La arquitectura del mal
La ópera "Otello" fue aplaudida por un Teatro del Libertador rebosante de público.
Con un gran marco de público y una puesta impactante, el viernes se estrenó en el Teatro del Libertador una nueva producción de Otello, el drama lírico de Giuseppe Verdi. La temporada de ópera del coliseo mayor de los cordobeses tuvo así un muy buen inicio, con uno de los títulos emblemáticos del teatro musical italiano del siglo XIX, una obra de complejidad conceptual y escénica que exigió al máximo la maquinaria productiva del Libertador. Por sobre un elenco parejo, que tuvo en el barítono Luis Gaeta a un protagonista extraordinario, la puesta de Marcelo Lombardero expuso un marcado sentido del espectáculo. Logró momentos impresionantes en las escenas masivas del primer acto, en las que el coro desempeñó un buen papel, tanto en lo vocal como en lo escénico, y el condimento coreográfico aportó movimiento; la grandiosidad sirvió además para marcar un expresivo contraste que resaltó las escenas de intimidad que sostienen un desarrollo dramático muy equilibrado. Las distintas posibilidades de lectura suelen ser prerrogativa de los clásicos y el Otello de Verdi es generoso en este sentido. La lectura de Lombardero dejó los aires renacentistas del dominio veneciano en el Mediterráneo para acercar la acción a los inicios del siglo XX e imprimir un clima de tensión castrense que sugería con fuerza angustiosa el final de una época, acaso la del colonialismo europeo, los años previos a la Primera Guerra Mundial. El ambiente se completaba vigorosamente en los vestuarios y el decó de las escenografías proyectadas, un recurso de gran eficacia visual y dramática, efecto de verosimilitud escénica que renueva el pluricentenario contrato entre el cartón pintado, la credibilidad del público y la ópera como forma de espectáculo. En este clima de mal instalado, en el que el amor resulta un expediente ingenuo ante las presiones de las jerarquías y tentaciones del poder, Yago, el ofendido lugarteniente de Otello, es el personaje central, el arquitecto del mal. Gaeta compuso un Yago profundo y creíble, acertado en el physique du rol, impecable en lo vocal, solvente en lo actoral. Los otros dos protagónicos resultaron discretos: el italiano Gianluca Zampieri, más dramático que tenor, no logró definir del todo los contornos vocales de Otello y la soprano Mariela Schemper cumplió con Desdémona, una parte particularmente exigente, obra de un compositor sabio y de vuelta de muchas cosas. Hadrián Ávila Arzuza acompañó con sumo cuidado y la orquesta jugó su papel en el dramático final, cuando el odio, la traición y el amor maduraron la muerte de los más sensibles y la vida de Yago.El aplauso prolongado del público –entre el que se encontraba el periodista Víctor Hugo Morales– premió la labor de los artistas.OtelloDrama líricoCalificación: muy bueno.Ópera de Giuseppe Verdi sobre la obra de William Shakespeare. Con: Gianluca Zampieri (Otello), Mariela Schemper (Desdémona), Luis Gaeta (Yago), Rubén Martínez (Cassio). Dirección Musical: Hadrián Ávila Arzuza. Dirección escénica: Marcelo Lombardero. Diseño de escenografía: Diego Siliano. Vestuario: Luciana Gutman. Iluminación: Leandro Pérez. Coreografías: Marcelo Mangini. Viernes a las 21.30 en el Teatro del Libertador. Repite hoy a las 20.30, martes y jueves a las 21.30.

