Costumbres argentinas
Miradas opuestas a "Alguien que me quiera", la nueva apuesta del Doce en el prime time.
Pura ficción costumbristaPor Cristina AizpeoleaEstá claro que se trata de ficción. Entonces, podemos no pedirle olor a pescado y a queso sardo al mercado que hace de epicentro en la nueva tira de Pol-ka. En verdad, los puestos del Abasto de Alguien que me quiera son demasiado glamorosos para ser ciertos. Pero es en esos detalles que desbordan estética, en esos cuadros llenos de color, compensados con armonía, que descansa el placer de sentarse a ver una comedia bien filmada y mejor editada. Una postal costumbrista, en la que los personajes ruedan por la pantalla como si fuera una comedia musical. Cada uno interactúa con el otro con el tiempo para su propio parlamento, la mueca y el tic (que a veces sobra). Está claro que si en Valientes Pol-ka se hizo fuerte explotando los músculos de los tres galanes, en Alguien... la apuesta es casi teatral. No está mal el cambio. Se podrá decir que el coro de personajes es demasiado extenso, que todos los días aparece uno nuevo. Probablemente cuando ruede un poco más la tira, algunos queden en el tintero. Mientras tanto, la madeja de amores cruzados, perdidos, equivocados, encontrados y vueltos a perder que tejen los personajes resulta una linda calesita.Sin baile del caño, sin corpiños breves, Alguien que me quiera es una buena opción para terminar el día más relajados. Una comedia livianita y mentirosa, en la que Suar nos hace creer por un rato que la realidad se mueve sólo por amor, y que en los mercados no hay olor fuerte, ni siquiera en la pescadería.Espejito, espejitoPor Javier MattioComo casi toda ficción del sello Pol-ka, Alguien que me quiera se pretende costumbrista sin serlo, subestimando al espectador con una falsa transparencia (y, por lo tanto, con una falsa cercanía afectiva). Los escenarios cuidados, los decorados y detalles artificiales, no son reflejo de un mercado popular ni de una trama que se pretende "barrial" y "argentina".A la vez, si la tira no hiciera todo lo posible para ser "realista", lo cierto es que podría sacarle mucho más provecho a sus personajes y situaciones que rozan la caricatura. Así, los amoríos y las intrigas semi-policiales podrían liberarse y convertirse en un feliz delirio picaresco, sin complejos populistas que los contengan.En la última década, series locales tan disímiles como Okupas, Los Simuladores y Todos contra Juan han demostrado que se puede hacer ficción desde la autonomía, el riesgo y la creatividad. A la vez, un gran puñado de series extranjeras (que, es cierto, no llegan casi nunca a la TV abierta) le han ganado la pulseada al cine comercial, exigiéndole todo al espectador sin subestimarlo con contenidos previsibles. De todos modos, mientras la fórmula funcione, seguirán habiendo otros Alguien que me quiera. Será cuestión de una postura más activa del espectador (y del avance incontrolable de Internet y las nuevas formas de difusión televisiva) para que se propague una mejor diversidad. Mientras tanto, muchos preferirán la costumbrista costumbre de verse a sí mismos en espejos engañosos.