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La Bella Durmiente Rock: Por los chicos vive

Con el estreno de "La Bella Durmiente Rock", Marina Abulafia tiene cuatro obras en escena. Una vida dedicada al teatro para niños.

20 de mayo de 2011 a las 05:10 p. m.
Daniel Santos
La Bella Durmiente Rock: Por los chicos vive

Cuando tenía cuatro años, la cara de un indio en pleno carnaval se le apareció frente a la ventana de su cuarto, en el popular barrio de San Vicente. La pesadilla de aquella imagen con plumas y espejitos que durante tanto tiempo la persiguió se transformó más adelante en un sueño hecho realidad, cuando Marina Abulafia decidió dedicarse al teatro para niños, a un mundo de máscaras, de magia, disfraces, risas y colores. "La gente disfrazada no me daba ninguna confianza –asegura, entre risas– y por eso tengo tanto cuidado en no recargar a los personajes. El niño todavía no desdobla al actor del personaje, y uno en definitiva le está mostrando algo que para ellos es real". El teatro infantil es, para ella, su modo de vivir, y no está dispuesta a bajar los brazos por bastante tiempo más. Desde la adolescencia, cuando descubrió su vocación, no detuvo su marcha: acumula más de 30 obras como actriz, productora o directora, y una trayectoria como docente y formadora de formadores que la convierte en una referente del género en Córdoba.Hoy, en el Teatro Real, estrenará La Bella Durmiente Rock , una nueva propuesta teatral que viene a cuento de un cuento clásico pero con toques y retoques modernos, protagonizada por jóvenes actores que también cantan y tocan sus instrumentos. Ella, además, será la villana de la historia: no sólo tratará de envenenar a la inocente protagonista sino que moverá los hilos de la historia detrás del telón."Cuando yo era chica no había talleres de teatro como hoy, para que los chicos se expresen. Pero en casa, a los 9 ya me había aprendido los poemas de Becquer de memoria y recitaba 'cerraron sus ojos con las puertas abiertas' por todas partes. Habían probado de todo conmigo: danza, folklore, inglés, pero no me gustaba nada. Era la única artista de la familia y no tenían ni idea de qué hacer conmigo. Hasta que me metieron con los profes de declamación y quedé fascinada inmediatamente", dice.Después, la cosa no se detuvo: a los 16, Marina terminaba el secundario mientras daba clases de teatro, en un taller con unos 25 alumnos. Luego 22 se fue a Buenos Aires para continuar su formación con los especialistas más reconocidos como Patricia Stokoe o Hugo Midón, y volvió a Córdoba a trabajar. "Los niños son mi vida desde siempre. En el barrio había como una guardería en mi casa, porque yo hablaba el mismo idioma que ellos. Todavía hoy me puedo divertir y estar horas y horas, me llenan de energía. Veo la vida a través de sus ojos", dice. No hay ni un atisbo de compromiso en sus palabras sino pura convicción. Mientras que para otros el estar con chicos durante más de 30 años puede parecerse a una sesión de tortura, para ella es "el escudo contra la mala onda. El alma se pone vieja cuando uno deja de tener como zanahorias para perseguir. Vivo con pura pasión, con la misma que tuve a los 16. Sin plata, con plata, en colectivo, con Sabrina (la hija mayor que tuvo con el periodista Sergio Zuliani) en la panza o de pocos meses, después con la llegada de Franco. Todavía hoy, cuando hablo, todos me dicen que se me transforma la cara, de alegría". Al regresar de Buenos Aires integró el grupo Acto, durante una década, un elenco que fue "como hermano" con Cirulaxia, con el que transitaron juntos los tiempos de Radio Nacional. El grupo nació con gente que integraba el seminario de teatro infantil, y que más adelante formó la escuela Roberto Arlt. "Con ellos seguí 10 años, hasta que los objetivos de cada uno fueron cambiando". Ya era madre de una niña de seis, y al nacer su segundo hijo decide hacer una pausa. "En ese entonces prioricé la maternidad. El teatro muchas veces te obliga a optar, y yo preferí darle mi tiempo a Franco", recuerda. De vuelta La vuelta definitiva ocurre hace poco más de una década, cuando un grupo de ex alumnos suyos de la escuela Roberto Arlt la convoca para dirigir nuevamente. Así nace el grupo Egos, con el que durante casi 10 años produjo muchísimas obras exitosas, siempre dentro del teatro para niños, y con el que llegó a tener varios títulos simultáneos en salas cordobesas o de gira por las escuelas. "Los objetivos de cada uno van cambiando, y hay veces en que se necesita que los puntos sean comunes a todos para seguir, y por eso me separé de Egos, que sigue trabajando mucho y muy bien", agrega. Después del nuevo giro en su vida, con los hijos más grandes y tras un año sabático, Marina volvió al ruedo en 2010 con Gabriel Coba y el grupo Muttis. "Enseguida empezamos a tirar propuestas y logramos un gran feeling para ponernos en marcha. Ahora tenemos un ramillete de obras de distintas estéticas y miradas, a las que se suma La Bella Durmiente Rock . La lista incluye Paquetito , El Principito y Hola Panza , que van desde el unipersonal, con dos, tres o cinco actores, como el estreno de esta tarde que ya tiene 11 funciones vendidas. Este año, además, Marina repuso la obra de teatro para bebés, un fenómeno que agotó todas las funciones y que dejó gente afuera. "Todavía me llaman y me dicen 'mi bebé no pudo verla'".Durante los 30 años en que transitó el teatro para niños, el mundo ha cambiado: hoy los chicos están frente a nuevos estímulos que llegan de la tevé, los videojuegos o la nueva tecnología. Sin embargo, Abulafia dice que el teatro trasciende todo eso. "Que algunas obras haya que aggiornarlas un poco no significa ni acelerar el ritmo, ni poner un cañón o darle imágenes. Los chicos hoy pueden ir a un recital de Calle 13, manejar el celular, jugar con la Playstation o tener página de Facebook, si los padres lo dejan, pero a la noche, en la intimidad de la casa, todavía piden que les lean un cuento. El chico tiene otros estímulos, pero sigue siendo niño. Y si perdió el asombro estamos hablando de que ya dejó de ser un niño", explica Marina, que agrega que si se le da "una propuesta en la que no le estás mintiendo, donde el actor canta de verdad, en vivo, tiene una dramaturgia, humor y al mismo tiempo una mirada seria, te compra siempre... como el cuento a la noche".Por eso, dice, los clásicos nunca pasan de moda. "Ahora, en La Bella Durmiente Rock los padres y los chicos querrán ver cómo contamos la historia que ya conocen. Y tratamos de fusionar algunas cosas: hay una enorme camada de niños que estudian batería, por ejemplo, y por eso decidimos incluirla en escena".Abulafia sí nota que se van perdiendo costumbres sociales: "Se dejó de jugar a las rondas, al elástico. Con suerte, seguimos cantando La farolera , Cucú y rondas viejas. Pero en mis talleres vuelvo a refrescar la importancia de la cultura oral de generación en generación. Mis alumnos de 20 casi ni las conocen. Sí recuerdan a Xuxa o La ola está de fiesta". La Bella Durmiente RockMaxi (Gabriel Coba), Felipe (Eric Venzon), Mudo (Leandro Espeche), Bella Durmiente (Valentina Calvimonte), Maléfica (Marina Abulafia). Música original: Lucio y Alexis Calvimonte, LA Creaciones Musicales. Coreografía: Rebeca Dunkler. Vestuario, diseño y realización: Betty Cave y Alejandro Babiackzuc. Diseño grafico: Natalia Bassoti y André  Esquivel. Producción ejecutiva, escenografía y realización: Muttis teatro. Asistencia de dirección: G. Coba. Dirección general: Marina Abulafia. Entradas desde $ 30.