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Desde lo más profundo de su ser

Roxana Carabajal dice que "Mujer santiagueña" es lo más personal que hizo en su vida artística.

12 de octubre de 2010 a las 06:59 p. m.
Desde lo más profundo de su ser
Roxana Carabajal editó recientemente su disco Mujer santiagueña.

Roxana Carabajal llega a la sede integral de este diario con look indígena y sensual para presentar un disco al que califica como lo más personal que ha hecho. El título es contundente: Mujer santiagueña. Y lo que se ve a través de sus ojos es precisamente eso, una mujer que no puede disimular el amor por su tierra.  En combustión con su retórica, la mirada también transmite otras cosas: el dolor de una pérdida, la necesidad de trascender el propio estándar artístico, de comunicar cuestiones de alto valor testimonial. Escuchemos a la primera referencia femenina del clan que es sinónimo de chacarera. "En el proceso del disco viví una de las cosas más importantes que me han pasado a nivel sentimental: la pérdida de mi 'papi'", dice en relación al fallecimiento de su padre-abuelo Carlos Carabajal, a quien le ha escrito la canción Donde él me espera. "Era la primera vez que sentía un dolor tan desgarrador –asegura–. A siete meses de su partida, le compongo esta canción y se desata el proceso creador. A partir de ahí, retomé canciones que ya tenía escritas y no me animaba a mostrar. Se las mostré a Peteco, que es el más cercano consejero. Justamente, empecé con Hermandad , una canción que le dedicaba a él como referente de mis aprendizajes". "En el disco están todas las cosas que viví como mujer –amplía–. La primera vez que me enamoré, la primera que viví un gran desamor. Al amor siempre lo he tenido en segundo plano. La música y mi familia siempre estuvieron por encima de un amor de pareja. Y cuando digo mi familia hablo de mis padres, mis hermanos y mis hijos. Es el disco más íntimo, más personal. La primera persona soy yo". –¿Te ha inmovilizado el influjo familiar? –En realidad, tengo la ventaja de ser casi la única mujer dentro de la familia. Mi vieja, Graciela, está queriendo hacer algo con su carrera pero yo ya tengo ocho discos. Así que, una vez que agarré confianza a la hora de componer, no estuve pendiente de lo que vayan a pensar. Es un sentimiento mío, no siento la necesidad de que le guste a la familia. Puede pasar que a la familia no le guste y sí a la gente, que es lo que más me interesa. Pero, a decir verdad, mi primera canción, el homenaje que le hago en el disco anterior a Doña Olga Villalba, sí se lo he mostrado a Peteco. Y él me ha ayudado en algunas cositas. Peteco te da total libertad. Me dijo: "Roxana, esto está bien, no tienes por qué tener miedo. Si es algo que sale de tu corazón, vale". –¿Por qué remarcás que sos santiagueña? –En la previa de (el disco) Amor, sangre, silencio, no tenía el título y Peteco me sugirió Mujer santiagueña. Y no lo sentí, pese a que ese disco habla de muchas mujeres representativas de Santiago. Si lo escuchas, está la mujer leyenda en Chacarera del Crespín; en Madre dolor, le hago el homenaje a Olga; hay una chacarera mía sobre el empuje cotidiano de una mujer laburante. Pese a todo esos disparadores, no lo he sentido a ése sino a éste como Mujer santiagueña. Porque ahora hablo desde mí, desde lo más profundo de mi ser. Lo agrego al gentilicio porque las chacareras son netamente santiagueñas, en cuanto autores y espacios. El disco empieza con Abriendo venas del monte, una chacarera testimonial que habla sobre los desmontes de Santiago. Es un llamado a la conciencia, es un pedido, un reclamo. –En una entrevista reciente sugeriste que sostenés la lucha del Mocase. Estás más cerca de Raly Barrionuevo de lo que pensaba. –El respaldo es indirecto, a decir verdad. Pero sí vengo conociendo la historia del movimiento por Raly, que le ha dado una punta muy importante a este movimiento. El autor de esta letra es cordobés y se llama Del Col. Él me ha dado un libro con cosas escritas muy lindas, a las que se podría musicalizar. Me ha contado la historia de esa chacarera. –Contámela. –Del Col ha vivido dos años por los pagos de Atamisqui, y experimentado en carne propia lo que padece el trabajador rural. Lo ha hecho poesía y se la ha dado a Enrique Marchetti para que le ponga la música. En definitiva, mi aporte como santiagueña es proponer canciones que tengan que ver con las idiosincrasia y realidad de mi tierra.  –Una de las críticas regulares al folklore actual es que está "desapegado" del presente rural. –Los santiagueños mantenemos un contacto ineludible. Si bien podemos experimentar un crecimiento personal en relación con lo urbano, el desarrollo tecnológico o la noción de globalización, mantenemos plena conciencia de que el rancho está intacto.