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Cannes, nuevo y eterno

El centenario Manoel de Oliveira recibió una ovación, y el argentino Diego Lerman presentó “La mirada invisible”.

14 de mayo de 2010 a las 05:06 p. m.
Cannes, nuevo y eterno
LA MIRADA INVISIBLE. Del argentino Diego Lerman.

Una nueva edición ha comenzado. Pasó Robin Hood y el verdadero festival que celebra esencialmente el costado artístico del cine ha comenzado. El rumor entre críticos, programadores y público es que lo mejor pasará por la sección competitiva Una cierta mirada. Ahí están Godard, De Oliveira, Jia Zhang-ke, y también Trapero con Carancho y el cordobés Santiago Loza e Iván Fund con Los labios. En efecto, las primeras películas de la competencia oficial confirman las sospechas de mucho. Ni Tournée, el filme dirigido por el reconocido actor Mathieu Amalric, y mucho menos Chongqing Blues, del chino, Wang Xiaoshuai, han estado a la altura de las circunstancias. Todo lo contrario sucedió en la apertura de Una cierta mirada. La magia del cine estuvo presente en la sala Debussy. De Oliveira, con 101 años, subió al escenario. Tras una merecida ovación de pie, ágil y locuaz, el viejo joven leyó un texto en francés. Y largó su última obra maestra, El extraño caso de Angélica, una historia de amor entre un fotógrafo judío y una muerta (el fantasma de una joven católica) a quien éste debe fotografíar en su lecho de muerte.Este filme del único director vivo que empezó su carrera en tiempos del cine mudo, es una meditación sobre el misterio de la existencia (y el cosmos) como también del misterio de la fotografía (y el cine). Es un filme de una libertad soberana, y una historia de amor indirecta entre un hombre de 101 años y un nuestro mundo, cuyo epílogo no es otra cosa que un homenaje a los trabajadores, quienes hacen nuestro mundo. Gran debut ArgentinoLa Quincena de los realizadores es la sección exquisita de Cannes. Talentos como Fassbinder, Herzog, Bresson, Hou, fueron descubiertos allí. En esa sección, Lisandro Alonso es un nombre consagrado. Ayer, debutó Diego Lerman. Su tercera película, La mirada invisible, es una adaptación inteligente de Ciencias morales, la novela de Martín Kohan. El escenario es el Colegio Nacional Buenos Aires; el contexto histórico marzo de 1982. El rector da la bienvenida y propone una perspectiva: "La historia del país y la historia del colegio están entrelazadas". Lerman demostrará la tesis plano tras plano, y pondrá atención en cómo afecta la Historia a la historia íntima de una preceptora (excelente, Julieta Zylberberg), quien experimenta una lacerante represión sexual, que viene acompañada por el cortejo de un superior, un simpatizante del gobierno de facto. La perversión acecha. El último plano del filme, una soberbia panorámica del patio del colegio invadida por un sonido exterior que denota disturbios, es magistral.Después, descubriremos que es el pueblo argentino, que festeja con el general Galtieri en Plaza de Mayo la nueva aentura castrense en Malvinas. La perversión no tiene límites. Y el público en la sala reconoció con aplausos la osadía de este cineasta.