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De armas tomar

El chileno Marcelo Lillo se ganó un lugar con dos libros de cuentos y opiniones explosivas. Dice que duerme con una Colt 45 bajo el colchón.

19 de febrero de 2010 a las 04:42 p. m.
De armas tomar
LILLO. El escritor chileno vive en un pueblo llamado Niebla, cerca de Valdivia, en el sur de su país.

Vive en un pueblo llamado Niebla y se consagró con el libro de cuentos El fumador y otros relatos. Recursos perfectos para construir una figura de escritor si no misteriosa, al menos ubicua. Pero esas no son las intenciones de Marcelo Lillo (1957), quien dispara dinamita pura desde su pequeña localidad en el sur chileno, arremetiendo contra sus pares literarios, reivindicando la muerte frente a la vejez inevitable y arrogándose la hazaña de haber sido publicado en España sin pasar por los canales usuales (léase Santiago). Lillo debutó de manera directa en Hispanoamérica con El fumador y otros relatos, al que le siguió Gente que baila sola, otro volumen de cuentos, ambos editados por Mondadori. Dice Lillo: "Estuvo bueno eso de publicar en España sin pasar por Santiago, ¿no?, son pocos los que lo hacen. Y, sí, creo que eso rompe con ciertos mitos, aunque todavía sea pronto para afirmarlo". Según cuenta la leyenda, en 2002 Lillo dejó su trabajo de profesor (bien remunerado) en Valdivia para dedicarse únicamente a escribir, apostando por un éxito cercano. Si la gracia no llegaba, una Colt 45 esperaba en algún rincón de su casa, lista para acabar con las vidas del autor (inédito) y su mujer. Afortunadamente, la publicación de El fumador y otros relatos llegó a tiempo. Pero el revólver promete ser usado: Lillo siente un profundo desdén hacia la vejez, y por eso pretende matarse antes de los 70, a lo Hunter S. Thompson.–¿Por qué temés llegar a viejo? ¿No se escribe mejor en la madurez?–Yo ya estoy en la madurez, ¡por eso soy un gran escritor! (risas). La vejez nada tiene que hacer conmigo, la vejez es como el pan duro o las plumas mojadas, algo detestable. Los viejos son como los niños y no hay nada peor que volver a ser niño: todos te faltan el respeto, lo único que piensas es en comer y te obsesionas con la televisión. ¡No quiero eso, regáleselo a Fogwill de mi parte! La Colt es mi salvación, durmiendo bajo el colchón junto con la plata.Parejas a la derivaSi bien Lillo ha sabido darle forma a su personaje con declaraciones más o menos abrasivas, lo cierto es que el escritor no podría completarse sin sus cuentos, que tienen todo para defenderse solos: narraciones efectivas que oscilan entre un minimalismo semi rural y un sutil sentido del humor, sumados a una prometedora capacidad para la fabulación.Los relatos de El fumador..., en ese sentido, encuentran un ascético escenario común: parejas solitarias que pasan sus días encerradas, viendo televisión y sin trabajo, y que muchas veces tienen que lidiar con parientes al borde de la muerte o con vecinos más que extraños. ¿Por qué Lillo toma esos puntos de partida? "Yo no elijo nada, simplemente esos son los temas que me interesan y siempre están dando vueltas en mi cabeza, hasta que algo los detona y listo", asegura. Y sigue: "Por lo general comienzo con un nombre, la mayoría de mis relatos han comenzado por el título, como es el caso de Hielo, mi primer cuento publicable". –Tus relatos albergan siempre algún giro inesperado. ¿Escribís sin saber adónde vas?–No. Siempre sé donde voy, sé el camino que debo seguir y sé cómo va a terminar el cuento, lo mismo una novela. Ahora sí, soy intuitivo para elegir temas y para escribir: se me ocurre un relato y lo escribo en cuatro horas, lo que me pasó con Diente de león. Mi mujer me mostró la flor, el cuento explotó en mi cabeza y me senté a escribirlo: cuatro horas y sin ninguna corrección.–A pesar de la dureza innegable en tu obra, siempre aparecen instantes de conciliación. ¿Pensás que es algo que no puede faltar en un relato (o en la vida)?–La vida no tiene redención, por eso se llama vida, ¿verdad? En los relatos es distinto, puede o no haber salvación, depende de los personajes y de los pecados que están pagando.–¿Por qué creés que Carver y Chéjov siguen tan vigentes? –No sé por qué me gustan Carver y Chéjov, la verdad, es como responder por qué te gusta tal o cual mujer. Pero miento... Quizás me gustan porque el mundo de ellos es también el mío, el mundo es horrible y por eso se llama mundo y está hecho de instantes, de pedazos y de susurros y pausas. ¡Eso es lo nuestro, bravo!–¿Qué pensás del triunfo de Piñera en Chile? ¿Qué escritores de tu país reivindicás?–La derecha y la izquierda me dan lo mismo, la política me da lo mismo. Yo no presento proyectos culturales, así que soy libre y me enorgullezco de serlo. Y me enorgullezco de que no me interese ningún escritor chileno actual, los leí a todos y no hay nada para mí en sus libros, salvo en Marcelo Simonetti, un grandísimo escritor y un mejor tipo.Chileno en la neblinaMientras prepara la pronta edición de sus dos primeras novelas y una selección de sus cuentos a cargo del crítico Ignacio Echevarría (quien, de acuerdo a la historia oficial, fue su gran descubridor), Lillo continúa su vida en Niebla, una caleta de dos mil habitantes a media hora de Valdivia, con la contención que le brindan la tranquilidad y la sencillez provincianas. Allí, el autor encontró la más perfecta base de operaciones (literarias)."Nunca he vivido en otra parte que no sea el sur. Desde que me propuse ser escritor ni se me pasó por la cabeza viajar. Recién ahora lo estamos pensando con mi mujer", apunta. Con respecto al aislamiento, el escritor no duda en señalarlo como una condición más que relativa: "La verdad, creo que me sentiría más aislado en Santiago que en Niebla City", confiesa.¿Podría Lillo salir alguna vez de su actual hogar, o pertenece a Niebla como Batman a Ciudad Gótica? "Nada es para siempre, por eso sí me veo viviendo en otra ciudad, aunque no en otro país. Santiago no estaría nada mal con su impersonalidad, e igualmente me gustaría vivir un año en moteles de la carretera para escribir un libro con mi experiencia. ¡Nada mal tampoco! Pero en otro país sí que no, no he salido jamás de Chile y no creo que sea muy cómodo sentirse extranjero", concluye.DatosEl fumador y otros relatos. Mondadori,  Precio:$ 59.Gente que baila sola. Mondadori, Precio: $ 65