que actuar, superarme en la acción, y ese es también el sentido de la humanidad. No solamente hacer para estar sino hacer para superarse como condición humana, a través de una obra, sea de arte o lo que sea. En esa acción está la superación". Abre La obra de Helmut Ditsch va a recorrer las principales capitales del país. Ya pasó por Mar del Plata, Santa Fe, Rosario. A Córdoba llegará a fin de año o principios de 2012. Estará en lugares de acceso público masivo. Paisajes interiores para humanos en tránsito. "La figura humana no está en mis cuadros pero sí está el alma. Son metáforas. Si pinto el punto de no retorno, en el desierto, es una metáfora de la vida y de situaciones muy humanas. El realismo contundente de mi obra no quiere hacer otra cosas que abrir puertas, crear un espacio para que puedas entrar como espectador. Si pusiera una figura humana en medio de mi obra, ya quedaría ocupada con una imagen que te inhibe a ser partícipe directo. Cuando hay una figura metida dentro de un paisaje, ya sos solamente un espectador. Si a esa figura la evito y la creo como espacio, entonces te invita a entrar en la obra. Ese es el fenómeno de mi trabajo". Vida de obraNació en Villa Ballester, provincia de Buenos Aires, en 1962. Fue autodidacta hasta que se radicó en Viena, donde se recibió en la Academia de Bellas Artes de Viena.
Su obra fue definida como Realismo Posmediático, por no someterse a ninguna concepción pictórica, ni naturalista, ni realista, sino que nace de la contemplación espiritual y visual de la naturaleza.
Es creador, junto con su hermano Herbert, de El Justicialista, el primer vino peronista que se va a vender a 17 pesos para conmemorar la fecha del Día de la Lealtad.
Parte de su obra va a exhibirse en una plaza de Córdoba a fin de año o principios de 2012. El artista traerá una docena de cuadros de gran formato, que acompañará durante todos los días de la muestra.

