Cuerpo presente
“Las chicas del calendario” vuelve con grandes actrices y desnudos sin vueltas. Norma Pons y María Valenzuela cuentan qué tienen para mostrar las mujeres de cierta edad.
Pasa por la piel, la mirada, lo que tiene para decir un cuerpo que ha vivido y disfrutado, que ha perdido algunas batallas y ganado las importantes. Sobrevivientes y por eso dispuestas a celebrar la belleza que aporta cada minuto conquistado. Las "chicas del calendario" son siete mujeres que pasaron los 50, los 60 y se acercan a los 70 o más. Esposas, amigas, vecinas que por solidaridad deciden sacarse la ropa para un calendario, que venderán para costear un sillón donde los enfermos de cáncer puedan estar más cómodos mientras reciben sus tratamientos ambulatorios. Es una historia real, que sucedió en Inglaterra a fines de la década de 1990 y que en 2003 inspiró un filme que contó esa historia al mundo. Y una obra de teatro, firmada por Tim Firth y adaptada en la Argentina por Fernando Masllorens y Federico González del Pino. Dora Baret, María Valenzuela, María Rosa Fugazot, Virginia Lago, Norma Pons, Linda Peretz, dirigidas por Manuel González Gil, encabezan la puesta que debutó en enero pasado en calle Corrientes y que desde junio está de gira nacional. Este fin de semana vuelven a hacer escala en Carlos Paz, tras el éxito de sus recientes presentaciones. "Estas mujeres son fuertes porque están juntas. Son todas diferentes, pero a la hora de ser solidarias y de hacer un acto de amor, se unen y son poderosas", dice Valenzuela, recién levantada, después de varias noches de funciones y trasnoches, y lo que dice podría hablar también de las actrices que se han reunido para representarlas. "Ellas ponen el cuerpo, con todas las letras. Su coraje y su valor, pasados los 50 años se animan a hacer un calendario desnudas para ayudar en la investigación del cáncer y la leucemia", apunta la actriz y dice que lo más intenso no es salir sin ropas al escenario sino el compromiso del relato que propone. "Igual el desnudo siempre da cosita. A lo mejor a los 20 no es tanto, pero después de los 50 es distinto, pero estamos muy cuidadas y eso hace que nos relajemos y mostremos un poco más cada vez", agrega María.Norma Pons es la que se anima al total y cuenta su juego con la misma entrega. "A esta altura de mi vida, hacerlo es una manera de demostrar que cuidándose se puede y que el tiempo de una actriz no tiene límite. Estoy jugándome desde un lugar muy fuerte, transgresor al mango", apunta y agradece los aplausos a ese riesgo, las respuestas que le han llegado. "En La Francia se acercó una mujer a decirme que después de ver la obra iba a volver a ponerse una malla después de 20 años, que sentía que podía querer a su cuerpo, más allá de que alguien más lo quisiera o no. A eso se apunta", dice Pons y cuenta victorias. Cerca de su séptima década, reconoce que ha podido explorar casi todas las alternativas de su oficio. Después del desnudo, las materias pendientes ya no dependen de ella. "Lo que me quedó en el tintero será para otra vida. Nunca me abrieron las puertas del Teatro San Martín, nunca creyeron en mí. Nunca hice Shakespeare, ni Oscar Wilde. Quizá porque venía de la revista no apostaron a mi talento. Nunca les voy a perdonar a las autoridades que no me hayan dejado encabezar compañía. Lo vivo con dolor, porque le di mi vida al teatro, pero llegué a la mitad". Con esas cartas y esas deudas, el personaje que compone adquiere matices de ciertas revanchas, los despliega. Ella y sus compañeras, todas grandes, todas dotadas para la comedia y el drama, todas puestas a explorar idiosincrasias y conflictos de mujeres en una encrucijada para el aprendizaje. "Si supiera por qué tienen tanto éxito con estas mujeres a esta edad, sería empresaria. No entiendo por qué pagan para ver desnudas a estas mujeres y no para ver una chica de 20 años, pero es porque nosotros no sabemos lo que generamos. Apuntamos a trabajar y estar en el escenario, no sabemos muy bien a quién emocionamos ni por qué", dice Norma y en ese misterio encuentra el encanto de las chicas del calendario. "Un poco es ese el atractivo de la obra y no mentimos. Nos van a ver de verdad", concluye.La historia que dio vuelta al mundoEl episodio que inspiró a Las chicas del calendario sucedió en Yorkshire Dale, en el norte de Inglaterra, a comienzos de 1998. John Baker, oficial en el parque nacional de la región, fue diagnosticado con linfoma de Hodgkin y comienza un tratamiento en el hospital zonal, donde falta de todo, hasta sillones. Reparte semillas de girasoles entre sus amigos con la esperanza de que cuando germinasen su enfermedad se haya ido. John murió, y la flor se convirtió en símbolo de una fundación que comenzó con el mínimo objetivo de comprar un sofá donde ubicar a los enfermos. Allí estaban su esposa, Ángela, y otras seis mujeres del barrio, que comenzaron su labor con lo que tenían a mano: ellas mismas. Idearon un calendario de mujeres desnudas que se vendería para juntar fondos que ayudasen a las investigaciones, a los hospitales, a los enfermos. El proyecto fue un suceso, inspiró una película, una obra de teatro y llevó a las mujeres a viajar por el mundo para contar la historia. Las chicas siguen en marcha y habrá calendario también para el año que viene, con recaudaciones promedio que superan los dos millones de libras.Las chicas del calendario. Sábado y domingo, a las 21 y 23.30, en Teatro Bar, General Paz 40, Villa Carlos Paz. Lunes a las 21. Entradas a $ 80 y $ 100, en Autoentrada. Con Dora Baret, María Valenzuela, María Rosa Fugazot, Virginia Lago, Norma Pons y Linda Peretz.

