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Café con aroma de mujer

Totó la Momposina brilló en el festival Mujeres II, un evento destinado a crear conciencia y ritmo para los pies.

26 de noviembre de 2010 a las 06:23 p. m.
Café con aroma de mujer
Totó la Momposina ofreció un espectáculo inolvidable (foto: Emilia Carrizo).

Se robó todo: escenario, grilla, fiesta y corazones. Totó La Momposina se reveló el jueves como la heroína colombiana de un segmento de público en Córdoba no tan acostumbrado a ver espectáculos de música centroamericana de calidad, pero conocedor del repertorio de la nacida en Santa Cruz de Mompox como si de una artista local se tratara.Es imposible obviar la edad de esa señora de pelo renegrido que se zarandea como si tuviera un par de décadas menos que los 62 que acusa su partida de nacimiento, mucho más cuando al menos siete de los 10 músicos que conforman "Sus tambores" podrían tranquilamente ser sus nietos. A ella mucho no le importa, y los llama "los muchachos". "Ustedes se preguntarán por qué tengo guitarra y bajo eléctrico en mi banda", largó antes de una remozada versión de El pescador. "Pues sucede que a los muchachos les gusta meter sonidos nuevos en las canciones, y a mí me parece bien", bendijo con una hilera de blancos dientes en su sonrisa.Y bien ganado que tienen esa licencia los muchachos de Totó. Versátiles, virtuosos cuando hace falta, los integrantes de la banda están graduados con honores en todos los ritmos de raíz afro que flotan en la atmósfera del Caribe colombiano, además de la cumbia, claro. La chalupa, el sexteto, el porro (no confundir con nada que tenga que ver con cannabis) y la gaita, todas etiquetas deudoras del son y parientes cercanas de lo que aquí se conoce como salsa.El ritmo de esos tipos vestidos con trajes livianos de lino y sombreros blancos es buena parte del secreto de Totó (la otra es el carisma demoledor de ella), y puso a bailar a los poco más de 600 entusiastas que se acercaron ante la promesa de buen rollito y un mensaje unificador: "no a la violencia contra las mujeres".De hecho, este Mujeres II se planteó como sucesor de un primero que tuvo lugar en el mismo escenario de la Vieja Usina hace dos años, cuando las figuras convocantes fueron Susana Baca, Lila Downs y Mercedes Sosa, en lo que sería la última actuación de la "Negra" en Córdoba. Por eso ahora a Totó la precedieron Beatriz Pichi Malén, los reunidos y reformados Quetral, y Diente de León, que aunque no igualaron en convocatoria a la edición de aquélla vez, le pusieron el cuerpo y las canciones al mensaje.Párrafo aparte y subrayado para la mapuche, por la entrega y dignidad con que asume su rol de bastión histórico de uno de los pueblos originarios fundamentales, habitantes de un territorio que no era Argentina y del que nadie da cuenta en los libros más que para confirmar su exterminio, desplazamiento y marginación. Sola con sus coplas y su kultrun (el tambor sagrado mapuche que acompaña su relato cantado) Pichi Malén dejó al descubierto que hay una vertiente del folklore por fuera de chacareras, zambas y malambos, que nos suena ancestral pero extraño y que incomoda en la misma medida que emociona. "Chaltu may, chaltu may... ¿entienden lo que digo si digo chaltu may ¿cierto?", preguntó tras el aplauso cerrado. La respuesta osciló entre el silencio y el "no". "Ajá. ¿Y  si digo thank you?".Pero hecha esa excepción, la noche fue de Totó: bailó, hizo bailar, y dejó en el aire la certeza de que en el Caribe tienen claro cómo divertirse.