Muñeca plena
Oído atento para “Glad rag doll”, de Diana Krall.
La cantante y pianista canadiense Diana Krall ha decidido salirse de sus zonas cómodas para encarar este Glad rag doll, que consiste en una exploración por la decisiva (para ella, sobre todo) discoteca de su padre. Más precisamente, por las creaciones de los años 20 y 30 del siglo pasado que se conocen como prehistóricas del jazz. En la previa, Krall contó que se ha empapado "de aquellos discos que giraban a 78 revoluciones por minuto y que tienen un sonido tan imperfecto como entrañable". Para esta movida fuera de su habitual aproximación a los standards, se alió con el hábil productor T Bone Burnett (ya había trabajado con su esposo Elvis Costello) y el guitarrista Marc Ribot, quien en varios temas se erige como el disparador melódico del respaldo instrumental para que la canadiense sólo se limite a entonar en un registro menos sedoso y más ajado. Tal elcaso de Let it rain, Glad rag doll y Prairie lullaby. Sin tanto predominio pianístico (por otra parte, aquí Krall ejecuta el "vertical" y no el "de cola"), el disco transcurre entre blues brumoso (Lonely avenue) y momentos jubilosos (You know I know..., I\'m little mixe up), siempre dejando una sensación estimulante, de incontenible plenitud interpretativa que merece ser compartida.

