De locura, de amor y de muerte
El sábado estrenó “Lucia de Lammermoor”, la ópera de Donizetti con gran despliegue de producción y voces extraordinarias. Diego Dozo debutó en un escenario.
Junto a la fuente, en los jardines del castillo de Ravenswood, empieza la historia. Un poco antes incluso, con los primeros acordes del preludio, aún con el telón bajo y la música alta dando pie a una de las grandes tragedias románticas de la lírica, la música es el aperitivo para marcar el tono de la obra: se sabe, cerrando los ojos y dejándose llevar por las melodías intensas de la apertura, que todo va a terminar mal.
Pero es en las voces de los protagonistas donde Lucia de Lammermoor encuentra su máxima expresividad, entre los desgarradores contrapuntos de Lucia (brillante Paula Almerares) con los instrumentos, los lamentos enamorados de Edgardo (Juan Carlos Valls), dispuesto a encontrarse en el cielo con su amada; el interesado Enrico Ashton (Douglas Hahn), decidido a entregar el corazón de su hermana por interés y sellando su trágico desenlace, o el capellán Raimondo Bidebent (Lucas Debevec Mayer), quien empuja a Lucia a tomar la peor decisión de su vida.
La primera ópera de la temporada del Teatro del Libertador mostró el sábado una puesta contundente, con una exquisita escenografía e iluminación que nunca se salieron del registro dramático: los derruidos castillos, las oscuras noches de tormenta; la fuente; los jardines; el cementerio. En Lucia de Lammermoor no fallaron ni los mínimos detalles, con un gran trabajo de diseño de vestuarios y trajes de época que se lucieron especialmente en la gala de la funesta boda, frente a los habitantes de Lammermoor. La producción de la obra es admirable.
La puesta tiene momentos de gran intensidad dramática. La escena de la locura, una invitación a las sopranos para lucir su técnica, encontró en Paula Almerares también a una gran actriz detrás de esa bellísima voz. Almerares jamás sobreactúa, tiene color y matices, luce su registro sorprendente pero sobre todo pone al servicio de Lucia el cuerpo, la mirada, las manos.
El sexteto del segundo acto, una maravillosa pieza vocal de conjunto creada por Donizetti, también tuvo una gran interpretación en el Libertador, donde las principales voces relatan las pasiones y dolores de sus personajes, encaminados todos al desenlace trágico. La voz de Almerares, otra vez, hace la diferencia, aunque en ese juego de encastres perfectos también Valls encuentra momentos para lucir su expresividad por encima de los demás.
Es en la escena final, con Edgardo entregado a la muerte, decidido a morir para reencontrarse en el cielo con Lucia, donde Valls se gana sus merecidos aplausos. Allí, el tenor consigue transmitir más allá de la melodía y la poesía dramática del texto y se deja llevar por el personaje.
La profundidad de los diálogos de Lucia con Edgardo, su hermano Enrico o el Capellán del castillo de Lammermoor, llevan la trama de este melodrama lírico que recorre engaños, mentiras, promesas de amor eterno, malos presagios, matrimonios por interés, asesinatos y suicidios. La puesta en escena en general colabora al lucimiento de cada uno de los tres actos.
De la calle al LibertadorDiego Dozo es una figura reconocible de las calles de Córdoba. Él es el artista que le puso el cuerpo al Quijote, al general San Martín, y especialmente al inolvidable Jerónimo Luis de Cabrera que recorre con armadura propia las calles cordobesas cuando la ocasión lo amerite. La última de sus criaturas aparece en Lucia de Lammermoor, la ópera que significó, para Dozo, su debut en un escenario. En un gran escenario. El más grande de Córdoba.
Su larga figura y su fina estampa de caballero le dieron a Dozo el lugar para interpretar a Caleb Balderstone, escudero y tutor de Edgardo de Ravenswood. Es quien lo acompaña en su soledad, cuando las sombras de la muerte y del desamor golpean la puerta del castillo; quien está a su lado al momento de la muerte, y quien no puede evitar el suicidio de su señor.
Antes de salir a escena, puros nervios. En escena, Dozo se mueve con soltura, sigue el texto dramático de la obra y no pierde pisada al argumento. Quedan tres funciones para ver Lucia de Lammermoor, tres funciones más que, para él, serán inolvidables.
Lucía de Lammermoor. Drama trágico en tres actos de Gaetano Donizetti. Libreto: Salvatore Cammarano. Martes 26, jueves 28 y sábado 30 a las 21.30. Teatro del Libertador. Localidades en venta en las boleterías del teatro, de martes a sábado de 9 a 14 y de 15 a 20. Precios: platea $ 120, cazuela $ 80, tertulia $ 50 y paraíso $ 30.

