Cuentitos de navidad II
Una lectora de Aeropuerto cuenta su anécdota ligeramente navideña
[sala de embarque]
A esta historia me la contó Celeste. Antes de mudarse a Córdoba para estudiar en la universidad, Celeste visitó casi a diario a su abuelo. Estaba viejito y arrugado, y se sentaba en la vereda de la casa con el gesto de quien se despide largamente de algo o de alguien, un semblante que conjugaba serenidad, paciencia y una ligera dosis de abatimiento y melancolía. Celeste asumía que esa tristeza venía de la imposibilidad de tocar su acordeón. Las manos se le habían achicharrado como pasas de uva. Celeste buscaba temas de conversación con el entusiasmo de quien quiere retener el tiempo, registrar el paso de las cosas. Le preguntaba sobre la Fragata Libertad, sobre los años de marinero y sobre cómo mantuvieron, él y la abuela, una relación a través de las cartas. Una vez le preguntó cómo se celebraba la navidad cuando ella era una niña. El abuelo pareció incorporarse, como si el pedido de su nieta le hubiera dado una fuerza renovada. Le contó entonces cómo se preparaba el clericó en unos fuentones de lata muy viejos, cómo preparaban la ensalada de frutas en un balde que parecía de otro mundo, de un mundo más antiguo y cierto, sólido. Le contó que por la tarde las niñas bailaban alrededor suyo, cuando él tocaba elacordeón, y le contó que una vez, cuando Celeste tenía seis años, todos se sorprendieron al oír el pedido de la nena, un tango que él tocó y ella cantó. El abuelo siguió describiendo, como si reconstruyera el patio de su casa y nuevamente se iluminara de muchos colores el eucalipto, y la mesa con mantel de hule volviera a llenarse de vino en damajuana y soda en sifones. Como si su esposa hubiera vuelto a hacer los higos en almíbar. A Celeste le parecía que hacía mucho, mucho tiempo que no veía tan bien a su abuelo, y decidió reconstruir esa especie de sueño de un tiempo en el que no se usaba pirotecnia para no ahuyentar a las gallinas. "También me contó que para reyes él siempre me hacía dejarle comida a los camellos, y por supuesto él era quien se la comía cuando nos dejaba los regalos a la madrugada".Celeste recuperó cubiertos, fuentones y baldes, convenció a su abuela de que volviera a hacer los higos, iluminó el eucalipto, compró un mantel de hule y buscó por todos lados sifones de soda y damajuanas de vino. El 24 de diciembre puso la mesa bajo la enredadera, y cerca de las nueve de la noche vio salir a su abuelo, quien no dijo nada y se sentó en la punta de la mesa. La familia vivía todo el momento con una singular emoción, por un lado por la reconstrucción meticulosa de un pasado que parecía mágico y al mismo tiempo delirante, pero también porque la versión adolescente de Celeste no solía festejar las navidades y se había mostrado durante los últimos años bastante reacia a ese tipo de celebraciones. El abuelo, en un momento, pidió el acordeón. A Celeste la invadió el terror de que la imposibilidad de tocar el instrumento entristeciera de muerte a su abuelo, pero el viejo se puso porfiado. Después de 11 años, volvía a tener a su acordeón sobre la falda. Sus manos parecían pasas de uva pero se estiraron, lenta y gloriosamente, y el abuelo tocó el tango de Celeste. Fue la última navidad del abuelo, y la única que Celeste celebró en su vida adulta. Un año después volvió al pueblo, recorrió la casa de su abuelo, los lugares en los que la muerte había dejado un polvo triste sobre las cosas. En un armario encontró el instrumento y se puso a tocarlo. La abuela apareció, llamada por la música. Le dijo que era reyes, que era 6 de enero. Que era evidente que el abuelo le estaba regalando el acordeón.
[vuelos de hoy]
1. Miles de gracias a Celeste R., quien me escribió un hermoso e-mail con su historia para "Aeropuerto".
2. Recuerden que esta semana ilustra Aeropuerto Consuelo Chasseing. El dibujo de hoy me mata.
3. La invitación sigue abierta a todos.
4. Gabriel Bañez, escritor, blogger, murió este año. Hicieron un libro con sus posts.
5. El diario español El País eligió los libros del año. La lista se puede leer acá.
6. Iván Thays descubrió esto. Y lo anterior también.
7. Crónica de la emocionante feria independiente.
8. Ayer se me rompió el auto y lo llevé al mecánico. Cuando volví a casa, en colectivo, encontré todo revuelto. Un niño o un enano había entrado por la ventanita del baño y se habia llevado mi computadora y mi amplificador, entre otras cosas. Llamé a la policía, aunque sabía que sería inútil. Si de casualidad te ofrecen una banghó plateada con stickers de monstruitos dibujados por un niño, ¡avisame! Tenía mucha info en esa compu.
9. Todo lo que se cuenta en este blog es real. El policía que tomó nota de mi denuncia escribió que me habían robado una "Not-Buk", que debe ser la manera más graciosa de escribir el nombre de ese aparato que yo haya visto. El policía me trató muy bien y me dijo que no me habían desvalijado la casa porque nadie roba libros. De hecho, un aparato se salvó por estar tapado con la historia de la literatura argentina que edita Noé Jitrik. Por ñoño, me salvé de esa por ñoño.

