El caballo del auxiliar del comisario
Por Ramiro Ortiz. "Lazos de sangre" es una síntesis redonda de la atmósfera de la historia: sórdida y cortante.
Me gustará si le dan un Oscar a mejor película a Lazos de sangre. No sé si es la mejor de las que están nominadas porque no las vi a todas, pero la elijo porque últimamente le encuentro un gusto especial al policial negro, y este filme tiene una electricidad especial que lo vincula con ese género, empezando por el título inglés Winter´s bone (Hueso del invierno), que es una síntesis redonda de la atmósfera de la historia: sórdida y cortante.
Sí, es una película dura, porque hay una adolescente buscando el cadáver helado del padre, para probar que ya no es prófugo de la ley, y para que no le arrebaten la triste casa donde vive con su madre enferma y sus hermanos menores. Pero a través de esa aspereza puedo asomarme a la otra Norteamérica, la que no muestran Hollywood o la CNN, en este caso, la periferia del interior, lejos de los parques nacionales y los pueblos prósperos de fantasía, y cerca de los campos quemados y sucios que las corporaciones probablemente ansían para extender sus sembradíos.
Cuando uno pasa años viendo tanta abrumadora cantidad de películas estadounidenses, es inevitable sentir curiosidad por ese vasto y complejo país capaz tanto de fascinar como de perturbar a través en este caso de su cine.
El cine es menos que una hendija en una ventana, pero la tentación de encontrar algo nuevo siempre está. No importa si la película que lo habilita no es la que correrá con el caballo del comisario en la noche de los Oscar.

