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Después de la inocencia

Sin pasar por los cines de Córdoba llega “Acné”, ópera prima del uruguayo Federico Veiroj, que pasó por varios festivales internacionales.

19 de febrero de 2010 a las 04:46 p. m.
Después de la inocencia

Poco sabemos del cine uruguayo, y rara vez se estrenan acá las pocas películas que se realizan en ese país vecino. Después del éxito internacional de Whisky, La perrera y El baño del Papa, fueron bienvenidas en festivales, y la tímida producción uruguaya adquirió visibilidad internacional.

Un poco más tarde, Acné, la ópera prima del joven Federico Veiroj, quien se formó como cinéfilo en la legendaria cinemateca de Montevideo, debutó en Cannes 2008, en la prestigiosa Quincena de los Realizadores, una confirmación de que en el país de Artigas se está haciendo cine.Acné pertenece a ese género impreciso llamado en inglés "coming of age", películas de crecimiento o de pre–iniciación, en la que el relato se centra en un personaje principal que empieza a convertirse en hombre. Rafael (interpretado por Alejandro Tocar), un adolescente judío de 13 años, vislumbra qué puede ser la vida adulta, y eso implica, entre otras cosas, debutar. En la superficie, todo parece circunscripto al sexo y el imperativo hormonal parece dominar su conducta, aunque el desamparo existencial característico de la edad, enmudecido pero presente, se expresa a su manera. Sus padres están por separarse, su mejor amigo quizás viaje a Israel y se quede a vivir, sus granos avanzan sobre su rostro y nada parece satisfacerlo o reclamarle su interés. La mediocridad es un futuro enemigo, como lo sugiere una charla ocasional con el padre. Si bien Rafael debuta con la mucama de la casa y visita un prostíbulo de vez en cuando, un mandato de clase y de género, su preocupación central pasar por besar por primera vez a una compañera de curso.Hay un momento particular que transcurre en la escuela a propósito de un posible viaje a Israel. El moderador propone ver un documental sobre el Holocausto. No es Noche y niebla, pero bien podría serlo. Es el único momento en toda la película en el que a Rafael le importa algo y presta atención. Un compañero dice que el documental le resulta un embole, y hace un chiste: "Además, ya sabés el final: mueren seis millones...". Es una escena provocativa, que puede pasar desapercibida, pero que revela el lugar de la mirada del realizador.Dos miradasAcné ofrece observaciones puntuales de clase, que se entrecruzan con otras respecto de una comunidad minoritaria en Uruguay, la judía, sin por esto desatender un estadio que se interpreta como problemático: la adolescencia.Veiroj sostiene todo su relato a través de planos fijos y largos, y jamás los musicaliza. A medida que el personaje aprende y crece, los planos cerrados van dando lugar a planos más abiertos. Eso en el cine tiene un nombre, puesta en escena, y no es poco para una primera película.