Amantes de verano
Aeropuerto vuelve de sus vacaciones con historias reales de pequeñas infidelidades
[sala de embarque]
Después de unos días de vacaciones, Aeropuerto retoma sus vuelos. Tal vez recuerden que unos días antes de irme a descansar, alguien rompió la ventana del baño de mi casa, entró y se llevó algunas cosas que no le pertenecían. Entre ellas, mi computadora. Me pasé la mitad de las vacaciones recordando la información que perdí, y comentando el suceso con la resignación de quien asume una fatalidad que al fin y al cabo no es ni siquiera tan dramática. El relato de los sucesos policiales convocó a otros relatos, otras historias que me contaron y que me parece que hay que contarlas aquí, porque sí, porque simplemente ocurrieron y está bueno jugar a que así, escribiéndolas, se salvan de algo. A esta historia me la contó Agustín, le cambié los nombres para evitar problemas con sus protagonistas reales. Pero la historia ocurrió. O, lo que es lo mismo, Agustín la cuenta como si hubiera ocurrido.
La idea daba vueltas en la cabeza de Sandra con la misma densa insistencia con la que el sol levanta la temperatura en los días de verano. Quería tener un amante. Quería saber cómo sería el cuerpo de otro hombre, la saliva de otro hombre. Se había casado con Iván a los 21, y el mismo Iván había sido su primer y único novio. Lo quería, por supuesto, y no pensaba en cambiar de pareja. Sólo quería un amante, una aventura como las que sus amigas le contaban que tenían. Recurrió al Facebook, escribió y le contestaron. Un amigo de una amiga. Sintió algunos nervios, se paralizó antes de la primera cita, pero asistió y se dejó llevar. Los encuentros se sucedieron, pero pasó lo que no tenía que pasar: el amante se le enamoró. A ella también le empezaron a pasar cosas. No podía decir que fuera amor, pero ya había dejado de ser la mera intensidad de lo prohibido. Iván no sospechaba, pero de repente hubo cambios. Sandra se tomó unos días para pensar, se fue a la casa de una tía que le prestó habitación y garaje, y pidió consejos a las amigas. Iván no entendió nada, pero se refugió en su trabajo. Confió en que Sandra volvería, o no encontró un modo adecuado de preocuparse. Simplemente se concentró en la compra y venta de computadoras. Su negocio no era del todo legal: a veces compraba computadoras robadas y las revendía en la Galería Norte. Tenía conocidos, ex compañeros del colegio que conocían a otros chicos que de vez en cuando tenían buenas máquinas. Durante la tercera semana sin Sandra, les encargó una Sony Vaio porque tenía un cliente seguro. Al amante de Sandra esa separación lo llenó de entusiasmo. Escribió decenas de cartas, y durante los fugaces encuentros sacó fotos, posó sonriendo, abrazando a Sandra, se permitió jugar un poco a que eran una pareja. Cuando recibía un email de Sandra, lo guardaba en una carpeta con todo ese material, una especie de trabajo de arqueología del presente que incluía todo tipo de muestras, evidencias de que contra todo pronóstico él quería a Sandra y Sandra lo quería a él. Pero Sandra pronto dejó de verlo a él también. Se recluyó en la casa de la tía, desapareció. Arriba de un colectivo de la Tamse, dos chicos le arrebataron la mochila al amante y le robaron su computadora. Fue una semana fatal: sin Sandra y sin su Sony Vaio, se quería morir. Sandra decidió volver con Iván. Puso orden, acomodó sus pensamientos a la conveniencia de un amor conocido, tranquilo, estable. Abrazó a su marido y le pidió disculpas. Iván le preguntó si había otra persona y ella dijo sólo una parte de la verdad, que estaba confundida, pero que no había pasado nada. Nada importante.Unos días después Iván compró una Sony Vaio robada. Se sentó a formatear el disco para dejarla cero kilómetro, lista para venderla, pero se sorprendió al ver una foto de su esposa como fondo de escritorio de la computadora. Vio también una carpeta que tenía el nombre de su esposa. Agustín me contó que Iván, cada vez que habla de eso, dice que nunca, nunca debió haber hecho doble click en esa carpeta.
[vuelos de hoy]
1. [aclaración] Reintegrado a la vida laboral, esta semana voy a usar las ilustraciones que no pude usar el año pasado. La semana que viene retomamos la mecánica de un ilustrador por semana: podés participar enviándome seis imágenes en baja resolución a [email protected] de hoy es una imagen que me quedó sin usar de cuando Aeropuerto fue ilustrado por Carmen Cachín.
2. [contame algo] La invitación también está abierta para quienes quieran contar acá (cambiando los nombres, claro) sus historias de infidelidades. Hasta el viernes hay tiempo.
3. Ahora, a los vuelos propiamente dichos.
4. [poesía] Alguien debe postergar su sueño
Hasta mañana, gracias por volar en este Aeropuerto.

