De carne somos
La parrilla El Paso ofrece la clásica propuesta de cortes asados a la leña.
Aunque para algunos signifique una salida esporádica por falta de ganas de prender el fuego en casa, la proliferación de parrillas en esta ciudad obedece a que la mayoría de las personas prefiere comer carne. Y nada más que carne... Es que los argentinos somos tan pero tan carnívoros, que ni siquiera el auge de la vida gourmet puede ante tanta cantidad y (calidad) de carne junta en la parrilla apenas con sal, echando humo y alimentando las fantasías de un "asadito". A propósito, para los fanáticos de la temática, recomiendo alquilar o descargar por ahí El asadito , película de Postiglione que muestra un poco qué condimentos hay alrededor de una parrilla caliente cuando se trata de una juntada entre amigos de verdad.Volviendo a lo nuestro, puede que en la parrilla El Paso trabajen varios de los mejores mozos de la ciudad. Descargan toda su amabilidad y simpatía en cada intervención, desde que ingresamos al local hasta que nos despedimos con una merecida propina del 10 por ciento del ticket final.Pero esto no comenzó con la gratificación al mozo sino con una empanada frita apenas nos sentamos. Y allí empezamos a ver el entorno, y nos encontramos con un quincho ochentoso con mucho ladrillo visto y madera. La parrilla está a la vista pero detrás de un vidrio, lo que impide que el humo arruine las ropas.La parrillada completa para una sola persona cuesta $ 69, pero incluye la empanada como entrada y una cantidad ilimitada de guarniciones. Optamos por las clásicas papas fritas con huevo revuelto encima (todos los antojos de una sola vez) y una adorable y fresca ensalada de rúcula, tomate y queso rallado, con aceto y oliva virgen (no extra), que será la cuota necesaria de humedad en boca cuando las carnes y las papas empiecen a dejar su salada y grasosa personalidad en nuestro paladar.Para acompañar y contrarrestar esa sensación (que es muy placentera, por supuesto), vamos a tomar un vino tinto que forma parte de una carta muy completa en materia de etiquetas de alta gama pero que se desinfla bastante en las de gama media. Se trata de un Chateau Vieux Tinto 2000, $ 76, un corte de Bodegas López que tiene ocho años de guarda en barricas enormes y otros 10 más en botella, lo que lo convierte, por supuesto, en un vino totalmente diferente de los jóvenes y frutados que acostumbramos beber hoy. A la leña Como siempre, los cortes de carne van llegando de a uno. Y el primero es el mejor, porque está recién hecho: bife de entrecot en punto justo de cocción, tierno, con hierros bien marcados en la carne (brillante y rosada por dentro), con un perfume a leña encantador que se termina de percibir con el primer bocado. Con eso basta y sobra para querer volver. El recorrido sigue con matambre de cerdo y de vaca, con costillas cortadas bien finitas y con chorizos, chinchulines y mollejas, más una merecida porción de cabrito final que siempre viene bien, por más que no haya sido asado ciento por ciento en el momento (al igual que otros cortes).La visita al baño muestra un lugar equipado pero algo desalineado en relación con el conjunto general. De regreso al salón principal, nos despedimos con un postre: helado de limón, $ 14, dos bochas de crema ácida y refrescante, para calmar el espíritu luego de tantos estímulos de pura industria nacional.

