La mujer del vino
Elisabeth Checa, periodista especializada, pasó por Córdoba para recorrer diversas bodegas locales. Diálogo con una pionera en el mundo de la enogastronomía.
Elisabeth Checa, periodista especialista en vinos del canal El Gourmet.com, estuvo en Córdoba la semana pasada, recorriendo nuestras bodegas. Visitó instalaciones en Colonia Caroya, Calamuchita y Traslasierra. "Fue un viaje programado desde hace tiempo", dice contenta luego del trip.
La visita se concretó para la edición 2013 de su guía Los buenos vinos argentinos, que escribe desde hace seis años. Será la primera vez que incluya y recomiende algunas etiquetas locales.Y por supuesto que hizo notas para sus diversos programas en radio y T.V.
-¿Qué te trajo a Córdoba y qué referencia tenías de sus vinos?-Hacía mucho tiempo que no venía, recuerdo un trip gourmet para la revista Cuisine & Vins en los ´80, pero no volví desde entonces. Christian Quinteros, un querido colega, me embaló y aquí estoy. En aquél viaje, la única experiencia enológica que tuvimos fue una visita a La Caroyense. Y ahora, que se está empezando a hablar de los vinos cordobeses, me encanta volver y darme cuenta de que están apareciendo nuevas regiones para el vino en la Argentina.
-¿Recordás alguno en especial?-Recuerdo en la lejana juventud, las damajuanas de La Caroyense, vinos poco complicados, fáciles. Bien populares. Para la última guía Los buenos vinos argentinos catamos algunos vinos cordobeses de nuevo estilo y nos gustaron tanto a Paz Levinson como a mí los de Estancia Las Cañitas, de Calamuchita. También incluimos en esa guía un espumante de La Caroyense, el Piu Nature.
-¿Creés que es posible que Córdoba se convierta en una nueva provincia productora de vinos?-Seguramente, deberían encontrar su identidad, cuáles son las variedades que mejor pueden funcionar en cada región cordobesa. Tener intercambio con otras zonas productoras, encontrar un camino propio.
-¿Cuál es tu relación con Córdoba? Tenés recuerdos de algunos sabores en particular de nuestra gastronomía regional?-Me acuerdo que en Jesús María descubrí la parrilla El Faro, de los hermanos Garrido. Me deslumbraron sus carnes y achuras grilladas, servidas con parsimonia, en porciones chicas, de a poco y en su punto justo. La verdad es que fueron los vanguardistas. Después copiaron ese estilo en Buenos Aires. Ah, y de la infancia me acuerdo de ¡los alfajores de La Cumbre!
-Contanos cómo fueron tus inicios en el mundo gourmet. Imagino que era un lugar a donde los hombres eran mayoría...-Me inicié con Dereck Foster en una revista que se llamaba Saber Beber y Saber Comer, un nombre absolutamente pretencioso. Una revista casi artesanal, pero era la única en los ´80, allí hacía críticas de bares y era Secretaria de Redacción. Después me llamó Miguel Brascó para trabajar en Cuisine & Vins. Al mismo tiempo colaboraba en La Nación- con seudónimo masculino, Manuel Lasalle- y en un suplemento llamado Homini del diario Ámbito Financiero. En esos años se suponía que el vino no era cosa de minas.
El bocado perfecto
-¿Cuál fue el bocado que te hizo dar cuenta de que en la gastronomía había un mundo para descubrir y mucho por contar?-Baguette con manteca salada comido en la calle en París en mis años de estudiante. Los mercados en las calles parisinas, los quesos. Después vendrían otros viajes: Finlandia, La India Argelia, Lima, todos lugares donde viví. Descubrí un universo cultural infinito. Voy todos los años a España, que, pese a la crisis se mantiene una gastronomía buenísima, donde entra lo experimental pero también la cocina clásica con las características de cada región. En España como y bebo cada vez mejor. Allí descubrí hace un par de año Mugaritz de Andoni Luis Aduriz, en el país vasco. Un genio.
-¿A dónde te sentís más cómoda: en radio, televisión o en medios gráficos? ¿Cuál es el mejor lugar para hablar de gastronomía?-Me gusta escribir, pero creo que la gente lee cada vez menos. La radio me divierte, invitar gente, elegir la música, contar lo que pasa. Hay una espontaneidad. La T.V. es más exigente. Sigo creyendo en el papel impreso como el mejor lugar para hablar de gastronomía y de vinos.
-¿Cómo están los vinos argentinos en relación a los mejores vinos europeos o americanos?-Cada vez mejor, hubo grandes progresos pero a veces encuentro a muchos vinos, tintos especialmente, demasiado parecidos, vinos fotocopia como los llama Brascó. Por eso es interesante que aparezcan otras regiones con otras características
-¿Cuáles son tus vinos favoritos?-Eso varía según las circunstancias. Siempre digo que el vino es existencial y no esencial. Depende de la compañía, los platos, el estado del alma y del bolsillo. Entre las variedades me gusta cada vez más el Pinot Noir. Y me sigue gustando el Merlot que descubrí con Raúl de la Mota. Había pocos Merlot, ahora hay más opciones. Aparecen cada vez más merloteros, es una que esta levantando. Varúa, un Merlot de Finca La Anita es uno de mis preferidos.
-Con una carrera tan importante a cuestas, ¿te quedan objetivos profesionales por cumplir?-Sí. Me gustaría escribir libros. Una recopilación de mis notas: viajes por el mundo, artículos sobre vinos y productos y restaurantes, desde un chiringuito en una playa peruana hasta los grandes restaurantes de Alain Ducasse en París y en Montecarlo. Esas notas las escribí con entusiasmo, debo seleccionarlas y editarlas. También tengo en la cabeza una novela algo autobiográfica, ¡pero eso es otra historia!

